Epitacio Rea Flores al centro, en una toma de la época.
Después del levantamiento armado el 20 de noviembre de 1910, la vida en Lerdo continuó su curso ordinario y en las noticias no daban a conocer de lo que pasaba en toda la República. Lo cierto era que si continuaban ocurriendo levantamientos, pero se informaba todo a favor del gobierno. Por lo que se creyó que todo había sido una tempestad en un vaso de agua y volvió a renacer la paz, el imperio de la Ley y el orden. Así se llegó al día primero de diciembre de ese año, en que don Porfirio Díaz, debería reasumir nuevamente el poder. Motivo por el cual se realizó una grandiosa ceremonia en la Ciudad de México, dándole publicidad en las páginas de la prensa con grabados alusivos al acto de protesta por la toma del poder.
En las ciudades de la Laguna fueron de menor escala estos actos, pero sin dejar de celebrarse el acontecimiento: En Lerdo hubo un desfile encabezado por el H. Ayuntamiento y empleados, el alumnado de las Escuelas Oficiales y público expectante. Por la noche, en el recinto del Teatro "Ávila", que se encontraba situado en el cuarto de manzana de Hidalgo y Coronado, tuvo lugar una suntuosa velada precedida por Ismael Zúñiga, jefe político del Partido de Mapimí y Coronel del Ejército en disponibilidad; hubo discursos alusivos al fracasado movimiento subversivo, se habló de la paz y del progreso llevada a cabo por el héroe tuxtepecano a quien se colmó de alabanzas y se cantó el Himno Nacional.
Apenas se iniciaba el año de 1911 y el incendio rebelde de los maderistas se desató en los más alejados ámbitos del país; la prensa anotaba de los descalabros que sufría en todas partes el "invicto" Ejército Federal; ya no era un secreto para nadie que las principales plazas de la República iban cayendo lenta, pero segura en poder de los rebeldes maderistas, cuanta población era sitiada era plaza tomada. Aquí en La Laguna en los primeros días del mes de abril de ese año se rumoraba con insistencia y ya sin misterios, que muy pronto Lerdo, Gómez Palacio y demás pueblos circunvecinos de Torreón, caerían en poder de los rebeldes revolucionarios para preparar el magno asalto a las fuerzas del General Lojero, que se encontraba con su destacamento en Torreón.
Ya en la víspera de la entrada de las fuerzas "rebeldes" a Lerdo, fue muy notable el movimiento montado de la tropa federal, rurales, gendarmes y empleados del gobierno, a gran prisa adquirían forrajes para la caballada, comestibles para la tropa y lo más notable, el cambio de los "causados" a la Cárcel de Torreón. Para estas fechas en el municipio de Lerdo la guerrilla estaba medio equipada, fue así que con más de quince días de antelación se empezaron a congregarse en los alrededores de la estratégica ciudad de Torreón, numerosos grupos de revolucionarios Maderistas.
Fue el 26 de abril a las 6 de la mañana que las primeras tropas maderistas al mando directo de Juan Ramírez, los revolucionarios entraron al centro Urbano de Ciudad Lerdo por el lado poniente donde se encuentra el cementerio municipal, no tuvieron ningún combate y los pocos gendarmes que cuidaban la prisión se entregaron de inmediato, fue así como se tomó la Ciudad Lerdo en forma pacíficamente y ocupado por un grueso núcleo de improvisados soldados, que comandaba Juan Ramírez y Epitacio Rea, en cuyas filas y de una manera secundaria, figuraba Pablo Lavín que pertenecía a una familia de latifundistas.
Aquella mañana cálida del mes de abril los vecinos de Lerdo se despertaron con la novedad; de que estaban en poder de los "maderistas"; no se había disparado un solo tiro, pues las autoridades y escasa tropa, habían dejado la plaza completamente libre y la gente salió a la calle deseosos de conocer aquella gente, la mayor parte de la tropa revolucionaria eran jóvenes con ignorancia propia de la época. En pocos minutos se llenó la plaza de gente del pueblo que pasaron a saludar a Juan Ramírez, entre ellos estaba Catarino Navarro, Herculano Sarabia, el Lic. Sida, Victorino Sarabia, los licenciados Martínez, Álvarez, Sariñana, directores de escuelas, Herrera y Castrillón, los comerciantes José González Braña, Alberto Ávila, tanto profesionistas como hombres de dinero y comerciantes, rodearon a los cabecillas.
Juan Ramírez y Rea se comprometieron a que toda la gente iban a guardar el orden, en vista de que sus fuerzas la mayoría era de Lerdo, quienes estaban bien entendidos sin excepción el primero que alterara el orden y tratara de robar sería pasado por las armas sin formación de causa. Era claro que esa gente no infundía ningún temor; eran hombres genuinos, ignorantes, temerosos de Dios y del gobierno que trataban de derribar; pero eso duró poco tiempo pues en el transcurso de unos días hubo una decepción muy grande, siendo el causante de esto el cabecilla Pablo Lavín quien propaló entre sociedad de Lerdo que estuvieran prevenidos porque los iban a saquear.
Entonces fue que los maderistas engañados por Lavín empezaron a presionar a la gente para que les entregaran caballos; y se dirigieron al corralón en la que la Comisión del Nazas, ubicada a inmediaciones de la Plaza Juárez, tenían diez o doce caballos y se apoderaron de ellos, al grito de ¡Viva Madero! En forma forzosa otros vecinos les entregaron carretones de pastura, además contribuciones de dinero. A la Plaza principal la convirtieron en campamento en donde ardían las hogueras, caballos sueltos y desensillados; grupos de hombres tirados sobre las cobijas jugaban baraja o entonaban cancioncillas.
El seudo maderista Pablo Lavín dirigió los saqueos a las oficinas de la Jefatura Política y al Salón del Palacio Municipal, donde desde el segundo piso eran arrojados a la calle grandes trozos de cortina, fracciones de los elegantes candiles, mesas, sillas, todo el menaje de la cantina. Al motín se agregaron las mujeres, hombres y muchachos del pueblo; tomaron una elegante mesa y demás muebles de salón de Cabildos del Ayuntamiento y cuando ya no hubo que saquear, se prendió fuego a toda clase de papeles de los Juzgados, Jefatura Política, Registro de la Propiedad y Civil, hasta una caja fuerte de la tesorería apareció en la calle frente a Palacio. Después pasaron a las oficinas policiacas, en la alcaldía y en la cárcel, sufrieron una mayor avidez de destrucción, se decía que el pueblo tomaba venganza en los objetos, en las puertas, en todo lo que encontraba a su paso.
En los siguientes días del 27 y 28 de abril, se había consumado la traición de Pablo Lavín, quien se acompañó con tres de sus mozos a la entrada a Lerdo, y citó con engaños a la gente a Villa Juárez (Avilés), al rancho de Cerro Blanco. A Juan Ramírez, Epitacio Rea y Jesús Flores los abandonaron en Lerdo, nada más con los asistentes; luego Lavín telegrafió a Torreón informándole al General Ojero que mandara tropas para sorprender a los maderistas, pues éstos se encontraban solos.
Juan Ramírez, Rea y Jesús Flores se dieron cuenta de lo que había pasado, y apenas tuvieron tiempo de ensillar sus caballos cuando les avisaron que la federación iba llegando al Parque Victoria, y en el momento salieron al encuentro trabándose un combate contra la fuerza federal teniéndolos a raya por poco tiempo, para después hacer su retirada con su gente hacia el poblado el Rayo. Mientras Pablo Lavín con sus mozos y cinco más que lo siguieron, salieron con rumbo a Pedriceña que dizque a tomar Durango, pero la verdad de todo era que Pablo Lavín estaba de acuerdo con los federales para traicionarlos y matarlos.