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Vulgar y corriente

Opinión - Jaque mate

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SERGIO SARMIENTO

No, no voy a aburrirlo a usted con una discusión más de lo que se espera en política económica o migratoria en el gobierno de Donald Trump. México y el mundo han sufrido una verdadera avalancha de análisis sobre estos temas desde el sorpresivo triunfo de Trump el pasado 8 de noviembre. Seguramente usted ya sabe más de lo que quiere saber sobre lo que Trump hará o no hará con el TLC y el muro.

Me preocupa otra cosa más sutil, pero que quizá en el largo plazo pueda ser más importante. El triunfo de Trump no es sólo el de un populista, sino el de un hombre narcisista, intolerante y grosero.

Muchos políticos son arrogantes, pero con el tiempo se acostumbran a mostrar por lo menos alguna humildad en público, aunque sea con el fin de evitar un castigo de los electores en las urnas. Trump, sin embargo, no ha mostrado hasta ahora ninguna humildad o siquiera buena educación. No lo ha hecho durante décadas como empresario. Tampoco en su reciente incursión a la política que ha concluido con su elección a la Casa Blanca.

No hay duda de que Trump es un hombre vulgar y corriente. Una grabación de 2005 lo exhibió mientras comentaba que para seducir a una mujer hay que agarrarla de sus partes privadas. “Puedes hacer cualquier cosa”, añadió.

Cualquier cosa podía hacer Trump en su campaña. Una vez que la periodista Megyn Kelly de Fox News lo cuestionó por haber llamado a las mujeres que no le gustan “cerdos gordos, perras, haraganas y animales repugnantes”, Trump respondió en Twitter: “A ella le salía la sangre por los ojos, le salía de su lo que sea”.

A un periodista del New York Times que padece de convulsiones lo imitó en burla. A sus rivales, como Ted Cruz, Mark Rubio o Hillary Clinton, los describía constantemente con descalificaciones, como “el mentiroso Ted Cruz” o “la delincuente Hillary”. A la esposa de Cruz la mostró en Twitter con una fotografía para exhibirla como fea. A Hillary la interrumpía una y otra vez en los debates que tuvieron.

Los medios de comunicación ofrecían casi todos los días información que evidenciaba la mala educación del candidato republicano. En algunos casos el esfuerzo tuvo éxito. El audio en que habla de que a las mujeres para seducirlas hay que tomarlas de los genitales, sí afectó su popularidad, pero sólo de forma temporal. Al final casi 60 millones de estadounidenses votaron por Trump sin importar su mala educación.

Trump ha exhibido otro comportamiento público, más comedido, tras haber ganado la elección el pasado 8 de noviembre. Él mismo se da cuenta de que ahora le tocará ser presidente de Estados Unidos y tendrá que mostrar, cuando menos públicamente, una mayor educación. Pero es poco probable que este cambio sea permanente. Cuando empiecen las presiones del ejercicio del gobierno, supongo que volveremos a ver al Trump de siempre.

Me preocupa, por supuesto, la aplicación de las propuestas de Trump. La abrogación del Tratado de Libre Comercio, por ejemplo, tendría consecuencias devastadoras no sólo para México sino también para Estados Unidos. Trump no parece tener la capacidad intelectual para entenderlo. Pero lo más inquietante es que una persona grosera e intolerante difícilmente tendrá la apertura para escuchar y sopesar puntos de vista diferentes.

Twitter: @SergioSarmiento

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