ENTRADA.- La avenida Morelos fue otro de nuestros espacios perdidos. El que fuera en los años cincuenta y sesenta el paseo de la juventud dorada de aquellos tiempos, terminó en una abandonada vía pública que daba miedo transitar después de las ocho de la noche.
Fue el dinámico gobernador y también alcalde de esta ciudad, Don Nazario Ortiz Garza, quien la pensó, proyectó y adornó en 1923 y 1925. El paseo terminaba frente a la fuente de la Alameda, más conocida a como del Pensador, aunque en realidad se trata de una réplica de la estatua esculpida por el genial Miguel Ángel para su mecenas, Lorenzo de Médicis Duque de Urbino "El Magnífico".
La avenida estaba embellecida con grandes jarrones sobre pequeños pedestales colocados en los cruceros de las calles adyacentes (todos fueron destruidos o removidos). Se sembraron las palmas que aún subsisten aunque en los setenta el presidente municipal José Solís Amaro plantó otras para sustituir las que parecía estaban por morir.
SOPA.- Sobre la avenida se construyeron en los cincuenta y sesenta los mejores edificios de la ciudad tales como el Banco de México, Hotel Elvira que en los años de la inseguridad se convirtió en el cuartel de todas las policías, el edificio Monterrey, el edifico González Cárdenas en donde tenían su despacho algunos de los abogados más reconocidos como Don Felipe Sánchez de la Fuente, Raymundo Córdova Zúñiga y Manuel Negrete, entre otros. Abajo la Cafetería La Rambla centro de conjuras y comentarios inacabables de cafetómanos componedores del mundo.
Por ahí el edificio de departamentos de don Hilario Esparza rematado con una enorme antorcha iluminada y en la planta baja, la cafetería de Los Globos especialista en parejas de novios.
El cine Princesa que acabó sus gloriosos días como un triste corralón; rumbo al oriente peluquerías, mueblerías, la Librería de Faedo, la relojería del Mago de Los Relojes, El Cairo con comida libanesa, el Estudio de Sosa. Más al oriente, el enorme Hotel Nazas de la Familia Estrada que fuera en sus tiempos orgullo de los laguneros pues se aseguraba que era el hotel más alto y lujoso del país. Éste con sus cafeterías, restaurantes y salones de fiesta que dieron fe de las buenas épocas algodoneras en Torreón. Por el mismo rumbo la farmacia y cafetería Benavides. Más adelante el Palacio Federal hoy también en remodelación.
PLATO FUERTE.- En aquellos años el paseo dominical de la juventud dorada, consistía simple y llanamente en dar vueltas en automóvil sobre la avenida Morelos hasta la plaza de Armas para retornar nuevamente por la Morelos hasta la Alameda. Ahí era obligatorio el estacionamiento frente al famoso Salón Alameda, llamada la cantina más grande de México, pues tenía servicio de cerveza al auto y a lo largo de cuatro cuadras estacionados en batería.
Por las noches aquella juventud dorada caminaba por la plaza en sentido encontrado buscando novia o novio. Muchos matrimonios laguneros ahí se fraguaron. Terminado el paseo se podía cenar en el Apolo Palacio, en la Copa de Leche, en el agringado ABC, en Los Globos o en las terrazas del Hotel Elvira o del Hotel Nazas.
Toda aquella alegría de los laguneros se apagó. Esos rumbos se convirtieron en áreas prohibidas para todos. Daba miedo visitarlos por la terrible inseguridad que reinaba en Torreón.
Parecería que todo aquello se había perdido para siempre y que nunca podría ser recuperado. Sin embargo, hoy se ha logrado rescatar el añorado espacio público que nos había sido arrebatado durante los terribles años de la inseguridad.
Con el nuevo Paseo Morelos se logra regenerar un área de la ciudad. En ella ya se abrieron nuevos negocios, oficinas y servicios y más se abrirán en el futuro generando nuevos empleos.
POSTRE.- El nuevo Paseo de la Morelos es ya un ícono de nuestra ciudad. La actual seguridad nos permite presumir una obra que nos enorgullece a todos y que es resultado del espíritu renovador de la actual administración de Miguel Ángel Riquelme Solís y el incondicional apoyo del gobernador Rubén Moreira Valdez.
Al recate de las áreas públicas se sumará la construcción del que será otro ícono de la ciudad, el teleférico.
Con las obras del Paseo de la Morelos, Torreón retoma nuevos alientos y una renovada confianza en su futuro para seguir siendo "La ciudad de los grandes esfuerzos".