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Nuestra salud mental

Dr. Víctor Albores García

ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL, A.C.

(PSILAC)

CAPÍTULO ESTATAL DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA

ADOLESCENCIA EN EL SIGLO XXI

CUADRAGÉSIMA NOVENA PARTE

Con o sin celulares, iPads, tablets, facebook, twitter y todos las demás redes sociales e inventos maravillosos que idealmente solucionan la comunicación humana en nuestros tiempos, la realidad es que llega un momento en el ciclo vital en el que los adolescentes necesitan separarse de sus padres y éstos igualmente necesitan separarse de sus hijos, para que ambos adultos y adolescentes puedan continuar su camino, facilitar su desarrollo y continuar adelante en el natural movimiento espiral de la vida. No sólo se trata de una preparación biológica, que arriba como parte de la naturaleza humana y que surge tan obviamente a partir de esas diversas señales físicas, sino que también se trata de encontrar una preparación psicológica y sociocultural, en la que las señales no son tan obvias y dependen preponderantemente de la educación recibida y de las experiencias adquiridas en esos primeros años de la vida. A pesar de que los padres seguirán siendo padres (y por supuesto también hijos) y los hijos seguirán siendo hijos (para luego quizás convertirse en padres) en las épocas futuras, esta etapa de la adolescencia se convierte todavía en casi la última oportunidad educativa en el hogar, en que los padres ayudan a los hijos a conservar sus valores, a que aprendan a poner límites y a ejercitar sus controles internos, así como a desarrollar sistemas de orden y disciplina tanto internos como externos que precisamente les facilitará obtener un equilibrio en estos años tan desordenados, desequilibrados y confusos que vivimos, en un país especialmente desordenado, incoherente y confuso como es el nuestro. Es casi la última oportunidad para reforzar esos vínculos amorosos y dependientes que se dan dentro de la familia, lo que funciona precisamente como una plataforma de despegue que les permite a los adolescentes experimentar y valorar la seguridad y confianza que encuentran en el hogar, en sus padres y en la familia, lo que naturalmente les facilitará buscar las diferentes opciones de separación e independencia que necesitan para paulatinamente emprender el vuelo, de acuerdo a su ritmo y a su estilo muy particular. Me parece que tantos padres en ocasiones tienden a olvidar ese concepto del tiempo y del ritmo que cada individuo tenemos de acuerdo a nuestro temperamento y personalidad, de modo que algunos empujan anticipadamente a sus hijos a volar y separarse antes de tiempo, cuando ni ellos ni los chicos están realmente preparados, lo que resulta generalmente en fracasos y decepciones para unos y otros. En otros casos, por el contrario, hay padres que se aferran a los hijos con inseguridad y desconfianza en sus propias capacidades, así como las de ellos, lo que definitivamente retarda el despegue y hasta puede prolongarlo por tiempo indefinido, ante el miedo prominente a crecer y a dejar atrás la juventud, no sólo de los hijos, sino de los padres mismos, de frente al envejecimiento como esa amenaza fatal y atroz que se cierne más implacablemente todavía en nuestra época y sobre lo que realmente no tenemos control alguno. Así pues es entonces ésta una tarea vital en el desarrollo de padres e hijos adolescentes: la de facilitar dicha preparación biológica, psicológica y sociocultural para todos, de acuerdo a su ritmo y estilo, buscando el mejor despegue posible en estos tiempos tormentosos (Continuará).

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