Los sindicatos mexicanos han sido muy buenos, sólo que no para los trabajadores. Han sido excelente negocio para los líderes, que han obtenido riquezas y poder más allá de los sueños de la enorme mayoría de los empresarios nacionales. Han sido también un instrumento de gran utilidad para los partidos políticos, porque les han permitido obtener votos y organizadores a un costo muy bajo. Hoy los distintos sindicatos realizarán manifestaciones para mostrar su poder y mandar un mensaje a los políticos. para que no cambien el trato preferencial que les dan las leyes y las políticas gubernamentales.
Los sindicatos han sido, en cambio, pésimos para los trabajadores mexicanos, que se ven obligados a recibir sueldos muy por debajo de los que podrían tener. Tampoco han sido buenos para la economía nacional, porque han deprimido de manera importante la productividad y la inversión.
Tenemos una legislación que supuestamente favorece a los trabajadores, pero que al final termina por hacerles daño. El artículo 28 de la Constitución, que en 1857 simplemente prohibió los monopolios, hoy ofrece una larga lista de actividades e instituciones en las que éstos sí se permiten. Entre ellas están las "asociaciones de trabajadores formadas para proteger sus propios intereses". Esta exención permite a los sindicatos controlar quién puede o no ser contratado por una empresa. Aun si los trabajadores no quieren pertenecer a un sindicato, no tienen más opción si desean trabajar.
La idea de que este monopolio beneficiaría a los trabajadores es falsa. Los empresarios se ven obligados a comprar contratos de protección que enriquecen a los líderes, pero no dejan beneficios a los trabajadores. Quien ha tratado de realizar un trabajo de albañilería en su casa, sólo para ser visitado por un "representante sindical" que exige dinero para no declarar una huelga, sabe que la ley está hecha para permitir la extorsión. El trabajador nunca recibirá ningún servicio de ese sindicato que cobra por él.
La "autonomía sindical" permite que el dinero de la extorsión quede escondido. Los trabajadores no reciben cuentas de recursos que supuestamente son suyos. Una vez que el dinero entra a las arcas sindicales, se pierde el rastro. Ni siquiera el SAT puede penetrar en estas fuentes de enriquecimiento ilícito.
No sorprende la legendaria riqueza de nuestros líderes sindicales. Elba Esther Gordillo, la expresidenta del sindicato de maestros, era la mejor cliente de Saks en San Diego. La hija de Carlos Romero Deschamps vuela en avión privado con su perrito para ir de compras a Europa. Ismael Flores Cantú, líder de la CTM en Nuevo León, tiene un rancho de 178 hectáreas valuado en 30 millones de pesos. Víctor Flores vive como millonario a costa de un sindicato de ferrocarrileros que ya ni siquiera tiene contratos con las empresas actuales. Napoleón Gómez Urrutia disfruta de su fortuna en Vancouver, mientras sigue controlando a la distancia el sindicato minero. Ricardo Aldana del sindicato petrolero usa relojes Panerai de más de 123 mil pesos.
No estamos viendo una simpe acumulación de anécdotas. México sufre las consecuencias de un sistema hecho para enriquecer a los líderes sindicales. Los trabajadores mexicanos tienen muy poco que festejar este primero de mayo. Los líderes, sin embargo, los obligarán a salir a las calles para defender el sistema que los ha hecho ricos.
Es una paradoja, pero este fin de semana largo Acapulco está lleno a reventar mientras sigue sufriendo homicidios sin parar. Este sábado pasado le tocó el turno a Gilberto Organista Nava, comandante regional de la policía ministerial de Guerrero.