Gómez Palacio y Lerdo CONGRESO DE DURANGO Gómez Palacio Detenidos

Crónica Gomezpalatina

Comunidades rurales gomezpalatinas desde principios de 1900

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MANUEL RAMÍREZ LÓPEZ

Para fines del Siglo XIX ya se contaba en la Comarca Lagunera con una gran actividad agrícola, pero sus tierras labrantías estaban ubicadas cerca de la ribera del río Nazas, por ser el más fácil acceso a las tan necesarias aguas para el riego. Grandes extensiones de cultivos de temporal las recibían anualmente a causa de las crecientes del Nazas, mismas que brindaban grandes beneficios, e igualmente perjudicaban a las rancherías y poblados asentados cerca de su cauce; desde luego que la llegada del líquido era eventual y cuando se presentaba con regularidad se lograban inmensas cosechas, la alegría se reflejaba por la abundancia de los alimentos básicos del pueblo, trabajo y dinero.

Cuando se ausentaban las aguas sucedía lo contrario ya que se presentaban cuadros de desolación y miseria por la falta de empleo y de productos de consumo, muchas gentes emigraban a otros lugares mientras pasaba la crisis para luego regresar a su población y volver a empezar el ciclo de vida propio de esta región.

Como hemos asentado anteriormente, el año de 1905, fue aprobado por el Congreso Local el decreto Número 60 que señalaba la formación de nuevos municipios en el Estado de Durango, creándose entonces, por la importancia que ya tenía, la Municipalidad de Gómez Palacio, siendo su cabecera la Ciudad del mismo nombre, registrando en el documento a las Haciendas: Cuba Libre, Noé, Providencia, Relámpago, Sacramento, y San José, más otras no incluidas, que sumadas con las rancherías existentes hacían un total de 83 comunidades rurales debidamente establecidas. Sus habitantes habían tenido que enfrentar situaciones muy difíciles debido a las inclemencias del clima extremadamente caluroso, la falta de agua para los cultivos y el grave peligro de las constantes incursiones de los indios bárbaros del norte que atacaban esas congregaciones, saqueándolas y asesinando a sus moradores, los que tenían que hacer causa común con los patrones para repeler esos ataques en defensa de sus vidas y territorios, para poder así continuar la lucha interminable por la propia supervivencia.

Esas duras experiencias contribuyeron a la formación férrea y decidida del carácter y a la vez al espíritu solidario de los laguneros, que no se arredran fácilmente ante las fuerzas de la naturaleza y el infortunio de las circunstancias, luchando siempre contra los retos presentes y futuros, sin hacer pausa en sus actividades, con la búsqueda de la superación y la prosperidad, misma que se traduce en estabilidad, esperanza, confianza y fe en la unidad de fuerzas y propósitos.

De esa manera, los gomezpalatinos salieron adelante en múltiples ocasiones. Cuando se vulneraron sus derechos tomaron las armas, pero más frecuentemente aportaron trabajo, esfuerzo y sacrificio, para alcanzar las metas necesarias de progreso y pujanza para contribuir al crecimiento de su región y de su patria. Nuevamente se dedicaron en gran escala a trabajar uno de los productos agrícolas más preciado en esos tiempos, el algodón, utilizando semillas mejoradas aumentaron la producción, la aceptación, y la cotización de la fibra local, elevándose la siembra en un porcentaje tan notable, que en 1908 la producción algodonera del municipio de Gómez Palacio, comparativamente, fue la más cuantiosa a nivel mundial. Muy importantes también eran las cosechas de trigo que producían después de la molienda, cerca de 20 mil kilos diarios de harina, que surtían el mercado local y el resto se vendía en diferentes partes del país, donde tenía gran demanda; el cultivo de la uva era una más de las aportaciones del campo a la economía regional; cientos de toneladas de ese fruto eran enviadas a los más importantes centros de consumo nacional, con significativas ganancias.

Lo anterior da constancia del esfuerzo y los importantes medios económicos que aportaba el trabajo rural, mismo que de haber sido valorado debidamente por los hacendados y gobierno, evitando injusticias, respetando derechos de los marginados y de los trabajadores en general, seguramente se hubiera realizado el cambio social sin violencia, evitando las muertes y daños que trajo consigo la lucha armada de 1910; demorando por años la transformación del país.

Entre los pioneros agricultores en nuestro municipio, se encontraban personajes tan laboriosos como: don Jesús Calderón, con su hacienda Las Leocadias; Donato Gutiérrez, con San José; Evaristo Velilla, con El Compás y San Felipe; los señores Peña y Luján, con Santa Rosa y Santa Cruz; Torres Hnos. y Cía., con El Relámpago; Ramón R. Luján, con Sacramento; don Santiago Lavín, con Noé, entre muchos otros agricultores del campo lagunero, la mayoría de origen español.

Lamentablemente, el latifundismo causaba agravios y perjudicaba al campesinado que carecía de terrenos propios y se veían obligados a trabajar como jornaleros acasillados, sujetos a explotación y malos tratos.

Debido a esa problemática se presentó la histórica huelga de los trabajadores de la hacienda de Manila, la cual estalló el 11 de junio de 1935, debido a conflictos por la titularidad del contrato laboral con los trabajadores entre dos sindicatos: el “Maclovio Herrera”, aliado a los dueños, y el “Librado Rivera”, que defendía a los marginados; sus demandas principales eran: incremento del salario de 0.75 centavos diarios a $ 1.50 pesos, y jornada de ocho horas de trabajo; la huelga duró 32 días y alcanzó a 107 haciendas.

El Juez Primero de Distrito en Torreón, Licenciado Arturo Martínez Adame otorgó el amparo a los últimos a pesar de las múltiples inconformidades de los hacendados que se quejaron ante las altas autoridades del país sin lograr revocar el valiente acuerdo del Juez de Distrito. El año siguiente se emitió el Decreto del 6 de octubre de 1936, cuando el Presidente Lázaro Cárdenas tomó la histórica decisión de expropiar todas las haciendas laguneras ante la oposición de los propietarios a respetar los derechos de los jornaleros agrícolas, iniciándose el reparto de tierras a los campiranos el 17 de octubre de ese año, precisamente en el municipio de Gómez Palacio en la hacienda de Los Ángeles, propiedad del señor Enrique Marroquín, y en ese mismo acto se entregó la hacienda Venecia, de la señora Francisca Luján de Suinaga.

El general Cárdenas estaba convencido de que se debía operar un cambio radical en la vida de penurias de los mexicanos y consideraba que el Estado debía impulsar con toda su fuerza las transformaciones que la Revolución no pudo lograr. El pueblo lo merecía y era además un imperativo para salvar a la nación de otra confrontación derivada de las contradicciones y desigualdades que existían, mismas que continuaban manteniendo en la pobreza y la ignorancia a la mayoría de los habitantes de todo el territorio nacional.

Con el paso de los años fue creciendo el número de poblaciones que albergaban a quienes estaban decididos a extraer los frutos de la tierra semidesértica; gracias al surgimiento de los ejidos laguneros, que florecieron gracias al empeño de hombres y mujeres que compartieron el intenso trabajo y el enorme esfuerzo, para conformar una comarca prospera y sobresaliente, que figuró en los primeros lugares de aprovechamiento agropecuario a nivel nacional. Los nuevos asentamientos estaban situados junto a las construcciones principales de las haciendas expropiadas, otorgando superficies para el usufructo colectivo de los nuevos ejidatarios, en tanto que a los hacendados se les permitió mantener 150 hectáreas de riego, que era el límite máximo que autorizaba la ley.

Entre los nuevos centros de población se encontraba el de Gregorio García; el 23 de mayo de 1918 el Congreso del Estado de Durango expidió el decreto número 62 para expropiar 100 hectáreas de la hacienda de Sacramento, “con el fin de crear el Fundo Legal de la “Villa José María Iglesias”. Los propietarios de la hacienda, en represalia ordenaron la destrucción de todas las construcciones causando severos daños a la población, por lo que nunca se ejecutó la medida.

Años después, el general Eulogio Ortiz adquirió esa superficie, la que posteriormente fue propiedad de la Sociedad Local de Crédito Ejidal de Venecia, el 15 de noviembre de 1946, en la asamblea general de ejidatarios de Venecia se acordó ceder, a título gratuito, 35 hectáreas para crear el Fundo Legal para el poblado Gregorio García, facilitando el desarrollo del centro habitacional, quedando delimitado por un plano del Departamento de Control Agrícola y Ganadero del 17 de diciembre de 1948. A partir de ese momento se formó por parte de los vecinos un “Comité pro Villa Gregorio García” quien solicitó al Congreso del Estado la declaración de pueblo libre a esa población. Siendo gobernador del estado, don José Ramón Valdés, se decretó la procedencia de la solicitud y la expropiación legal de 35 hectáreas del predio denominado “Rinconada” para poder regularizar el poblado fundándose la villa el 5 de febrero de 1953 siendo primer Presidente de la Junta Municipal de Gobierno el señor Juan Meraz.

Otro de los asentamientos que surgieron en el movimiento nacionalista del reparto agrario fue la población de J. Guadalupe Rodríguez que recibió la dotación de 358 hectáreas en homenaje a la memoria de ese activista campesino de filiación comunista, que tenía reconocimiento internacional, mismo que fue asesinado el 14 de mayo de 1929 por instrucción del general Manuel Madinaveitia Esquivel, Jefe de Operaciones en Durango, sin formación de causa, a pesar de haber apoyado al gobierno durante la rebelión escobarista de ese año, argumentando el citado general, que recibió órdenes del general Plutarco Elías Calles, Secretario de Guerra, mediante un telegrama del 13 de mayo de ese año que decía: “Proceda sumariamente en contra de J. Guadalupe Rodríguez y coacusados por robo de cartuchos propiedad del Ejército Nacional”; delito infundado y sin comprobación. Su muerte provocó manifestaciones de protesta en Argentina, Brasil, Uruguay, Estados Unidos, Holanda y Suecia, con atentados contra las embajadas de México en varios países. El gobierno del Presidente Emilio Portes Gil rompió relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, al considerar que Rusia era quien orquestaba esa conspiración.

Sirvan estos breves comentarios, para hacer conciencia entre nuestros ciudadanos de la abnegada labor del campesinado lagunero, que siempre ha luchado por su compromiso con la Patria, la familia y su terruño, sin que su trabajo sea apreciado a cabalidad a pesar de su importancia en la lucha cotidiana para producir bienes para nuestro pueblo, a pesar de los obstáculos que siempre ha tenido que superar.

ramlom28@hotmail.com

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