La urbanización del país está concentrada en 59 zonas metropolitanas que albergan 57 % de la población del país y generan el 74 % del PIB. El crecimiento de estas grandes urbes como respuesta a la oferta laboral y escolar conlleva a la imperiosa necesidad de que las personas se trasladen a los grandes nodos de las ciudades, invirtiendo en ello tiempo y dinero.
Ejemplo de ello son ciudades como Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México donde se concentran porcentajes importantes de las diferentes actividades económicas y millones de habitantes que requieren servicios para trasladarse a sus destinos.
Un estudio del Centro de Opinión Pública de la UVM reveló que 41 % de sus encuestados invierte entre una y tres horas en trasladarse a su destino, un dato significativo por las implicaciones que tiene en la productividad y en la economía. De acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad, si el tiempo se redujera a 38 minutos de traslado diario, los capitalinos y empresas podrían generar entre 11, 500 y 33, 000 millones de pesos extras por año, lo que equivale a entre 11 y 32 días de salario por trabajador.
Además de las pérdidas económicas en productividad provocadas por el tiempo invertido en los traslados, hay que considerar que pasar de dos a tres horas en cualquier medio de transporte tiene un impacto -difícil de medir- relacionado al estrés y las consecuencias de éste en el rendimiento cotidiano de las personas.
Aunque la cifra anterior remite sólo a la Ciudad de México, es un referente importante para calcular las horas hombre que no son aprovechadas en una actividad productiva o recreativa debido a que los tiempos de traslado en las zonas metropolitanas se tornan extensos a causa del crecimiento poblacional que no necesariamente va acorde con el crecimiento vial; por el contrario, el crecimiento de las ciudades obliga a los pasajeros a tomar más de un transporte para llegar a su destino.
El Centro de Opinión Pública reportó que 53 % de sus respondientes gastan entre $21 y $100 pesos diarios y 57 % utiliza al menos dos tipos de transporte para cada traslado. Fuentes como Inegi e IMCO han manejado datos que establecen un precedente de los costos de la transportación: el primero informó que los hogares destinan 19 % de su ingreso al transporte siendo con este porcentaje el país que más dinero gasta en este rubro, lo que resulta lógico si se considera que los habitantes deben atravesar diferentes delegaciones, municipios e incluso entidades federativas en un transporte que ha mostrado ser insuficiente para la enorme población que lo necesita, además de ser poco eficiente y de calidad.
La transportación ocasiona, además de un alto desembolso, otras consecuencias que afectan las costumbres de la población, de acuerdo al Centro de Opinión Pública UVM: 53 % de los participantes en su encuesta ha dejado de asistir a reuniones o eventos sociales por el gasto del pasaje o por el tiempo de recorrido; 47 % deja de realizar actividades deportivas o recreativas como ir a parques y museos (por costo de pasaje o tiempo de traslado); 7 de cada 10 consideran que la distancia es un factor determinante para elegir un trabajo o escuela y 44 % ha pensado en mudarse para facilitar los traslados.
Al respecto Infonavit reporta que 3 de cada 10 derechohabientes acreditados no habitan sus viviendas por la lejanía al centro de trabajo, a sus redes sociales o familiares. Pese al interés de Infonavit por combatir el rezago habitacional, ese porcentaje de población -aunque tiene una vivienda- sigue necesitando otra que se adecue a sus necesidades.
Pese a que vivir en una zona cercana al lugar de trabajo o escuela sea lo más conveniente para los habitantes, la posibilidad de lograrlo es complicada porque con el crecimiento de las ciudades y de la población, las zonas habitacionales se han establecido fuera de la ciudad, lo que confirma que trasladarse representa una dificultad de tiempo, dinero, esfuerzo y estrés.
Este panorama exige atender la movilidad de las grandes urbes (y planear para todas las zonas metropolitanas y aquellas que están convirtiéndose ya en zonas de este tipo) con políticas públicas eficientes considerando diferentes aristas: crecimiento de la población, infraestructura, obras viales, medio ambiente, transporte público, vivienda y centros de trabajo, que en conjunto favorezcan la calidad de vida de sus habitantes.