"Soy seguidor de Jesús Cristo porque defendía a los pobres y estaba a favor de los oprimidos".
Andrés Manuel López Obrador
No sorprendió en el caso de Vicente Fox. El día de su inauguración, el 1ro de diciembre del 2000, acudió a la basílica de Guadalupe a rezar, mientras que el 30 de julio de 2002 besó públicamente el anillo del papa Juan Pablo II a su llegada a México. Ha asombrado mucho más Andrés Manuel López Obrador, un presidente que algunos consideran de izquierda, pero que parece encaminado a convertirse en el gobernante más religioso de México desde el triunfo de los liberales en el siglo XIX.
El 26 de octubre de este 2019 López Obrador declaró que el propósito de los programas sociales de su gobierno es "que tengan mejores condiciones de vida y de trabajo los más necesitados. Esto es humanismo, esto es justicia y cristianismo. Me van a criticar, pero lo voy a decir. Miren: ¿por qué sacrificaron a Jesús Cristo? ¿Por qué lo espiaban y lo seguían? Por defender a los humildes, por defender a los pobres, esa es la historia".
López Obrador ha reconocido desde hace años que es cristiano, sin aclarar nunca a qué iglesia pertenece. Muchos presidentes en el pasado han sido católicos, pero han mantenido una distancia ante la Iglesia. José López Portillo recibió al papa Juan Pablo II en el aeropuerto de la Ciudad de México, en su carácter de "visitante distinguido", pero lo dejó después de la recepción; le pidió, es cierto, oficiar una misa para su madre, en la residencia de Los Pinos, pero en privado. Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto recibieron también a distintos papas. Tengo entendido que Calderón acudía a misa, pero siempre respetó la separación de Iglesia y Estado.
El entusiasmo de López Obrador por la religión ha sido mayor. El presidente ha pedido a la Secretaría de Gobernación que analice la posibilidad de que las iglesias reciban concesiones de radio y televisión. La Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas y Evangélicas (Cofraternice), que encabeza Arturo Farela, muy cercano al presidente, ha reclutado a siete mil becarios del programa gubernamental Jóvenes Construyendo el Futuro, pero les hace tomar una hora diaria de instrucción religiosa. Cofraternice ha utilizado también a pastores para distribuir la Cartilla Moral del gobierno federal, para apoyar "con principios y valores que ayudan a renovar el alma". La senadora de Morena Soledad Luévano ha presentado una iniciativa que borraría el principio de separación de Iglesia y Estado. López Obrador no solo incluyó en su coalición electoral al Partido Encuentro Social, del evangélico Hugo Flores, sino que lo nombró superdelegado en Morelos.
Es tanta la admiración de López Obrador por Jesús que el primer nombre de su hijo menor es un homenaje a él; paradójicamente, el segundo, Ernesto, se lo dio por el Che Guevara, un líder político que no solo se enorgullecía de su ateísmo, sino que consideraba que "un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar".
Puedo coincidir con el presidente que es incongruente restringir, en aras de un liberalismo mal entendido, los derechos de quienes profesan alguna religión, prohibiéndoles, por ejemplo, operar medios de comunicación; pero es inaceptable que los programas gubernamentales se utilicen como instrumento de evangelización. El presidente tiene derecho a ser cristiano en lo personal, pero los recursos del Estado no deben usarse para promover una religión.
LEGIONARIOS
El reconocimiento de los Legionarios de Cristo sobre los abusos a 175 menores por 33 sacerdotes, principalmente Marcial Maciel, su fundador, es justo y necesario; pero es inaudito que durante tanto tiempo la congregación se haya negado a aceptar una historia que muchos en su interior conocían y que quisieron acallar en los medios.