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Nubarrones en el cielo de la esperanza

Si algunos mexicanos, en su inexplicable ingenuidad creyeron un aciago día, que AMLO sería su Mesías, porque vendría a iniciar y consumar la Cuarta Transformación de México, incluida en ésta como punto central, el combate a la corrupción, permítanme dudarlo.

En innumerables foros abarrotados por gente ávida de justicia, deseosa de un líder moral, honesto a carta cabal, AMLO dijo: “No voy a disminuir la corrupción. ¡Voy a acabar completamente con ella”. Lo dijo muchas veces, y tal vez lo logre. Un “tal vez” muy lejano, indeciso, balbuceante, casi ininteligible se percibe hoy, cuando ya la 64 legislatura ha logrado en 6 horas de discusión su primer triunfo legislativo, después de violar en su primera sesión ordinaria el artículo 125 Constitucional, en el caso del senador y gobernador de Chiapas, el Tucán Manuel Velasco Coello.

El presidente electo aún no toma posesión de su cargo, pero ya el poder legislativo con mayoría a su favor, ha iniciado, por ley, sus trabajos; y aunque empezó mal, logró ya su primer acuerdo por abrumadora mayoría en lo relativo a la austeridad republicana, considerada ésta como factor fundamental para cumplir las demandas de la sociedad agraviada por el gobierno saliente, que aunque todavía desde el ocaso puede causar daño, si aceptare los 20 mdd que le ofrece el presidente Trump a cambio de hacerle el trabajo sucio (limpiar este país de inmigrantes).

No es la primera vez que el gobierno mexicano cede a los caprichos del presidente estadounidense en turno a cambio de “una corta feria” que seguramente la mitad se destinará a la tarea encomendada y la otra a las cuentas bancarias de quienes se involucren en el cumplimiento de ese pedido especial.

Nuestra ingenuidad (hablo por mí y por muchos mexicanos) no tiene límites; nuestra credibilidad raya en lo infantil. ¿Por qué? No sé. Tal vez sea que no hemos madurado como sociedad, o quizás somos tan benevolentes; que todo lo perdonamos, y para no agobiarnos con la realidad preferimos olvidar; lo que hace que volvamos a tropezar más de una vez con la misma piedra. ¿Estaremos, quizás, todavía bajo el influjo inconsciente de los espejitos y vidrios de colores que los colonizadores no dieron a cambio del oro? ¿Por qué rendimos pleitesía al poderoso? ¿Por qué nos comportamos como perrillos, esperando las migajas que dejan los amos de México?

En la percepción de muchos turistas extranjeros, los mexicanos somos pobres porque somos tontos y medrosos, incapaces de exigir nuestros derechos. Solamente siendo mexicanos aceptamos pagar tenencia de vehículo durante muchos años, la que por “magnanimidad” del gobierno, se ha eliminado en algunos Estados. Sólo siendo mexicano aceptamos pagar el 16% (IVA) de todo lo que compramos, incluyendo algunos productos de la canasta básica, y pagamos lo que se les antoje cobrar en las casetas de nuestras carreteras. Se podrá argumentar que son privadas y que podemos usar las carreteras libres, que por obvias razones están abandonadas en mantenimiento.

La solución no es huir de los problemas, creo que lo que debemos hacer, es asumir una conciencia crítica y exigir nuestros derechos como ciudadanos; pero que no quede sólo en crítica negativa, sino que ésta sea propositiva.

Héctor García Pérez

Comarca Lagunera

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