¿Quién es Gerardo Cantú? Fue la primera pregunta que cruzó mi mente cuando entre a la muestra que se exhibe actualmente en el Museo Arocena. Al entrar y encontrarme de frente con un paisaje del Cerro de la Silla, adivine erróneamente que es procedente de Monterrey. Pero ese pensamiento se desvaneció cuando entre un gran número de piezas - y sin mirar muy detenidamente- recordé las vanguardias y la expresión de la posguerra.
Gerardo Cantú es nacido en Nueva Rosita Coahuila, desde los 16 años empezó sus estudios en dibujo y pintura estando ya en la Ciudad de Monterrey, los cuales continuo en "La Esmeralda" Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado. A los 24 años fue acreedor a una beca para continuar sus estudios artísticos en Praga. Dentro de su obra se encuentra pequeño y gran formato así como trabajo mural. Para reconocer su obra resulta sencillo hacer un recorrido geográfico por su biografía y nos encontraremos con similitudes que retratan desde su óptica cada paso en su desarrollo artístico.
Actualmente en el Museo Arocena se encuentra una exhibición denominada "Vivencias y videncias" dedicada a este artista en particular, la muestra cuenta con un considerable número de obras que son representativas de cada etapa de su formación como artista. Incluso en algunos de ellos es posible encontrase con recuerdos de las vanguardias, quizá una inspiración que remite a Chagal o Cezzane indicios claros de su proceso de formación en Europa.
Pero hay más que eso; dibujo con tinta china que muestra un dominio técnico importante, así como una gran gama de oleos que van en evolución cronológica en la asimilación de conceptos, indicios de un constante trabajo e innovación.
De aquello que podemos encontrar en las salas de exhibición se encuentran dos paisajes en los que predominan los cielos, uno nocturno mientras que el otro es un brillante día. Una contrastante secuencia de lugares distintos pero que se complementan, ya que tienen planos similares y a simple vista podrían pasar por el mismo escenario, pero que dista de serlo y que el espectador tiene que encontrar los detalles que dan pista de ello.
También se pueden apreciar autorretratos de momentos específicos de la vida; juventud, adultez media y la entrada a la senectud. Como ejercicio artístico son fieles a la realidad pero también dan cuenta de la autopercepción y cristalizan en materia el autoconcepto, lo cual a nivel psicológico es una reflexión sobre el ser y estar en el mundo.
Resulta relevante mencionar que aunque artistas que tienen una trayectoria considerable así como un proceso de formación y obra en diversos lugares, aun es necesario trabajar en su difusión, ya que trabajo de este tipo es digno de compartir y reconocer, no solo para fortalecer la identidad nacional o de artistas del norte del país. También como fomento a que se siga produciendo arte como forma de expresión dinámica entre el autor y el espectador.