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Enojo social irracional

En desconcierto total, pasmado sobremanera, sorprendido, anonadado está el Sr. Presidente Peña Nieto con el enojo que la sociedad civil está manifestando contra él, su gabinete, y en general contra los gobernadores, delincuentes todos de cuello blanco.

Esta reacción social no es de ahora; sino que se ha venido gestando desde el segundo año de su administración; y no se necesita ser politólogo ni psiquiatra para dilucidar las causas de ese descontento del que habla el incomprendido Peña, quien insiste en hacerse la víctima de un bulling socialmente injustificado. ¿De veras es injustificado? ¿En verdad no hay razones para enfadarse con él y sus colaboradores, diputados, senadores, algunos gobernadores y ex gobernadores, quienes han abusado del poder, se han corrompido y se han unido en un pacto contra la impunidad?

Sorprende a la ciudadanía su simulada cara de ofendido, de tristeza y decepción de una sociedad que no lo comprende; que no le reconoce sus “logros”. No entiende él, (Peña Nieto) por qué, si “México está avanzando”, la sociedad no le aplaude en sus discursos. Pero la respuesta es clara, a la sociedad ya no se nos engaña tan fácilmente, podremos no contradecirlo, pero tampoco creemos en sus mentiras; y no podemos creer, porque nuestra realidad dice lo contrario a lo que él informa.

La sociedad está decepcionada, desilusionada por haber sido engañada. El presidente dijo que la reforma energética sería benéfica económicamente para el país; en esta declaración el problema es que sólo la élite política y las familias más ricas del país son, para él, “el país”. Nosotros, el pueblo, no participamos de las ganancias de esa reforma; participamos sí, comprando las gasolinas, el gas LP y los productos de la canasta básica más caros.

¿Cómo no estar molestos si se nos trata como ignorantes, cuando él mismo ha mostrado superarnos en ignorancia? ¿Cómo no sentirse irritados contra él, por sus promesas vacías y su terquedad en “vendernos, mediáticamente, sus logros”? ¿Cómo no estar molestos con el gobierno encabezado por Peña Nieto, quien ha dejado crecer la violencia, cuyas víctimas ya superan en número al sexenio calderonista?

¿Cómo no estar enfadados con la administración Peñanietista, si ésta fue cómplice del caso más ominoso que haya habido en la historia de México (Caso Ayotzinapa), al encubrir la verdad y falsear las evidencias de esa injustificable matanza? ¿Cómo no sentirnos exasperados con él y sus compinches, quienes han mostrado insensibilidad ante los problemas sociales, han sido negligentes, ineficaces e ineficientes en los pocos problemas que han tratado de solucionar? ¿Cómo no enfurecerse contra un gobierno que pretende amordazar la libertad de expresión mediante la Ley de Seguridad Interior, haciendo oídos sordos a los argumentos en contra de esa ley, de juristas notables y organizaciones internacionales y nacionales?

¿Cómo no estar indignados con un gobierno que incrementó en 2.2 millones el número de pobres, y tuvo un crecimiento ínfimo en el índice de empleos y el salario mínimo? ¿Cómo no estar malhumorados con el gobierno que ha participado en matanzas (Tlataya y Apatzingan), tragedias como las de la Torre de Pemex II y Los Pajaritos; operaciones militares en las que se violan los derechos humanos y ha encubierto evidencias de militares coludidos con el crimen organizado? ¿Cómo no sentirnos avergonzados de tener un presidente que además de ignorante ha sido ícono de la corrupción y ha puesto en entredicho, internacionalmente, la dignidad de todos los mexicanos? ¡Y todavía, a Peña Nieto, le parece irracional el enojo social! ¡Vaya desfachatez!

Héctor García Pérez

Comarca Lagunera

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