Triste, mas no abatida, y víctima de una "injusticia" y un "golpe de Estado" es como se siente la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, luego de la decisión de la Cámara de Diputados de aprobar un juicio político que queda en manos del Senado confirmar.
Rousseff afirmó que ha quedado frente a una "situación que sólo puede provocar una inmensa sensación de injusticia y de que hay en Brasil una violencia contra la verdad, la democracia y el Estado de Derecho".
La mandataria aseguró también que, una vez que el proceso con vistas a un juicio político se inicie en el Senado, confía en que tendrá la oportunidad de defenderse y demostrar que, en su caso, "se usa la apariencia de un proceso democrático para practicar un abominable crimen, como es condenar a un inocente".
Rousseff insistió en que las maniobras contables que sustentan la acusación no suponen una ilegalidad y mucho menos un "delito de responsabilidad", como la Constitución define las causas que pueden llevar a la destitución.
Recordó que en su juventud enfrentó por convicción a una dictadura y afirmó que ahora, en su madurez, enfrentará "un golpe de Estado, que no es de los tradicionales, pero es un golpe".
El domingo, la oposición de Brasil reunió en el pleno de la Cámara de Diputados los 342 votos necesarios para que prosiga el proceso contra Rousseff.