El pasado domingo, el Gobierno Nacional de Colombia intentó sacar un botín político de los acuerdos de paz alcanzados con las FARC-EP. Lo que consiguió fue una derrota que lo desacredita a nivel mundial. Juan Manuel Santos no consiguió ni siquiera la misma cantidad de los votos alcanzados por él en 2014 para el actual período presidencial, en esa campaña su principal propuesta fue el proceso de paz con el grupo guerrillero.
No existía ninguna necesidad constitucional de hacer un plebiscito para una nueva refrendación de lo acordado en La Habana. Dos altos funcionarios del gobierno nacional, Eduardo Montealegre y Edgardo Maya, fiscal y contralor General de la República respectivamente, públicamente le recordaron al titular del Ejecutivo que la Constitución en el artículo 22 establece que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.
Con el Marco Jurídico para la Paz que ya aprobó el Congreso (uno de los puntos por los que más se promovía el "No") participa en la composición de los acuerdos otro de los poderes representantes de la soberanía popular. Antes de la convocatoria al plebiscito, la Corte Constitucional se pronunció oficialmente y le recordó a Juan Manuel Santos que el resultado de ese ejercicio de participación no afectaba ninguna facultad del titular del Ejecutivo.
Así, Juan Manuel Santos justificaba que el plebiscito sería un mecanismo para que la ciudadanía aprobara los acuerdos. Sin embargo, se utilizó como plataforma electoral para medir la fuerza de posibles candidatos presidenciales para el 2018. El partido "Centro Democrático", con su líder Álvaro Uribe, abanderó la campaña por el "No". Así se vivió toda la campaña del plebiscito.
Lo que se presentó como mecanismo de participación para un tema tan importante como la culminación de 52 años de guerra, se convirtió en una disputa partidista, con verdades a medias, de mentiras completas, y de campañas publicitarias de dudoso financiamiento y origen. Sin faltar las empresas encuestadoras que como mercenarios de los estudios de opinión, todas, presentaron resultados que estuvieron a 20 puntos porcentuales de diferencia con la realidad.
Un resultado muy cerrado, ya que había más gente en el Zócalo de la Ciudad de México el sábado por la noche, que la diferencia de votos entre las opciones de "Sí" y "No" del domingo; pero sobre todo, con el más alto abstencionismo en los últimos 22 años. La ausencia del 62.6 % demostró la indiferencia mayoritaria para estos mecanismos democráticos que distan de ser representativos.
Con el resultado inclinado hacia el "No", el partido que lo abanderó se declaró triunfador en el ámbito político; hay más ganadores en el ámbito económico. Juan Manuel Santos convocó al partido ganador del plebiscito a una reunión el lunes pasado. No asistieron. Ahora será cuando ellos digan. Dicha fracción política ha nombrado a tres de sus miembros como negociadores con el Gobierno Nacional. Delegaron a sus principales aspirantes a la próxima candidatura presidencial. El proceso de paz quedó empantanado en los intereses de la partidocracia.
Los acuerdos de La Habana marcaban una gran diferencia con todos los acuerdos de paz que se han firmado hasta la actualidad, por la centralidad que le otorgan a las víctimas del conflicto. El grupo más vulnerado se vería beneficiado por la primera reforma agraria integral, por los mecanismo de acceso a la verdad sobre los horrores y pérdidas a consecuencias de la guerra. Todo esto contemplado en el Acuerdo Final, que ya está firmado.
De allí el ridículo del actual Gobierno Nacional de Colombia, encabezado por Juan Manuel Santos, porque privilegió sus intereses partidistas antes que ejercer sus facultades y obligaciones constitucionales para garantizar el fin del conflicto armado y la atención a las víctimas.
Twitter: @davidsecular