Gómez Palacio y Lerdo CONGRESO DE DURANGO Gómez Palacio Detenidos

ENFOQUE REGIONAL URBANO

Herencia cultural

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN

"Nunca te sientas inferior a otro hombre, porque el mundo le brinde sus honores, porque títulos lleve en su nombre, porque siempre sus plantas pisen flores. Tú podrás ser igual o más si quieres, porque nada en el mundo es imposible; el hombre, es el ser que él prefiere: vil gusano o albatros invencible".

Estos son los versos iniciales del Poema "Vencerás" de Alfonso Meneses G., que de niño aprendí de mi madre, doña Graciela de León Peña, quien lo declamaba en cualquier momento: cocinando o sirviendo la comida, haciendo el aseo de la casa, u ordenando la ropa de su esposo y sus ocho hijos, cinco mujeres y tres hombres. La escuchaba atento y emocionado por la pasión y sentimiento que ponía cada vez que lo recitaba, y tal fue mi gusto por esa composición poética, que yo le pedía sorpresiva e inesperadamente que la dijera, sobre todo cuando estábamos a la mesa para disfrutar de los guisos que con mucho amor preparaba para sus hijos y su marido. Ese poema dejó profunda huella en mí y constituyó una lección permanente para hacer frente a la vida y sus vicisitudes.

Tal vez fue de mi madre de quien heredé el gusto por la literatura, la poesía y la oratoria: tenía un Diario de los que entonces se llamaban de "cuatro manos" donde con letra manuscrita tenía poemas de varios autores de diversas nacionalidades; nos platicaba que esas composiciones literarias las conservaba desde los diez o doce años de edad. Bonita letra tenía mi mamá. Recuerdo haber leído en ese cuaderno-diario poemas como "El Sembrador" de Blanco Belmonte; "Reír Llorando" de Juan de Dios Peza; "Raza de Bronce" de Amado Nervo; "Nocturno a Rosario" de Manuel Acuña; "Suave Patria" de López Velarde; "El Credo" de López Méndez, y muchos más... poesía cívica y de aliento, nada más; era un verdadero tesoro literario ese Diario de mi madre, fuente ideal de conocimiento y aprendizaje que tuve a mi alcance.

Nació en Gómez Palacio, el 2 de noviembre de 1917; su educación primaria la cursó en la Escuela Emilio Carranza, que siempre ha sido una de las más prestigiadas y solicitadas por la calidad didáctica de sus maestras. Mi madre era alegre, positiva, sensible, candorosa e ingenua, y honesta. Gracias a ella pude estudiar y hacer una carrera profesional, pues al terminar la primaria, mi padre decidió mi futuro con estas palabras: ¡a trabajar! Pero mi mamá astuta y determinante me inscribió en secundaria que, para lograr la inscripción, era requisito donar un pupitre, pues la escuela tenía escasez de sillas. Mi hermana María Antonieta, como ya trabajaba y contaba con ingresos propios, al ver los deseos que yo tenía por seguir estudiando, se hizo cargo del asunto y ordenó a una carpintería la fabricación de la banca (¡cuánto te lo agradezco, Toñeta!), y así la llevé a la escuela y pude inscribirme. Por cierto que ya estando en grados avanzados, busqué el mueble al que le había marcado mi nombre, y jamás lo encontré. ¡Qué se hizo y qué paso con él? Nada importó, ¡ya estaba yo en secundaria!

Mi padre fue don Raúl Muñoz Castro, originario de Jerez, Zacatecas, donde nació el 16 de agosto de 1912; desde muy pequeño llegó a Gómez Palacio y no salió de él, hasta que la familia emigró a la Ciudad de México donde yo cursaba ya en la Universidad mi carrera profesional; fue gomezpalatino de corazón. Su carácter contrastaba con el de mi mamá; él era serio, adusto, enérgico, de mirada profunda y penetrante, pues con un movimiento de ojos nos decía qué quería y con sólo vernos nos sometía al orden; quizá por caracteres tan diferentes, mi papá y mi mamá lograron mantener un matrimonio largo y tranquilo, con los problemas y dificultades propios de la vida: alegrías y penas, tristeza y felicidad.

Incursionó en la política sindical como trabajador de la extinta Compañía Cervecera "Sabinas" de Ciudad Lerdo. A pesar de trabajar en un centro elaborador de cerveza, donde seguro las tentaciones son fuertes, no recuerdo haberlo visto ebrio, ni pronunciar maldiciones o "malas palabras", no obstante su carácter fuerte y enérgico, como ya dije. Su círculo social, además de sus compañeros del Sindicato de trabajadores de la compañía cervecera, del que fue Secretario General, lo constituían cuatro respetables señores que fueron sus compadres, producto del padrinazgo de algunos de mis hermanos, hermanas y de quien esto escribe: don Jesús López, que tenía un negocio de zapatería; don Alberto Pulgarini, trabajador de la Compañía de Luz, que hoy es la Comisión Federal de Electricidad, y dirigente sindical electricista de tendencia izquierda, (para mí era una delicia escuchar sus teorías y criticar duramente las acciones del gobierno); don Mariano Ovalle, trabajador ferrocarrilero y también dirigente sindical. Hombre recto, honesto y agradable era don Mariano, hermano de quien fuera párroco de la ahora Catedral de Gómez Palacio, el presbítero don Alfredo Ovalle Zul; y don Julio de la Rosa, fundador y propietario de la Imprenta de la Rosa que, ubicada por la calle Patoni, entre Aldama y Bravo, tuvo y tiene mucho prestigio y aceptación entre la población de Gómez Palacio y de la Región Lagunera por la calidad de sus impresos; empresa familiar que después dirigió y dirige con acierto su hijo, Jaime Julio de la Rosa Guillén.

Don Julio, fue fundador del "Trío de la Rosa", integrado por él, por Rafael "El Güero" Chávez y por José Jaime; después se incorporó Antonio García; tengo en la memoria que organizaban tertulias los domingos por la tarde, a las que asistía mi papá, y sus principales interpretaciones eran "La Feria de las Flores" y "Flor". Tuve oportunidad de escuchárselas.

He sido afortunado y siento orgullo. De mis padres heredé valores y actitudes para afrontar la vida, como aquello que me decía mi madre, auténtica enseñanza de praxis filosófica:

"Más ten presente que si quieres gloria,

Es preciso que luches con tu acero:

Porque nunca se llega a la victoria

¡sin combatir con el destino fiero!"

"Y lucha siempre hasta que tu alma muera,

Y procura ante nadie caer jamás vencido;

Ya verás que el mundo, aunque no quiera

¡a tus pies quedará por fin rendido!"

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