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Artrosis: inmovilidad en progreso

Una causa de discapacidad en la tercera edad

Foto: Archivo Siglo Nuevo

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FABIO PÉREZ VÁZQUEZ

Su evolución es lenta, pero sus efectos son considerables. Un escenario frecuente permite ver perjudicadas las articulaciones de la columna vertebral, caderas, incluso manos.

Si uno piensa en sentarse, pararse, caminar, correr, saltar y demás, lo hace y ya, sin pensar mucho en la parte del cuerpo que lo hace posible. La rodilla, esa bisagra del cuerpo, cumple a la perfección su rol de pasar desapercibida mientras el movimiento o la quietud hacen lo suyo.

Sus componentes esenciales son los huesos, ligamentos y músculos. La mención especial, en esta ocasión, va para el cartílago, una elástica estructura que se encarga de resistir las fuerzas externas y dar paso a las acciones mencionadas al inicio de estas líneas.

Las proezas relacionadas con la dinámica corporal pueden acabarse de muchas maneras; las que tienen su causa en ese nexo ubicado a la mitad de las extremidades inferiores ya son menos; dentro de ese reducido inventario, una que se destaca, por ser motivo frecuente de discapacidad en adultos mayores, es la artrosis de rodilla.

Su origen va unido a una alteración del cartílago que suele presentarse por el desgaste de la articulación. Una vez desarrollado, este mal también afecta a músculos y ligamentos.

Padecer esta afección no es inaudito, sobre todo cuando se supera las tres décadas y media de vida. Su evolución es lenta, pero sus efectos son considerables. Un escenario frecuente permite ver perjudicadas las articulaciones de la columna vertebral, caderas, incluso manos.

PROGRESIVO

No existe un esquema claro acerca de a quiénes van a desarrollar este lastre para la motricidad humana.

Las piezas y las propiedades mecánicas se ven comprometidas, la estructura elástica se erosiona, se fisura, se reduce y hasta llega a desaparecer.

La pérdida del cartílago trae consigo cambios en el entramado óseo, lo que se traduce como deformaciones.

El dolor aparece, vinculado con fenómenos inflamatorios que vulneran la movilidad y la función de la bisagra inferior. Así se inicia un lento camino que despoja al aquejado incluso de las actividades cotidianas más sencillas.

Como sucede con otros padecimientos degenerativos, la detección en las primeras etapas es de suma importancia. Los tratamientos no invasivos en las etapas finales no acostumbran ser eficaces. El paciente acaba por visitar el quirófano.

Se aconseja al personal médico, cuando se evalúa la condición y se tienen indicios de que la artrosis está presente, hablarle a la persona sobre la intervención de artoplastia (operación cuyo fin es devolver la movilidad) de rodilla con el fin de que decida libremente si quiere o no someterse a cirugía. Individuos con desordenes neurológicos y emocionales severos no son candidatos idóneos si es necesario el procedimiento en la aséptica sala.

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Foto: Pfifizer

SÍNTOMAS

Dolor, rigidez y una incapacidad funcional en la articulación son signos de que algo anda mal con el nexo que facilita a las piernas el andar o arrodillarse.

La dolencia mecánica y crónica aparece al iniciar algún movimiento (al ponerse a caminar o a trotar), se mitiga y luego vuelve con fuerza. Su intensidad es calificada como leve o moderada.

Conforme la degeneración avanza, la sensación punitiva aparece con mayor frecuencia y más rapidez. Cualquier cambio de posición o tentativa de movilizarse puede desencadenarla; el reposo se convierte en un aliado importante.

Los médicos familiares suelen ser los primeros en tomar contacto con la artrosis. Dentro de los métodos de diagnóstico se recomienda la exploración manual para detectar ya sea alguna deformidad o una mala alineación.

La palpación halla dolor difuso en la zona afectada o percibir la pérdida de grados del arco articular (máxima extensión de una articulación medida desde la flexión total hasta la extensión más amplia). Con la exploración táctil es posible encontrar crepitaciones o ruidos así como detectar la presencia de molestias en los últimos grados de movimiento. Hay ocasiones en que el médico revisa y desvela un derrame articular; en ocasiones de ese tipo el profesional de la salud debe valorar si existe enrojecimiento de la zona, fiebre o malestar general, entre otros signos de alarma.

La relación de factores que intervienen en la progresión de los achaques se dividen en:

Modificables: aquí juegan la sobrecarga articular, la obesidad y la debilidad muscular.

Potencialmente modificables: esta etiqueta abarca traumas mayores, atrofia de cuadríceps y enfermedad inflamatoria articular, entre otros.

No modificables: así se denomina a la edad avanzada, a los trastornos endocrinos o metabólicos y a los factores genéticos.

TRATAMIENTO

No hay pruebas de laboratorio específicas para artrosis. Si se busca, el médico pide al paciente radiografías de su rodillas. Además, el análisis de líquido sinovial es un auxiliar a la hora de descartar otras patologías.

En las placas se visualizan señas de la afección como una disminución del espacio articular o anormalidades del contorno óseo.

Una vez que se tiene identificado al agresor, el profesional de la salud puede ofrecer a la víctima un tratamiento no farmacológico el cual consta de masajes con hielo. Cuando se trate de una sensación moderada y persistente, aplicar calor funciona.

El aquejado debe ponerse al día con ejercicios de flexibilidad, así se combate la rigidez de la bisagra deteriorada. La actividad hace de analgésico e incrementa la movilidad.

Las caminatas y los paseos en bicicleta han demostrado ser buenos agentes en la lucha contra la artrosis. Reducen el riesgo de entregar la plaza a la discapacidad y contribuyen a acercar la aguja del medidor a la casilla de 'bienestar' en la valoración del afectado.

Los cuidados a adoptar incluyen el uso de calzado adecuado, con tacón mínimo y suela de goma. No se desdeña la adquisición de plantillas de diseño. Las rodilleras son otros auxiliares a considerar.

En cuanto a los medicamentos a prescribir, el paracetamol ha demostrado eficacia para acortar el dolor.

Los antiinflamatorios esteroides son efectivos si se trata de reducir las sensaciones ingratas y estimular la funcionalidad de la rodilla, en especial si el individuo siente molestias de moderadas a graves. Poseen el defecto de causar perjuicio al sistema digestivo.

Otra opción es la de los antiinflamatorios no esteroides, más eficaces que el paracetamol si de reducir dolencia e inflamación se trata. Ofrecen la ventaja de una menor tasa de efectos nocivos en la región gastrointestinal.

Correo-e: dr.fabioperez@hotmail.com

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