Sacramento
La capital de California, uno de los estados más ricos de Estados Unidos, es un lugar en el que el viajero aprende, una ciudad que se disfruta con todo y las contradicciones que paso a paso devela.
California es uno de los estados más activos económica y políticamente hablando, con mayoría de población latina (según el censo de 2015), en ese país vecino que tanto se esfuerza por evadir la legalidad de sus inmigrantes. Sacramento, su capital. El miedo no anda en burro y en esta ciudad se percibe el temor en los hogares de inmigrantes ilegales que luchan todos los días por pasar desapercibidos, además de ganarse el pan de todos los días. A nadie parece importarle, al final de cuentas de cuentas la economía crece a la par que crece la población latina.
En el parque central, frente al inmaculado capitolio, el viajero no puede más que cuestionarse estas cosas. Sentado en la comodidad de su trinchera se observa que los inmigrantes no están afuera, se les encuentra dentro, en los hoteles, tras los mostradores de las tiendas, en las casas haciendo los aseos, en los supermercados, etcétera. Un edificio blanco de estilo neoclásico se yergue majestuoso entre grandes árboles y jardines perfectamente arreglados como símbolo del poder, grandes columnas simbolizan la justicia griega de una política incongruente e hipócrita. Esta es la realidad, realidad al alcance de cualquiera que observe más allá de los simples ojos de un turista.
Uno se pierde entre los bellos jardines del parque del capitolio al igual que entre las numerosas tiendas del centro comercial que llevan al viajero a remontarlo al inicio de la ciudad. De la actualidad a la historia lo separa un puente de metal y una calle de concreto. Caminar por las calles del viejo Sacramento es retroceder doscientos años en el tiempo, a una época de máquinas de vapor y caballos percherones, del paso de la madera al metal, el mundo moderno. Una pequeña ciudad construida para evocar la nostalgia de otra época, y por supuesto para activar la economía de una zona en decadencia.
Las ciudades siempre comienzan a orillas de un río, en el puerto del río Sacramento hay un barco que en otros tiempos era propulsado a vapor por un rodillo rojo gigantesco, transportaba pasajeros desde Sacramento hasta el puerto de San Francisco; hoy es un hotel y restaurante. A un lado, un hermoso puente de metal remachado con dos altas torres amarillas, une al viejo Sacramento con la parte occidental de la ciudad. Bordeando la orilla del río se llega hasta la estación de tren Central Pacific, un bello museo que revive la experiencia de la línea ferroviaria que hiciera prosperar la zona rápidamente. Hermosos vagones del Union Pacific descansan en las vías, mientras el chiflido a vapor de un tren en movimiento alerta al viajero que su viaje está próximo.
Frente a la estación, una hilera de casas de madera de la época del lejano oeste con sus barras que se usaban para amarrar y alimentar a los caballos, adorna una gran explanada verde. Hoy su lugar lo ocupan sofisticadas máquinas de gasolina al estilo 'chopper' estacionadas afuera de los establecimientos, junto a grandes carrozas de maderas coloridas tiradas por caballos percherones. Un personaje que parece imitar a Davy Crockett, con su boina de cola de coyote, camina por la calle junto a una animadora de niños que infla globos con sus coquetas mejillas pintadas con graciosos puntos negros imitando pecas. Aparadores con maniquíes de jóvenes seductoras mostrando disfraces, tiendas de tatuajes, bares y restaurantes que ofrecen al viajero la experiencia de vivir en otra época, esa época de vaqueros e indios que tanto rememorara de forma romántica el cine de Hollywood. Con todo y sus contradicciones, Sacramento es un lugar maravilloso por visitar, un lugar que enseñará tanto a quien la visite.
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