El camino que nos ha permitido ser el que hoy somos ha sido harto tortuoso, la lucha por sobrevivir ha sido constante. Este andar dio inicio, al menos a un antecesor que podemos distinguir, hace unos siete millones de años atrás, aunque hay que decir que ese momento en el tiempo fue preparado azarosa y afanosamente por varios miles de millones de años, donde todo era casi nada, un instante sin tiempo en que el universo se encontraba suspendido en un espacio infinitesimal.
La gran sinfonía de la vida dio inicio tras un estallido magnífico, un momento que es el causante de todo ocurrido hace unos 14 mil millones de años, tantos que no es posible imaginarlos en toda su dimensión, ese Big Bang fue un inicio espectacular de una sucesión insospechada de eventos que han derivado en una lucha constante entre el caos y el orden.
Pero si hemos de centrarnos en la especie humana, sólo tenemos que remontarnos, de acuerdo con los últimos descubrimientos, al Hombre de Toumaï (Sahelanthropus tchadensis, que no es el primer homínido, pues se supone que este surge hará unos 15 millones de años, cuando se separó de la rama principal, los primates, quienes ya tenían en este planeta 25 millones de años de evolución), que pisó una tierra muy distinta a la que hoy conocemos, aunque sin duda, con grandes retos que le impulsaron a desarrollarse.
Este primer homínido conocido -Adán no sólo de la especie humana, sino de algunas otras que no tuvieron la misma suerte-, hubo de sortear inclemencias climáticas y desventajas físicas, que como toda adversidad lo orilló a cambiar, a mutar una y otra vez, generar estrategias, alianzas para amoldarse y amoldar su entorno, creando proto-sociedades que le permitieron subsistir ante las agresiones e inclemencias que la naturaleza le ha ido poniendo a lo largo de su andar.
La naturaleza fue el primer gran reto que los homínidos han tenido que sortear, la Tierra tiene una dinámica que ha producido en su superficie cambios constantes. Baste recordar a los supercontinentes que se han formado a lo largo de la existencia de la Tierra, que van desde Ur hace unos tres mil millones de años atrás, hasta la Pangea, el último gran supercontinente que estaba rodeado por el legendario Mar de Tethys, hace unos 250 millones de años, quedando en el camino Kenorland (hace 2,500 millones de años), Columbia (1,800 millones de años atrás), Rodinia (formado hace 1,100 millones de años) y Pannotia (600 millones de años). Estos supercontinentes han evolucionado hasta conformar la geografía actual, misma que sigue cambiando y que en el tiempo ha de tornarse en nuevos supercontinentes, los cuales ya tienen nombre, valga la soberbia del hombre que como su imaginación no tiene límite (Novopangea, Amasia y Pangea Próxima, aunque habrá que esperar para el siguiente unos 250 millones de años y así entre uno y otro de los que le siguen).
Sequías, glaciaciones, diluvios, terremotos, han sido una constante, en la gran historia del planeta que han impuesto sus condiciones a todas las formas de vida, de hecho, este dinamismo del planeta es el gran laboratorio que dio origen a la vida, generando mutaciones, migraciones y grandes extinciones que han sido el sino de la vida, hay que señalar que según los estudiosos de estos temas, se han extinguido el 99% de los seres que alguna vez han vivido en la Tierra.
Los afanes del hombre a lo largo de su estadía en la Tierra, han tenido que ser múltiples. Inmerso en un proceso evolutivo continuo, ha generado como soporte de su andar elementos que le permiten un tránsito eficiente, desarrollando habilidades con las que ha podido crear estructuras en las cuales se fundamenta.
Caminar erectos, la distribución de los dedos de la mano, el uso de un lenguaje, la capacidad de asociarse para trabajar en grupos coordinados con tareas especiales para cada uno de sus integrantes, fueron la simiente de las sociedades y culturas de hoy, las cuales han estado entrelazadas, alimentándose una de la otra.
La historia del hombre es más que asombrosa, su hacer a lo largo de su evolución le han permitido alcanzar cotas de excelencia y excelsitud, que sólo se pueden comparar con su enorme y abismal torpeza, pues en la raíz de su ser, está también inmersa la posibilidad de dejar de ser.
Sin duda, la naturaleza le ha impuesto los retos más complicados de sortear, pero es ahora, la cultura y las diferentes sociedades creadas por el ser humano, quienes han planteado los más grandes y profundos desafíos para sí mismas; algunos de ellos le pueden llevar a continuar alcanzando mayores cotas de desarrollo o, por el contrario, el fin de una historia de más de siete millones de años, y es en esta apuesta que la educación juega el papel fundamental, en ella radican las oportunidades de transitar en armonía a nuevos estadios culturales.
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