Son cinco los mensajes más trascendentes que pronunció el Papa Francisco durante su existosa peregrinación por México.
El primero fue el enérgico llamado -por no decir jalón de orejas- que el Sumo Pontífice dio a los cardenales y obispos mexicanos durante la reunión que sostuvieron el sábado pasado en la Catedral de México.
El Obispo de Roma les dijo a sus colaboradores que trabajen con transparencia y fuera de la oscuridad, les pidió que no se dejen corromper por el materialismo trivial y que tampoco pongan su confianza en los "carros y caballos" de los faraones actuales.
Los exhortó a que cuando existan diferencias entre ellos, se hablen de frente, como hombres y se pidan perdón de ser necesario.
Les urgió a estar más cerca de sus sacerdotes y los invitó a "cansarse sin miedo en la tarea de evangelizar".
En pocas palabras, el Papa quiere obispos de tiempo completo, dedicados a la evangelización y dejar a un lado las relaciones sociales y trivialidades.
El segundo mensaje en importancia ocurrió en Palacio Nacional, cuando Francisco dijo ante el presidente Pena Nieto, secretarios, gobernadores y congresistas, lo siguiente:
"La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficios de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia, e incluso, el tráfico de personas".
Más claro ni el agua, ya veremos si nuestros políticos se dan por aludidos o simplemente dejan pasar la crítica como tantas veces sucede en México.
El llamado a reivindicar a los indígenas y a los pobres del país fue otro de los aciertos del Papa Francisco.
En San Cristóbal de las Casas, donde se viven los más altos niveles de marginación y pobreza, Su Santidad dijo que todos debemos aprender a pedir perdón ante tal realidad y sumarnos a una cruzada por atender a los más necesitados.
Efectivamente en México nos hemos acostumbrado a vivir una división de clases que en otros países resultaría ofensiva por no decir injusta.
Y no se trata de quitarle a los ricos para darles a los pobres, sino como lo planteó el Santo Padre, se trata de construir juntos una mejor sociedad en donde existan oportunidades para todos.
La cuarta enseñaza se refiere a la renovación del sistema carcelario. Ante la tragedia del penal de Topo Chico, en Monterrey, como en otros incidentes del pasado reciente, las palabras del Pontífice toman mayor valor.
En Ciudad Juárez, el Papa llamó a crear un sistema de salud social que busque prevenir aquellos caminos que lastiman el tejido social.
Dijo Francisco que nos hemos olvidado que lo más importante es la vida de las personas y promover procesos de rehabilitación que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares de los reclusos.
Quinta enseñaza que no la última, se refiere en nuestra modesta opinión, al fervor y cariño que el Papa demostró hacia la Virgen de Guadalupe.
El Santo Padre no le pide milagros a la Guadalupana ni que cumpla sus sueños, la percibe como una madre protectora de sus hijos, pero como la madre que pide a sus hijos ser embajadores para construir nuevos santuarios como nuestras familias, comunidades, obras sociales y de misericordia.
Una Virgen que también nos exige y empuja a resolver nuestros problemas y no esperar a que ella los resuelva.
Fue sin duda una gira excepcional la de Francisco con mensajes directos y de gran contenido, habrá que analizarlos más a fondo y extraerles el mayor beneficio posible.
APUNTES FINALES
Entre las anécdotas del viaje papal nos quedamos con dos: la primera cuando Francisco -visiblemente cansado- les habló en italiano a un grupo que lo esperaba en la Nunciatura Apostólica, hasta que su escolta lo corrigió.
La segunda cuando regañó de manera enérgica a un joven que lo jaló del brazo en el momento que Su saludaba a niños enfermos.
Fue como la figura del padre que reprende al hijo por una falta grave y donde Francisco mostró su carácter y firmeza.
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