EDITORIAL Columnas Editorial Caricatura editorial

También los ecosistemas y la biodiversidad importan (1)

A la ciudadanía

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ

El sábado pasado participamos en un reconocido programa de radio para comentar acera del apartado de Medio Ambiente de la Agenda Ciudadana que la asociación civil Renacer Lagunero facilitó en su proceso de construcción, un interesante ejercicio hasta ahora único en su visión regional y los actores participantes, básicamente académicos, empresarios, activistas de organismos civiles y ciudadanos en lo particular.

A la acertada pregunta de un radioescucha sobre cuál creíamos es el principal problema socioambiental de la Comarca Lagunera, la respuesta inequívoca fue el agua, no sólo en la percepción de algunos de los que estábamos ahí, sino en la propia consulta de los participantes en la mesa de Medio Ambiente, ya que de las 63 propuestas que se hicieron 23 correspondían a este tema.

Ciertamente, la llamada problemática hídrica sigue siendo el gran pasivo ambiental que los laguneros enfrentamos como reto central para recuperar nuestros recursos naturales y mejorar la calidad de vida de la población, una cuestión que ya tiene medio siglo y que, lamentablemente, no se ha resuelto o las opciones para hacerlo son insuficientes, por el contrario, continúa agravándose.

Pero no sólo el problema del agua es grave en la región, también enfrentamos la degradación de los espacios declarados como áreas naturales protegidas, mismos que si bien representan una reducida proporción del territorio regional, alrededor del siete por ciento, son, quizá con algunos pocos más que falta agregar, los pocos que nos restan donde aún tenemos ecosistemas naturales en un estado más próximo a su condición originaria y, desde luego, donde también se alberga gran parte de la biodiversidad regional, al menos la registrada hasta ahora.

De las cinco áreas naturales protegidas declaradas que compartimos los laguneros, dos de ellas enfrentan constantes amenazas que nos preocupan a quienes nos vemos involucrados en su administración, ya que en ambos casos se realiza una gestión ciudadana puesto que es ejercida por las asociaciones civiles, Prodefensa del Nazas en el Parque Estatal Cañón de Fernández y Fundación Jimulco en la Reserva Ecológica Municipal Sierra y Cañón de Jimulco, la primera ubicada en el municipio de Lerdo y la segunda en Torreón.

Pocos laguneros conocen la existencia de estos reservorios naturales y aún menos la importancia que tienen no sólo para la conservación de la naturaleza, sino también para el desarrollo económico y la vida de la población que habitamos en La Comarca Lagunera. Por ello es importante que aprovechemos estos espacios que nos facilitan medios de comunicación para informar a nuestros paisanos sobre ellos.

El Parque Estatal abarca una superficie de 17,000 ha, es quizá, el sitio con mayores valores escénicos por el flujo de agua del Río Nazas que le atraviesa, razón por la cual constituye un humedal reconocido internacionalmente como Sitio Ramsar, una denominación que lo hace destacar y, debiera ser, motivo de atención gubernamental y ciudadana en la protección y conservación de sus ecosistemas y la fauna y flora silvestre ahí residente. De esa superficie el 85 % es propiedad social de cuatro ejidos, el 7.0 % propiedad privada y el restante son tierras federales y nacionales.

El Cañón de Fernández se declaró espacio protegido por sus valores ambientales porque los ecosistemas ahí existentes, en este caso una asociación de acuáticos y terrestres, proveen servicios ambientales que nos benefician a los laguneros de manera aparentemente intangible porque desconocemos o no valoramos su función como filtro que mejora la calidad del agua que fluye sobre el cauce limpiando contaminantes que derivan aguas arriba, es una importante zona de recarga del acuífero, de captura de carbono y generación de oxígeno, entre otros.

Lamentablemente, algunos laguneros no apreciamos su importancia y al visitarlo o residir en ese espacio asumimos una actitud de escaso respeto por la naturaleza; en el primer caso, al ser un sitio concurrido por miles de personas al año, la escasa cultura de no pocos deja su huella destructora al generar desechos que contaminan, destruyen plantas como sucede con los motociclistas que usan sus corredores como pistas o cuando hacen sus carnes asadas y no secan sus fogatas creando una amenaza de incendios, o las extraen.

Estas prácticas al no ser reguladas convierten al turismo en una amenaza, y mientras no se dote de infraestructura suficiente que soporte la carga humana de quienes la visitan, se involucre a los pobladores residentes en acciones de vigilancia o de orientación a esos visitantes, el turismo tiene que ser limitado.

En el segundo caso, en el área residen de manera permanente las personas de las comunidades que también poseen tierras donde se ubican sus poblados, sus parcelas agrícolas y eriazos, y de manera no permanente los concesionarios de la franja federal, en su mayoría personas que viven principalmente en las ciudades de la zona metropolitana.

Entre los lugareños se ha producido una valoración del lugar y de alguna forma han sabido convivir con ese entorno natural, sus actividades productivas, básicamente agrícolas, pecuarias, pesqueras y ahora también de turismo de naturaleza, son casi las mismas que se practicaban antes de que se incorporaran sus terrenos dentro del área natural protegida, aunado a que han integrado un comité de vigilancia y han recibido beneficios de programas oficiales que les generan empleo e ingresos complementarios a los que obtienen de las anteriores actividades, destacando este año el pago por servicios ambientales que recibe el ejido El Refugio.

No ocurre lo mismo con algunos concesionarios que han ampliado sus construcciones, tal parece que no han advertido que su presencia en el área, comúnmente intermitente, debe ser de convivencia armónica con la naturaleza, que estos reservorios naturales son espacios donde es necesario mantener la vida silvestre ahí existente y no son sitios donde pretendamos trasladar nuestro concepto de finca urbana para la recreación provocando daños en el hábitat, particularmente fragmentándolo. (continuará)

Leer más de EDITORIAL

Escrito en: A la ciudadanía

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 1236337

elsiglo.mx