En el estado de Durango, las elecciones se deciden en la capital y en La Laguna. Hace seis años quien gobierna hoy la vecina entidad pudo ganar la contienda electoral gracias al voto lagunero. En cinco de los seis distritos de la capital del estado y sus alrededores, el triunfo fue para José Rosas Aispuro, entonces abanderado de la alianza conformada por el PAN, PRD y Convergencia. En contraste, Jorge Herrera Caldera se alzó con la victoria en seis de los siete distritos de la Región Lagunera. La ventaja de Rosas Aispuro sobre Herrera en el centro del estado fue de 10,936 votos. La de Herrera sobre Rosas Aispuro en la comarca fue de 23,609, es decir, el doble. Los laguneros que salieron a las urnas en 2010 le dieron al actual gobernador los votos para remontar su debilidad en la capital duranguense y los alrededores. ¿Fue correspondido este favor durante su administración? ¿Marcó este hecho una diferencia en el trato que durante décadas ha recibido La Laguna por parte de los gobiernos estatales?
La inversión pública productiva es uno de los mejores indicadores para conocer la distribución de los recursos del erario en el estado. No obstante, el gobierno duranguense, como muchos otros gobiernos, no dispone de un formato accesible a esa información. El ciudadano de La Laguna de Durango, como el de cualquier otra región, no sabe ni puede saber cuántos centavos por cada peso invertido se van a obras y programas para su beneficio directo. Ante este vacío de información, no queda de otra que revisar los hechos más conocidos. Ahí está por ejemplo el parque La Esperanza en Gómez Palacio, que se promovió como el principal pulmón de la ciudad, pero quedará incompleto y con deterioro ya a la vista. O el nuevo Hospital General, cuya construcción pudo arrancar luego de innumerables retrasos y que tampoco será terminado para cuando concluya la administración, al contrario de lo ocurrido con el Hospital 450 de Durango. O las erráticas obras de pavimentación del Parque Industrial Lagunero, que luce destruido en la mayoría de sus calles. O la postergación del periférico ferroviario para sacar las vías del tren de la zona urbana, obra que ya se encuentra en funciones en la capital. O el abandono de la infraestructura carretera de la región, que incluye el recorte de recursos del Segundo Periférico para beneficiar al Corredor Vial Norte de Durango. O el nulo avance en el Metroparque del lecho seco del Río Nazas por el lado de Gómez Palacio. O el abandono del plan del Metrobús. En suma, proyectos postergados y obras inconclusas dominan el panorama.
La situación no es muy distinta en materia de inversión privada y empleo, en donde sí se cuenta con datos gracias a las investigaciones publicadas por El Siglo de Torreón. Por ejemplo, de 2007 a 2014 el número de empleos en la capital duranguense creció 38.8 por ciento, mientras que en La Laguna el aumento fue de apenas 9.8 por ciento. Si bien es cierto el panorama ha mejorado un poco en los últimos dos años para la Región Lagunera, también así ha sucedido con Durango capital. En el tema de la inversión y la creación de empleo mención aparte merece el proyecto de desarrollo inmobiliario Las Huertas y el Agroparque Integradora SuKarne Lucero, de 1,800 millones y 10,000 millones de pesos, respectivamente, los cuales se encuentran en proceso de consolidación. En contraste, la Zona de Conectividad de La Laguna, proyecto con el cual se pretende aprovechar los beneficios del Corredor Económico del Norte, sigue atorado en un conflicto legal, mientras que el Centro Logístico e Industrial de Durango se consolida.
En el renglón de la seguridad, el gobierno estatal ha tenido que recurrir al apoyo de la Federación, como la mayor parte de los estados que han vivido crisis de seguridad, para enfrentar la ola de violencia en la Comarca Lagunera. A tres años de que tuvieron que ser desaparecidas las policías municipales de Gómez Palacio y Lerdo debido a la infiltración del crimen organizado, ambas corporaciones no han podido recuperar la responsabilidad primaria de la vigilancia y la labor preventiva. Es verdad, los índices de homicidios, robos y secuestros no están ya a los niveles registrados entre 2011 y 2013. No obstante, La Laguna de Durango sigue siendo el eslabón más débil en la cadena de la seguridad pública. Y frente al anuncio de la retirada de tropas federales de la región que hizo el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en días pasados, la reacción del gobierno estatal deja mucho a desear en contraste a las medidas que se están aplicando por el lado de Coahuila, como lo es el fortalecimiento de las corporaciones y el reforzamiento de las labores contra actividades que pueden servir al crimen organizado.
Hay dos formas empíricas de saber si el dinero de los impuestos está bien invertido: uno, reflexionar sobre la calidad de los servicios que el gobierno ofrece; y dos, recorrer las calles para constatar el estado físico de la ciudad o pueblo donde se vive. Para cualquier foráneo que haya recorrido urbes con administraciones eficientes, este último ejercicio en La Laguna de Durango resulta por demás elocuente. Pero es cierto, este abandono no es nuevo. Han pasado lustros, décadas, en las cuales la comarca ha sido relegada al igual que otras regiones del estado, mientras la capital estatal continúa creciendo en población, economía, empleo, turismo y esparcimiento. Lo que evidencia el estado actual de la situación luego de seis años de un gobierno que pudo convertirse en tal gracias al voto lagunero es que muy poco le importan los habitantes de esta comarca más allá del sufragio. No deja de llamar la atención la ausencia de crítica y exigencia abierta de un mejor trato de autoridades locales, diputados de los distritos regionales y ciudadanos en general. La tibieza de los alcaldes y regidores, la negligencia de los legisladores y la indiferencia de los pobladores hasta ahora han sido la regla, no la excepción. ¿Miedo, conveniencia, subordinación clientelar, apatía?
Si las elecciones en realidad son un reflejo del sentir ciudadano y si se pudiera aplicar este razonamiento al caso expuesto, lo lógico es que el fenómeno registrado hace seis años se invierta en los comicios del 5 de junio próximo. El candidato del PRI, Esteban Villegas, como exalcalde de Durango y munícipe privilegiado por el gobernador Jorge Herrera no debería tener problemas para ganar la capital. Por su parte, el expriista José Rosas Aispuro, abanderado del PAN-PRD, estaría en condiciones de canalizar un hipotético descontento de los votantes laguneros para vencer aquí. Porque al factor del abandono institucional se suma el malestar del priismo regional afín a Leticia Herrera, quien buscaba ser la candidata a la gubernatura por su partido y tuvo que conformarse con la candidatura a la presidencia municipal de Gómez Palacio. El escenario está puesto para que Rosas Aispuro gane ahora La Laguna, pero para ello tiene que construir un discurso novedoso, más allá de los lugares comunes, que cautive a un electorado que, pese a todo, ya ha demostrado preferir al malo por conocido que al "bueno" por conocer. Por otro lado, queda ver si el factor Laguna será nuevamente decisivo en esta elección.
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