Fenómeno. El violinista libanés Ara Malikian, durante una de las presentaciones en las que logra interpretar un repertorio de música clásica como si se tratara de conciertos masivos de rock. (CORTESÍA)
Extravagante e inimitable, Ara Malikian, uno de los violinistas más brillantes de la actualidad, considera que ha escapado con audacia del "mundo estirado y cuadrado de la música clásica" para hacer las cosas a su manera.
"Poco a poco he podido encontrar mi personalidad, mi propia voz y lo que quería hacer", asegura en una entrevista en Bogotá donde participa en el Festival Iberoamericano de Teatro (FITB).
Este violinista de origen armenio afincado en España desde hace más de 15 años lleva, sin delicadeza, al público en un recorrido por la música clásica, contemporánea y por emblemas del rock que podrían inducirlo a destrozar violines Stradivarius al mejor estilo de Kurt Cobain, Jimmy Hendrix o Paul Stanley.
"La energía la saco porque estoy enamorado de mi trabajo, enamorado de la música y creo que el escenario es un lugar sagrado donde justamente estoy para entregarme de cuerpo y alma al público.
Cuando tienes esto como concepto estás obligado a entregarte", explica el artista naturalizado español. Malikian es una especie de estrella de rock de la música clásica.
Sentarse frente a su escenario es correr el riesgo de ser arrastrado al mundo orgánico que propone con su mezcla de música y humor con la que cuenta las anécdotas de su itinerante existencia.
UN REVOLUCIONARIO
A sus 48 años asimila los cambios de su vida con la misma gracia que produce su interpretación de "La Primavera" de Vivaldi. Ágil y con soltura ha sabido transformar las tragedias en inspiración.
Una buena alternativa mientras pasaba horas, de niño, en los refugios antiaéreos durante la Guerra Civil del Líbano que no eran "así de dramáticos" como parecen.
"Dentro de esta tragedia que vivíamos la vida sigue. Teníamos que divertirnos, entonces yo tocaba para todo el mundo ahí. No era que estudiaba o me encerraba, al contrario, hacía más fiestas dentro de la tragedia", afirma.
Lo mismo hizo cuando partió a los 15 años para Alemania sin saber el idioma. Allí fue el alumno más joven admitido en la Universidad de la Música y el Teatro en Hannover en donde recibió clases de maestros como Franco Gulli y Ruggiero Ricci. "Quizá a raíz de este aprendizaje tan duro hoy en día he aprendido a estar a gusto en cualquier lugar del mundo. Desde entonces no he parado de viajar y me puedo adaptar en cualquier parte", señaló.
Desde entonces se convirtió en un violinista nómada. Tuvo la oportunidad de tocar como solista con la Orquesta Sinfónica de Tokio, la de Bamberg (Alemania) y la de Madrid. También con la Sinfónica de Belgrado y la Orquesta de Cámara de Toulouse (Francia), entre otras.
Para cada función se vestía con la pulcritud exigida hasta que un día descubrió que lo suyo era la irreverencia "rockanrolera" por lo que decidió huir y enfundarse pantalones de cuero y chalecos que le permiten lucir sus tatuajes mientras toca el violín.
CONTRA TODO
Ni siquiera los días en los refugios antibombas le causaron tanto pánico como permanecer con su talento encubierto porque "en un concierto de música clásica a veces se olvidan del público".
"Cuando estoy en el escenario mi primer objetivo es emocionar, llegar al corazón del público y emocionar. Por algo nos divertimos los dos", dijo el violinista.
Malikian resurgió para seguir explorando su mundo y recrear con su violín un repertorio tan extenso como exquisito que recopila en más de 20 trabajos discográficos. Uno de ellos, "15", nominado al Latin Grammy como mejor video musical versión larga.
Bach, Schumann, Paganini, Vivaldi se fusionan con los aires flamencos de Paco de Lucía, Pablo Sarasate, José Luis Montón y el tango de Astor Piazzola.
Malikian acelera el pulso con las fusiones del violín con el sonido de la darbuka árabe, corta la respiración con un "1915" tributo a las víctimas del genocidio armenio, enamora con "El Vals de Kairo" dedicado a su hijo.
Alterna con la explosión de sonido de Led Zeppelin, Radio Head y la "Misirlou" de "Pulp Fiction" hasta llegar a Goran Bregovic, reconocido por ser el autor de bandas sonoras de varias películas de Emir Kusturica.
"Sus películas son maravillosas y la música que utiliza en ellas es muy importante. Por supuesto yo toco mucho música de los Balcanes (...) Ojalá haya suerte y algún día pueda trabajar con él", asegura Malikian que ha compuesto bandas sonoras para Pedro Almodóvar y Emilio Aragón, entre otros.
Considerado uno de los mejores violinistas en la actualidad, Malikian habla con cautela de hacer colaboraciones porque asegura que "cada uno tiene su camino y si algún día se cruzan es maravilloso".
Un sobreviviente
Ara Malikian nació en 1968 en el seno de una familia armenia. Se inició en el violín a muy corta edad de la mano de su padre. Su talento fue reconocido tempranamente a pesar de las difíciles circunstancias que la guerra civil libanesa le obligaron a vivir, forzándole incluso a estudiar durante largos períodos en los refugios antiaéreos.
Dio su primer concierto importante con 12 años y a los 14 el director de orquesta Hans Herbert-Jöris le escuchó y consiguió para él una beca del gobierno alemán para cursar estudios en la Hochschule für Musik und Theater Hannover. Con 15 años fue el alumno más joven admitido en este prestigioso centro superior de estudios musicales. Posteriormente amplió sus estudios en la Guildhall School of Music & Drama de Londres, además de recibir lecciones de algunos de los más prestigiosos profesores del mundo como Franco Gulli, Ruggiero Ricci, Ivry Gitlis, Herman Krebbers o miembros del Alban Berg Quartet.