Hago caso al PRI y me pongo a aplaudir a "los mexicanos que trabajan para disfrutar de lo que más quieren". Comienzo por aquellos que, a pesar de su esfuerzo, saben que nunca recuperarán lo más preciado: la vida de sus seres queridos. Aplausos para Isabel Miranda de Wallace, Javier Sicilia, Alejandro Martí, Benjamín LeBarón y todos los miles de mexicanos que no dejan de sufrir la partida anticipada de sus seres queridos, víctimas de la irracional violencia que priva en el país y que el gobierno, el actual y los anteriores, han sido incapaces de controlar.
Envío también mi aplauso a Fundem y a los miembros de todas las organizaciones de la sociedad civil dedicadas a la búsqueda de los más de 20 mil desaparecidos en el país en los últimos años, que no claudican pese a las trabas de una monstruosa burocracia que, indolente, le pide permiso a un pie para mover el otro, mientras las posibilidades de encontrar con vida a las víctimas de desaparición forzada se diluyen.
Cómo no aplaudir a los padres de la Guardería ABC; a los familiares de Pasta de Conchos y a todos aquellos que han sufrido la pérdida de un ser querido como producto de la criminal apatía de autoridades que, pese a sus jugosos ingresos, no cumplen con su deber de inspeccionar la seguridad de un establecimiento o, peor aún, se dejan sobornar para hacerse de la vista gorda, dejando pasar por alto condiciones de clara amenaza para la integridad de los ciudadanos.
Las palmas se las llevan también los mexicanos que luchan contra la corrupción, la falta de transparencia y de rendición de cuentas que han empobrecido de múltiples formas al país. Aplausos a la Red por la Rendición de Cuentas, a Fundar, a México Infórmate, a México Evalúa, a SocialTIC, Transparencia Mexicana, Borde Político y tantas organizaciones - todavía no las suficientes, por cierto - que intentan frenar a esa bestia de siete cabezas que, desde los poderes formales de la unión, asalta impunemente las arcas del país a costa de la educación, la salud, la justicia y el bienestar general de los habitantes de esta nación.
Mi aplauso también para los periodistas rigurosos, esos que no se dejan sobornar ni amedrentar por los poderes fácticos o por las autoridades. También para aquellas organizaciones que defienden el derecho a la información y la integridad de los comunicadores: Artículo 19, Freedom House, Periodistas de a Pie y otras que, cada vez que un profesional de las noticias recibe un ataque - y en el país abundan - salen a dar la cara arriesgando su propio bienestar para que la ciudadanía no deje de estar informada.
Claro que hay que aplaudir a las escuelas y universidades, cada vez menos, que no se dejan seducir por la ambición de hacer de la enseñanza un vulgar negocio; a los empresarios honestos, que los hay, que no le entran al cohecho y que resisten el brutal terrorismo fiscal al que los tiene sometidos la autoridad hacendaria, que ante la caída de los precios del petróleo, está urgida de sacar los recursos que le permitan sostener el voraz apetito de quienes viven de los recursos públicos; a cada uno de los trabajadores que no escatiman sus esfuerzos para cumplir sus responsabilidades cotidianas y que no caen en la lógica perversa del "hacen como que me pagan, hago como que trabajo".
Le hago caso al PRI y aplaudo, y conforme avanzo en la lista, voy descubriendo que a ésta no pertenece priista de renombre alguno, como tampoco los miembros de ningún otro partido político mexicano. No quiero caer en el maniqueísmo de suponer que todos los políticos son malos. Debe quedar alguno realmente comprometido por ahí, en algún lugar, seguramente relegado por sus propios compañeros que lo considerarán "idealista" y hasta "pen…". A ese político de profesión que actúa diferente, anónimo para mí, también le aplaudo. Para todos los demás va mi más profundo desprecio, que entiendo, es el sentir de muchos otros ciudadanos.