El presidente del Comité Paralímpico Internacional, Philip Craven (i), en la playa de Copacabana, durante la presentación de la escultura de los Juegos Paralímpicos de Río. (EFE)
A menos de dos semanas después de la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Río 2016, Brasil aguarda con una cierta indiferencia el comienzo de los Paralímpicos que pondrán punto y final a tres años de grandes celebraciones deportivas.
Muchas cosas han cambiado desde que el gigante suramericano albergó la Copa Confederaciones de Futbol (2013) y el Mundial (2014); y los brasileños, después de tres años de eventos deportivos, decepciones económicas y desencuentros políticos, parecen haber dejado de lado su ilusión ante la celebración de los Juegos Paralímpicos, que comenzarán el próximo día 7.
El principal cambio se produjo esta semana cuando el Senado destituyó a la presidenta Dilma Rousseff y dio carpetazo a trece años de gobierno del Partido de los Trabajadores.
Aún con la resaca de los Juegos, el pasado miércoles Michel Temer asumió de manera definitiva la jefatura de Estado y apenas unos miles de brasileños salieron a las calles para protestar.
Temer, blanco de un sonoro abucheo durante la ceremonia inaugural de los Juegos, en Maracaná, mantuvo distancia de la cita olímpica y desistió de acudir a la clausura.
A diferencia de lo que ocurrió en vísperas del Mundial 2014 y de los Juegos Olímpicos, al día de hoy nadie parece temer que las protestas sociales puedan suponer un trastorno para el desarrollo de la XV edición de los Paralímpicos.
Pero tampoco las calles hierven con la ilusión que cabía esperar por un evento que traerá a la ciudad 4.350 paratletas de 176 países, lo que convierte a esta cita en la más universal de la historia de los Juegos Paralímpicos.
Hasta la fecha, según el comité organizador, se han vendido 1,4 millones de entradas, lo que significa que aún están disponibles más de un millón y medio de boletos, sin contar los 33.000 que se destinarán a estudiantes de la ciudad.
La Asociación Brasileña de la Industria Hotelera (ABIH) estima que la ocupación media en los hoteles cariocas, entre el 7 y el 18 de septiembre, alcanzará el 49,30 %, casi la mitad que durante los Olímpicos, cuando llegó a un 94 por ciento.
Las escasas perspectivas de negocio se suman a la crisis que sacude al país y, especialmente, al estado de Río de Janeiro, que tuvo que recibir fondos federales en vísperas de los Juegos Olímpicos y que ha tenido también serios problemas para sacar adelante la edición de septiembre.
La fiesta previa de los Juegos Paralímpicos Río 2016 continuó con el recorrido de la antorcha en la localidad de Natal.
Antorcha recorre Natal
Con bandas de guerra escolares comenzó el acto, donde la profesora Débora Seabra fue la encargada de ser la primera portadora y encargada de prenderle fuego a la antorcha, en el Palacio de Deportes Djalma Maranhao.
Los portadores de la llama paralímpica en la denominada Ciudad del Sol, son personas con discapacidad, quienes son resguardadas para evitar inconvenientes.
El fuego paralímpico recorrerá seis ciudades en Brasil, 250 kilómetros de recorrido y 700 personas serán las encargadas de tener el privilegio de portar la antorcha.