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Opciones evidentes para nuestro comercio exterior

JULIO FAESLER

Sin sentirlo, nos fuimos colocando como un país con significación propia en el comercio mundial. El crecimiento de nuestras exportaciones explica que más del sesenta por ciento de nuestro PIB provenga del comercio exterior.

La existencia de las rebajas arancelarias para nuestras ventas a los Estados Unidos debida al TLCAN hace que en el caso de que este acuerdo trilateral desapareciese, nuestras ventas al área tendrían que cubrir los impuestos de importación normales. Esto tendría serias consecuencias para nosotros y, ciertamente, para los Estados Unidos donde subiría el costo de los muchos productos agrícolas e industriales que nos compran. La decisión perjudicaría a su economía al encarecerle los componentes industriales que importa de México y vaciaría los campos agrícolas de la indispensable mano de obra que nuestros emigrados le aportan.

Dejar, por otra parte, sin el sostén del acuerdo trilateral a más del ochenta por ciento de nuestra exportación total nos obligaría a buscar sustituir el TLCAN con nuevos acuerdos preferenciales, trabajosamente negociados de uno en uno.

La coyuntura actual subraya nuestra gran dependencia del mercado de nuestro vecino al norte y que es necesario de que el TLCAN sobreviva la visión negativa que el futuro presidente tiene de él.

La diversificación de nuestros mercados internacionales ha sido el mensaje, repetido hasta la saciedad desde los tiempos del Instituto Mexicano de Comercio Exterior (IMCE) en 1971 cuando las exportaciones no representaban ni el 10 % del PIB. Hoy día la amenaza de una temida decisión nos enfrenta a la negligencia nacional que llegó hasta el alardear la inutilidad de políticas en lo agrícola o lo industrial.

La urgencia de diversificar mercados para crear empleos seguirá aun en el caso de que se salve el TLCAN de extinción. La CEPAL nos previene las volubilidades, a veces imprevisibles, del comercio internacional.

La suerte del TPP ocupa buena parte de nuestra atención. La fobia que el futuro presidente norteamericano dice profesar a los acuerdos económicos regionales levanta alarmas entre los que, como se oyeron en las consultas organizadas por el Senado, se pronunciaron, a pesar de todo, por su expedita aprobación.

Sin el indispensable atractivo del mercado norteamericano, meta incuestionable de todo país exportador, el TPP, proyecto ideado como contrapeso a China quedará, exangüe, inviable. Pero la película no termina así. Para los países latinoamericanos de la Alianza del Pacífico, Chile, Colombia, Perú y México, hay otras opciones para cumplir con nuestro interés en cultivar relaciones con los países asiáticos listados en el TPP independientemente de su fracaso.

Mientras especulábamos sobre un mundo sin TPP, varios países asiáticos, encabezados por China llevan años preparando una integración regional aún más grande: la Asociación Económica Regional Integral, conocida como RECEP que, al incluir a los dos gigantes de Asia, suma un tercio de la población mundial y una gran porción del comercio mundial. Si el programa de reducciones tarifarias reúne una formidable capacidad productora, el horizonte de sus mercados es colosal. Basta sólo sumar el crecimiento económico de India y China.

El proceso de creación del RECEP no es sino uno de los fenómenos que hacen que el centro de gravedad de la economía y la política mundial se traslade inequívocamente hacia Asia. El proyecto del TPP, un esfuerzo por enderezar ese rumbo y mantenerlo en los confines de la hegemonía de Estados Unidos como líder del occidente choca con el peso de China que se manifiesta en forma clara.

Simultáneamente con el proyecto RECEP hay que aquilatar el programa de APEC, asociación que reúne a los países ribereños del Océano Pacífico, igual a 40 % de la población mundial. A su reciente reunión en Perú asistieron los jefes de estado de dichos países. Entre los asistentes, destacaron Xi Jinping, Vladimir Putin y Barak Obama.

La Declaración de Lima resultante confirmó el firme propósito de crear, lo antes posible, el Área de Libre Comercio Asia-Pacífico para sumar esfuerzos hacia intercambios justos, ordenados y abiertos.

El discurso de Xi Jiping fue importante al revelar su propósito de ampliar las inversiones chinas en los países de la región. Las que ya se han hecho en Chile, Ecuador, Argentina o Venezuela en diversos sectores como energía, transporte o finanzas son una realidad. La necesidad de importar todo género de artículos, particularmente alimentos, anuncia vastas posibilidades en China para América Latina que, por cierto, México ya está aprovechando.

Los horizontes asiáticos para nuestro comercio se extienden mucho más allá del potencial de nuestro propio continente norteamericano donde, por geografía, tendremos siempre una posición privilegiada.

Sólo falta emprender una política de comercio exterior realista y con pragmática visión con constancia y sin autoengaños, la realización de nuestro impresionante, pero desaprovechado potencial.

juliofelipefaesler@yahoo.com

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