Gómez Palacio y Lerdo CONGRESO DE DURANGO Gómez Palacio Detenidos

ENFOQUE

Perdón político: Vida y liberad

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN

Personaje de elevada estatura militar y política en la historia de México; sin embargo, poco se reconoce su valiosa aportación tanto a la causa de la Independencia, como a la lucha contra la invasión norteamericana;

No se le rinde el homenaje que justamente merece y del cual debemos sentirnos orgullosos los mexicanos.

Nicolás Bravo Rueda nace en el pueblo de Chichihualco, Estado de Guerrero, el 10 de septiembre de 1786; a la temprana edad de 25 años se incorpora a las filas del ejército insurgente, bajo las órdenes directas de don Hermenegildo Galeana; su actuación militar se inicia en mayo de 1811.

Participó con éxito en importantes batallas en defensa de la Patria, una de las cuales fue la de Tulancingo. Esta población hidalguense fue atacada varias veces por los insurgentes sin éxito, pues las fuerzas realistas que la defendían resistían el embate, hasta que Bravo y don Guadalupe Victoria se apoderaron de la ciudad. Bravo se estableció un tiempo aquí, fundó un periódico al que llamó "El Mosquito de Tulancingo" para propagar las ideas revolucionarias y construyó una fábrica de pólvora, ganándose el respeto y la estimación de sus habitantes.

Sobresaliente y connotada fue la participación militar de Bravo, que le valió el reconocimiento de don José María Morelos y Pavón, de quien pronto se convirtió en su más cercano y respetado lugarteniente. En el campo de la política también destacó este heroico mexicano, pues aunque con períodos muy breves, por lo convulsionado que estaba el País, fue presidente de la República en tres ocasiones: 10 al 19 de julio de 1839; 26 de octubre de 1842 al 4 de marzo de 1843, y 28 de julio al 4 de agosto de 1843.

Todas las veces en que fue presidente, intentó anular las disposiciones de Santa Anna por considerarlas nocivas para el País, según algunos; de acuerdo con la opinión de otros, siempre protegió al veracruzano; sin embargo hay un hecho que describe plenamente su alta estructura moral y política: en 1842 el Congreso pretendió aprobar una constitución que iba directamente contra los intereses personales de Santa Anna (llevaba dedicatoria, como hoy se dice) y, Bravo, que en tal época era presidente de la República, no obstante sus diferencias con aquel, ordenó a la policía que aprehendiera a los diputados y los metiera en la cárcel. Así ganó respeto y prestigio.

Desde su juventud, a pesar de pertenecer a una familia rica, pues su padre Leonardo era un próspero hacendado que también se unió a la guerra por la Independencia, Bravo fue de ideas liberales y republicanas; en un ambiente familiar de fuerte crítica y rechazo a la corona española y su gobierno, por eso luchó contra los realistas españoles, contra los conservadores y contra el imperio de Iturbide. El joven Bravo se había unido a las tropas de Morelos, a través de la persona de don Hermenegildo Galeana, quien se relaciona con otro gran insurgente don Mariano Matamoros, para ser la mancuerna destacadísima que secundó brillantemente a Morelos.

"La figura de Nicolás Bravo, poco conocida a pesar de los magnos festejos que año con año se realizan para ensalzar la Independencia, resulta sumamente notable e interesante, tanto más cuanto que es uno de los poquísimos personajes de nuestra historia que no es cuestionado por nadie. Por el contrario, tirios y troyanos se han mostrado siempre acordes en señalar a Bravo como un hombre dotado de especial valor y grandeza de alma, y cuyos relevantes méritos, honradez acrisolada y modestia sin par, le harán siempre ser recordado con admiración y gratitud por los mexicanos", dice Luis Reed en su "Historias Desconocidas de la Historia Mexicana".

A los veintiséis años, Bravo se había distinguido ya como uno de los principales estrategas del movimiento de independencia al resistir victoriosamente un sitio que en Coscomatepec le habían impuesto las tropas realistas; obtuvo varias victorias y la conseguida en San Agustín del Palmar resultó ser la más resonante y contundente, pues hizo trescientos prisioneros.

El propósito del presente Enfoque es destacar el evento que le da título a este trabajo; episodio histórico que constituye el punto culminante de la carrera política y militar de don Nicolás Bravo: "En San Agustín del Palmar, Puebla (hoy San Agustín de Bravo), el valeroso insurgente se entera que su padre, don Leonardo, había sido aprehendido durante la ruptura del sitio de Cuautla, por las fuerzas del sanguinario Félix María Calleja del Rey, y puesto prisionero por órdenes del Virrey Venegas, quien a cambio de liberarlo le exige abandonar la lucha y al ejército insurgente, de lo contrario sería ejecutado". Obviamente el héroe rechazó la propuesta.

"Al tener conocimiento de este hecho, Morelos le autoriza el intercambio de su padre por ochocientos prisioneros españoles; Venegas no acepta y ejecuta a su padre, don Leonardo, aplicándole el "garrote vil" (instrumento de estrangulamiento usado contra los reos sentenciados a morir y que rompía las vértebras cervicales del ejecutado). Ante esto, el Generalísimo responde entregando al jefe insurgente trescientos prisioneros peninsulares, ordenándole los ejecutara, pasándolos a cuchillo. Bravo, dando ejemplo de entereza, buena voluntad e inteligencia política, no sólo no los ejecuta, sino que libera a los prisioneros, diciéndoles "Quedáos en libertad", los cuales en agradecimiento se suman a las filas de la insurgencia".

Fue, sin duda, un acto inteligente de don Nicolás, riesgoso y audaz, pues significó nada menos que desacatar una orden del general en jefe del Ejército Insurgente, don José María Morelos, que produjo un perdón político en favor de los prisioneros que ya se sentían muertos: fue un Perdón Político que otorga Vida y Libertad. ¿Porqué actuó de esta manera el valeroso Nicolás Bravo, desobedeciendo a su superior Morelos? Dejemos que él mismo lo diga, insertando aquí extracto de la Carta enviada por el insurgente al historiador Lucas Alamán el 21 de febrero de 1850, treinta y ocho años después de lo ocurrido en Medellín, Veracruz, en 1812:

"Después de pocos días me comunicó el señor Morelos (17 de septiembre de 1812) que no había sido admitida la propuesta que hizo al Virrey, y que éste al contrario había mandado que diesen garrote a mi padre y que ya era muerto, ordenándome al mismo tiempo el que mandara pasar a cuchillo a todos los prisioneros españoles que estaban en mi poder: esta noticia la recibí a las cuatro de la tarde y me sorprendió tanto que en el acto mandé poner en capilla a cerca de trescientos que tenía en Medellín, dando orden al capellán Sotomayor para que los auxiliase; pero en la noche, no pudiendo tomar el sueño en toda ella, me ocupé en reflexionar que las represalias que iba yo a ejecutar disminuirían mucho el crédito de la causa que defendía, y que observando una conducta contraria a la del Virrey, podría yo conseguir mejores resultados, cosa que me halagaba más que mi primera resolución; pero se me presentaba para llevarla a efecto la dificultad de no poder cubrir mi responsabilidad de la orden que había recibido, en cuyo asunto me ocupé toda la noche, hasta las cuatro de la mañana que me resolví a perdonarlos de una manera que se hiciera pública y surtiera todos los efectos en favor de la causa de la independencia: con este fin reservé esta disposición hasta las ocho de la mañana, (18 de septiembre) que mandé formar la tropa con todo el aparato que se requiere en estos casos para una ejecución; salieron los presos que hice colocar en el centro, en donde les manifesté que el Virrey Venegas los había expuesto a perder la vida aquel mismo día, por no haber admitido la propuesta que se le hizo en favor de todos por la existencia de mi padre, a quien habían mandado dar garrote en la Capital; que yo, no queriendo corresponder a semejante conducta, había dispuesto no sólo el perdonarles la vida en aquel momento, sino darles una entera libertad para que marchasen a donde les conviniera; a esto respondieron llenos de gozo que nadie quería irse, que todos quedaban al servicio de mi División, lo que verificaron a excepción de cinco comerciantes de Veracruz que por las atenciones de sus intereses se les extendieron pasaportes para aquella Ciudad; entre éstos se hallaba un señor Madariaga, que después en unión de sus compañeros, me manifestó su reconocimiento con la remesa de paños suficientes para el vestuario del batallón". (LRT).

Que episodio de nuestra historia, ¡de película! Y lamentablemente, pocos lo conocen.

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