Siglo Nuevo

La noche profunda del migrante

México, una ciénaga en la ruta de los sueños

Foto: Benjamín Sánchez

Foto: Benjamín Sánchez

Iván Hernández

Indocumentados en tránsito han acuñado para el país mexicano epítetos como el de "valle de la muerte del migrante". La licencia poética no es gratuita, se ha pagado con muertes, mutilaciones y hasta pagos a secuestradores.

México, a juzgar por estudios de organizaciones internacionales, su propia comisión de derechos humanos, notas periodísticas y miles de testimonios, se ha convertido en una sucursal del infierno, cuando no en la matriz del negocio, para los indocumentados centroamericanos.

El agresivo y mortal deterioro de la situación para los viajeros ilegales es todavía más lamentable, señalan diversos especialistas, porque la nación mexicana es un país de origen, tránsito y destino de trabajadores migratorios.

Esto significa que México es expulsor y ruta de viaje para personas que van en busca del dólar de dientes amarillos (como le decía Pablo Neruda) y también receptor de viajeros que se conforman con asentarse en algún punto entre los ríos Suchiate y Bravo.

Los riesgos siempre han existido, no por nada la vía tradicional -la férrea- que utilizan los guatemaltecos, hondureños y demás foráneos indocumentados que persiguen una mejor calidad de vida fue bautizada como la Bestia.

Como si el camino tradicional no fuera lo suficientemente peligroso, desde el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) cobraron fuerza las voces que alertaban sobre la virulenta guadaña de la delincuencia organizada puesta a cortar las mieses de la migración centroamericana.

Las caravanas en busca de hombres y mujeres que se perdieron en el camino, cada vez más frecuentes, cada vez más nutridas, son apenas el contorno de una mancha más en el historial de la crisis de derechos humanos que atraviesa la nación mexicana.

La mancha de color negro o mejor dicho oscura y sucia como una fosa clandestina al ser iluminada muestra entrañas con la forma de accidentes, asaltos, secuestros y muertes, entre otros pormenores.

MOVILIDAD

El primer paso, la descripción del fenómeno, toma prestadas las palabras del investigador Gonzalo Carrasco González.

En su texto: La migración centroamericana en su tránsito por México hacia los Estados Unidos, publicado en 2013, el investigador engloba a todos los individuos puestos en marcha hacia una mejor calidad de vida en el concepto: 'personas en movilidad humana'.

El desglose incluye a emigrantes, inmigrantes, solicitantes de refugio y asilo, refugiadas y asiladas, apátridas, migrantes y desplazadas internas, víctimas de trata y tráfico de personas.

El fenómeno migratorio en México, señala, se nutre con el movimiento de personas entre países fronterizos o geográficamente cercanos, es una migración regional que abarca incluso a sudamericanos y que apunta sus pasos hacia Estados Unidos.

Existen dos tipos de migración: la legal o regular, en ella existen papeles que amparan la estancia en suelo extranjero; el extremo opuesto es la indocumentada o irregular que se hace sin permiso para entrar, permanecer o trabajar en un país distinto al propio. Los gobiernos pueden deportar a los extranjeros indocumentados o con visas expiradas.

En su documento Gonzalo Carrasco señala que México posee una de las políticas migratorias más restrictivas a nivel internacional. También refiere que desde 2003 la Organización Internacional para las Migraciones reportó que casi la mitad de los migrantes que entran clandestinamente a un país son víctimas de tráfico ilícito.

EL FLUJO EN MÉXICO

La Organización de las Naciones Unidas estima que a nivel mundial hay 231.5 millones de personas radicadas en un país distinto al que nacieron, es decir, tres de cada 100 habitantes son migrantes internacionales.

De acuerdo con el Anuario de Migración y Remesas: México 2015, los cinco países con mayor expulsión de individuos son la India, Bangladesh, México, Rusia y China.

El principal país receptor es Estados Unidos con 45.8 millones de inmigrantes en su territorio.

El principal corredor migratorio, según el estudio, es el de México-Estados Unidos, seguido del corredor Rusia-Ucrania, la diferencia entre uno y otro es inapelable, 13 millones de personas contra 3.5 millones de individuos.

El anuario aporta varios datos que sirven para dar el segundo paso, dimensionar el fenómeno: actualmente hay 11.5 millones de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, cerca de la mitad son indocumentados. Por cada inmigrante mexicano hay dos connacionales de segunda y tercera generación.

Una tercera parte de los migrantes que ha expulsado México hacia Estados Unidos tiene la ciudadanía. Tan sólo en las últimas dos décadas los mexicanos que han salido del país para establecerse en el vecino del norte casi se duplicaron al pasar de 6.5 a 11.5 millones de personas.

Con respecto a la migración centroamericana la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) estima que alrededor de 500 mil indocumentados ingresan a México cada año. El anuario de migración muestra que los deportados por las autoridades migratorias mexicanas se caracterizan por ser en su mayoría hombres jóvenes solteros.

De 2010 a 2013, empero, se ha incrementado el flujo de mujeres que transitan por México y la mayor parte de las que fueron devueltas por las autoridades migratorias había salido de Honduras. Cinco de cada 10 mujeres que transitaron por México y llegaron a Estados Unidos eran solteras, ocho de cada 10 tenían al menos un hijo y cuatro de cada 10 cruzaron a territorio norteamericano a través de Tamaulipas.

El flujo de migrantes centroamericanos devueltos por las autoridades estadounidenses creció 10 por ciento en 2013 respecto al año anterior.

El flujo devuelto por el filtro mexicano disminuyó 1.9 por ciento en el mismo período.

Los centroamericanos deportados por la instancia mexicana de migración que tenían como destino el vecino del norte se contrajo 33.7 por ciento entre 2012 y 2013.

CAUSAS

La historia de los que entran por la frontera sur del territorio mexicano tiene un origen laboral. Habitantes de Guatemala acostumbran cruzar el límite para trabajar en suelo mexicano en el cultivo de productos como caña de azúcar o café.

La inestabilidad de los países al otro lado del Suchiate es un fuerte aliciente para viajar hacia el norte. Por ejemplo, los conflictos armados en las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado obligaron a muchos nicaragüenses, salvadoreños y guatemaltecos a salir de sus países.

La pobreza y los desastres naturales, por separado o en combo, también han contribuido a aumentar la corriente de personas que van en busca de oportunidades. Un ejemplo del combo ocurrió en 1998, cuando los vientos del huracán Mitch azotaron y empobrecieron aún más a gente de Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

En el año 2000 la inseguridad atizada con el combustible de la delincuencia organizada reforzó el flujo. El problema de salir por piernas de Centroamérica a causa de la acción de grupos criminales es que en México abundan los terrenos considerados tierra sin ley. Diversos especialistas coinciden que a esa clasificación pertenecen varias zonas que el migrante debe recorrer a bordo de la Bestia.

EL CAMBIO

En la lista de depredadores de migrantes destaca el cártel de los Zetas. Esa organización fundada por exmilitares no sólo desplazó a los tradicionales traficantes de personas también halló un negocio redondo: el secuestro masivo de indocumentados.

Al principio, la reacción de las autoridades mexicanas fue negar el problema, llamar mentirosos a los ilegales que se atrevían a denunciar los tormentos pasados.

Las organizaciones no gubernamentales salieron a corregir la versión oficial con el sencillo recurso de hablar con los afectados, documentar casos y difundir los resultados de sus pesquisas.

Organizaciones internacionales como Amnistía Internacional critican que en su paso por México los migrantes son víctimas ideales no sólo de la delincuencia, también de las autoridades. Son objeto de crímenes tanto mayúsculos como minúsculos y cuando consiguen sobrevivir a los primeros o superar los segundos no denuncian por temor a sufrir represalias o a ser deportados.

Sobre los secuestros la percepción es que el Estado mexicano incumple una y otra vez sus deberes de prevenir, perseguir y castigar ese tipo de ilícitos. En su lugar, se premia la impunidad con una aplicación discrecional de la ley y la comisión de violaciones a los derechos humanos de las personas migrantes.

Los ilegales no sólo se enfrentan a la guadaña virulenta de los DOs (Depportation Officers), también padecen los abusos de agentes del Estado.

El gobierno mexicano, aunque alegue que es un defensor de los derechos humanos, no ha adoptado ninguna política en particular para la protección de personas en tránsito. Los migrantes, señalan en AI, son concebidos como criminales, como violadores de la ley y como un peligro para la sociedad.

La siguiente sentencia es un común denominador de organizaciones y especialistas: ser un indocumentado en México presenta una situación de absoluta exposición al daño y a la muerte.

CEGUERA PARCIAL

Para curar al gobierno mexicano de su ceguera, aunque fuera de modo parcial, fue necesario el caso de San Fernando, Tamaulipas. En ese municipio salieron a la luz, el 24 de agosto de 2010, los cuerpos de 72 indocumentados que llegaron al final de su viaje por la vía de la masacre.

Al año siguiente, en febrero, apareció el Informe Especial sobre Secuestro de Migrantes en México elaborado por la CNDH.

El organismo definió como "extrema" a la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los ilegales en territorio mexicano.

La extrema vulnerabilidad es consecuencia de viajar en medios de transporte de alto riesgo, transitar por lugares solitarios, pernoctar en sitios abiertos, evitar el contacto con las autoridades, desconocer sus derechos, estar lejos de sus entornos de protección, no saber a quién acudir en caso de necesidad y desconocer las leyes del país.

Entre septiembre de 2008 y febrero de 2009 la CNDH tuvo conocimiento de 198 casos de secuestro en los que se privó de su libertad a nueve mil 758 migrantes. La mayoría de las víctimas no tuvieron que adentrarse mucho en el país para sufrir la privación ilegal de la libertad.

La mayor parte de los casos, según la información recabada por la CNDH, se comete en el sureste mexicano, 67.4 por ciento, seguido del norte con un 29.2 por ciento.

En el 32 por ciento de los hechos denunciados no fue posible establecer el lugar en el que se efectuó la detención ilegal.

A principios de 2010, luego de un sondeo por sus oficinas regionales, la Comisión encontró que tan sólo en agosto de 2009 se habían reportado los secuestros de mil 211 migrantes.

En un período de seis meses, de abril a septiembre de 2010, documentó un total de 214 eventos de secuestro, con cerca de 11 mil 333 víctimas.

Testimonios de víctimas y testigos del ilícito otorgaron a Veracruz, Tabasco, Tamaulipas, San Luis Potosí y Chiapas la etiqueta de los territorios más peligrosos.

Casi nueve de cada cien de los afectados o testigos señalaron que en los crímenes padecidos o presenciados hubo participación de agentes de seguridad municipal, funcionarios del Instituto Nacional de Migración, personal de Seguridad Pública estatal o de la Policía Federal.

TESTIMONIOS

La voz de los migrantes rescatados por fuerzas fuera de la ley pinta un procedimiento en el que las capturas para exigir rescate son realizadas en connivencia con autoridades locales.

Las víctimas son bajadas del tren, sometidas a punta de armas de fuego (“Nos ordenaron que no nos moviéramos”). A los ilegales que se resisten les toca plomo y los empujan hacia el monte (“Escuchamos dos disparos lejos, y regresaron los que se habían llevado al lesionado, regresaron sin él”). A los que se quedan los amarran.

Luego son apresados en condiciones de hacinamiento con un par de tortillas al día como alimento.

Ya en cautiverio viene la tortura para que revelen información personal y familiar, principalmente los números de teléfono. Lloran, sufren, se quiebran.

"Decían que si cooperábamos nos iba a ir bien. Luego llegó el jefe y nos fueron pidiendo nuestros números telefónicos, de nuestras familias. Escuchamos cuando les hablaron y les exigieron cuatro mil 500 dólares y que si los daban nos iban a respetar la vida", es una escena recurrente.

La extensión del cautiverio varía dependiendo del tiempo que los familiares se tarden en depositar el dinero. Cuando no llega los verdugos recurren a giros del lenguaje para dictar sentencia.

"Estuve diecisiete días secuestrado. Diario entraban entre tres y cinco personas nuevas. A los que no pagaban el rescate se los llevaban pa' fuera, a que, decían estos desgraciados, vieran las estrellas de cerca", relató un migrante a la CNDH.

Las mujeres sufren otro tipo de castigo, son violadas a diario, hasta parecen trapos según el relatos de víctimas y testigos. A veces, como trapos gastados, son desechadas (“Mientras ellos me violaban, su mujer me golpeaba la cara con los pies. Me pegaron con la palma del machete hasta que creyeron que estaba muerta”).

Si un cautivo trata de escapar y es atrapado se convierte en un ejemplo para los demás: "Lo golpearon más, luego lo levantaron, lo tiraron, lo arrastraron y le dieron dos disparos en el cráneo. Lo envolvieron en un nylon y nos dijeron que lo iban a quemar".

El secuestro de cada migrante reporta entre mil y cinco mil dólares de ganancia y son víctimas de estos hechos miles o decenas de miles de personas cada año.

SOLALINDE

Un sacerdote quiso pasar los últimos años de su vida ayudando a los centroamericanos en situación irregular y se encontró con una realidad infernal. Denunciar las injusticias, las atrocidades y señalar a los responsables le valió desde persecuciones hasta sentencias de muerte.

En lugar de doblarse o callar, Alejandro Solalinde, director de la Casa para Migrantes Ixtepec, ubicada en Oaxaca, alzó aún más la voz.

"El gobierno mexicano para los centroamericanos es un ojete", dijo en entrevista para medios nacionales e internacionales en diciembre de 2015.

Solalinde es un crítico acérrimo de la violencia hacia los 'sinpapeles' en México. Denuncia que son objeto de discriminación, explotación, hostigamiento, muerte y un abandono inflexible por parte de las autoridades mexicanas.

Los indocumentados, señala el sacerdote, son materia prima de negocios ilegales, también son usados como cajeros automáticos y con fines políticos sin que a nadie le importe.

Su catilinaria contra las autoridades nacionales incluye el reproche de que "quiere ser un policía para sus hermanos del sur" cuando "ni tres ni veinte Donald Trump van a evitar que sigan llegando a México y a Estados Unidos".

Su llamado a "abrazar a los migrantes" no ha generado solamente un eco fraternal, prueba de ello son los guardaespaldas que acompañan a Solalinde luego de un par de encontronazos con autoridades legales e ilegales.

En su historial reciente se encuentran incidentes como la animadversión de un delegado del Instituto Nacional de Migración que lo acusó de "pollero" (persona dedicada al tráfico de personas).

En junio de 2008 una multitud encabezada por autoridades municipales de Ixtepec se encaminó hacia el albergue de Solalinde para quemarlo. La ambigüedad del enunciado no es gratuita, los agresores querían prender fuego al refugio, luego revelaron que pretendían hacerle lo mismo al sacerdote.

Acusaron al padre de que en su refugio se cometían actos de violación y tráfico de migrantes con el consentimiento de Solalinde.

El personaje incómodo en que se ha convertido el sacerdote fue construido con un altavoz. El sonido amplificado decía que el auge del secuestro de ilegales coincidió con el sexenio de Felipe Calderón y la militarización del combate al narcotráfico.

También apuntaba sus decibeles hacia Ulises Ruiz Ortiz, exgobernador de Oaxaca. El sacerdote acusó al político priista de fungir como una de las cabezas de la mafia que vio en los ilegales una inigualable oportunidad de negocio.

LA FOSA DEL MIGRANTE

La masacre de San Fernando, Tamaulipas, dejó el registro de 72 migrantes asesinados. En mayo de 2012, en Cadereyta, Nuevo León, hubo una réplica de esa barbarie: 49 personas asesinadas y desmembradas, también 'sinpapeles'.

Organizaciones como el Movimiento Migrante Mesoamericano y personajes como Alejandro Solalinde reclaman al gobierno mexicano porque no hay un dato, grande o pequeño, ni una aproximación, cercana o lejana, acerca de la cantidad de fosas clandestinas existentes en territorio nacional. Las linternas que llaman a investigar dirigen su luz insuficiente hacia Tabasco, Veracruz y Chiapas. En esos estados se ha ubicado el origen de los secuestros masivos.

Asociaciones centroamericanas tienen contabilizadas 20 mil desapariciones de ilegales, pero son solamente los casos en los que una familia busca a su ser querido. Reportes de instancias mexicanas como la CNDH ponen en 70 mil la cifra de 'sinpapeles' desvanecidos.

Otro comentario recurrente sobre la deficiente actuación del gobierno mexicano resalta su incapacidad para identificar a las víctimas cuyos restos sí son encontrados. En el caso de los 72 en Tamaulipas, por ejemplo, 13 fueron enviados a la fosa común sin haber dado con su identidad.

Familiares de desaparecidos en la ruta hacia un futuro mejor como las mujeres que desde 2004 integran la Caravana de Madres Centroamericanas Puentes de Esperanza no dudan a la hora de definir a México como una "fosa clandestina para la población migrante".

Este problema, sin embargo, no es exclusivo de los ilegales. El gobierno mexicano tiene registro de 27 mil 659 personas con paradero desconocido en el período 2007-2015.

LOS REPORTES

Un breve recorrido por notas informativas que recogen hallazgos de contingentes ilegales por parte de las autoridades migratorias mexicanas permite descubrir tres cosas: los centroamericanos ven interrumpido su viaje por cuestiones triviales como una infracción de tránsito; los rescates de indocumentados se realizan en buena medida gracias a reportes anónimos; la suerte también juega.

El 13 de junio de 2016 en Fresnillo, Zacatecas, elementos de la Policía Federal que realizan revisiones aleatorias encontraron un par de autobuses en los que viajaban 102 individuos que no acreditaron su estancia legal en México.

El 3 de junio una denuncia ciudadana derivó en un operativo policíaco que permitió el rescate de 18 centroamericanos en Veracruz.

El 30 de mayo elementos de la Policía Federal adscritos en el Estado de México detuvieron una camioneta. El conductor había excedido el límite de velocidad. En el vehículo viajaban hacinados 42 migrantes.

El 26 de mayo en Reynosa, Tamaulipas, la Secretaría de la Marina Armada de México rescató, gracias a una denuncia anónima, a nueve indocumentados secuestrados.

Ese mismo día en Tlaxcala, la Policía Federal frustró el viaje de 21 migrantes 'sinpapeles' al detener un vehículo de carga. Un reporte ciudadano había alertado sobre el posible robo de la unidad.

El 22 de mayo en Oaxaca elementos de la Policía Federal hallaron a 60 guatemaltecos en un camión. La revisión se efectuó porque el chofer no traía puesto el cinturón de seguridad.

El 21 de mayo en Tamaulipas, la Armada rescató a 24 migrantes y cinco mexicanos secuestrados por una banda de traficantes de personas. Las fuerzas de seguridad recibieron el reporte de que delincuentes habían raptado un camión de pasajeros.

El 4 de mayo la Policía Federal rescató a 18 personas en Piedras Negras, Coahuila; el 27 de abril, los marinos mexicanos realizaron un operativo en Reynosa, Tamaulipas y el resultado fue de 23 puestos a salvo; en esa ciudad la Armada también liberó el 21 de abril a 49 cautivos y el 19 de abril a 13 víctimas. En estos casos una llamada anónima aparece como el detonante de la acción.

El 30 de abril un chofer que viajaba sin el cinturón de seguridad fue detenido, esto en la carretera Saltillo-Torreón. La carga eran 28 guatemaltecos, seis salvadoreños y un brasileño.

Ya para terminar, el 9 de febrero pasado una explosión de gas en Reynosa permitió descubrir una casa de seguridad donde un grupo delincuencial mantenía secuestrados a 60 centroamericanos. Llevaban más de una semana privados de su libertad.

CONTRASTE

En Europa se debate acerca de los migrantes que huyen de la violencia en Irak y Siria. Una nota discordante que enturbia el diálogo es la xenofobia que se respira en varios de los países receptores.

La ultraderecha en naciones como Polonia o Francia se posiciona en los espacios de representación popular merced a un discurso atronador que rechaza a esos que huyen de sus lugares de origen y vienen a robarse los empleos o incluso a cometer actos terroristas en las naciones de acogida.

En Estados Unidos el candidato republicano a la presidencia, Donald Trump, suma simpatizantes a partir de promesas como levantar un muro en la frontera sur y obligar al vecino a pagar la construcción además de emprender un ambicioso programa de repatriación de los millones de irregulares que habitan en territorio norteamericano.

Mientras tanto, en México, el debate a propósito de los migrantes es muy distinto y al parecer sólo se da en los espacios de las organizaciones no gubernamentales y los espacios informativos.

En las intervenciones el Instituto Nacional de Migración (INM) es pintado como una instancia deficiente, opaca en la administración de sus recursos y con personal sin la capacitación adecuada.

Asociaciones como el Instituto para la Seguridad y Democracia critican que el INM ni siquiera ha sido capaz de adaptarse a la nueva ley de migración que se aprobó en mayo de 2011.

También reprochan al instituto migratorio que utilice su inclusión en el Sistema Nacional de Seguridad Pública para reservar información con el criterio de que son asuntos delicados para la seguridad del país. El INM, señalan, entiende por transparencia proporcionar datos sobre migrantes asegurados, cambios en la nómina y poco más.

MIGRACIÓN AL NATURAL

¿Y cómo ven los indocumentados a su paso por México? Para dar una respuesta, algunos versos hechos por 'sinpapeles' y recogidos en la Casa del Migrante en Coahuila (los textos completos están disponibles en circulodepoesía.com).

"Salí de mi país, Honduras, dejando a mi mujer embarazada.

Hice caso omiso de lo que me decían: en el camino asaltan, secuestran y matan".

(Juan Ramón Martínez. Honduras)

"Señor, ayúdame.

Nuestro camino es una cacería sangrienta.

Nuestra sangre cubre las tierras mexicanas.

Nuestro destino, un secuestro y dolor para nuestras familias".

(Ernesto y Vicente)

"Si tú supieras lo difícil que es caminar por este sendero

estar lejos de mi patria y de mi gente amada

no me perseguirías, me abrazarías y en mi llanto me acompañarías".

(Junior)

Ya sea en los testimonios recogidos por la CNDH o en los versos escritos al amparo de un hogar temporal, la sensación que despiden las palabras de los indocumentados es la tierra de la que nacen oraciones reprobatorias como la acuñada por el padre Solalinde para ilustrar la postura de México ante los provenientes del otro lado del Suchiate.

El sueño de los irregulares que se internan en México, ese que apunta las puntas de los pies hacia el norte ya era suficientemente complicado cuando sólo tenían que enfrentarse a la Bestia ferroviaria, animal que cobra muertes o miembros mutilados al amparo del descuido o el cansancio, o a los polleros ávidos de incrementar las ganancias y disminuir los costos.

Ahora el camino está poblado de trampas inflexibles y caer en ellas conduce hacia otra dimensión, una en la que no existen más ni el dólar de dientes amarillos, ni el devaluado prestigio de un país que daba asilo a quienes lo necesitaban, ni la Bestia, ni los retenes migratorios, ni siquiera el pasado que cada uno carga consigo.

México, así le llaman a esa dimensión. Entre guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y demás también le nombran el valle de la muerte del migrante.

Correo-e: bernantez@hotmail.com

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