Sobre el arteSobre el arte
El nacionalismo, producto de la revolución, había que llenarlo de su mitología, y para ello, José Vasconcelos promovió el muralismo mexicano, dotándolo de paredes donde Rivera, Tamayo y Siqueiros, pintaron su versión de lo que era el pueblo mexicano. Podemos estar de acuerdo o no con dichas versiones, lo que resulta indudable es que se convirtió en un hito en la República Mexicana y nos sentimos orgullosos de ese movimiento.
Lo mismo podemos decir del barroco, que en la época de la contra reforma sirvió para reforzar al catolicismo en contra del ascetismo de los reformistas protestantes que dejaron las paredes de sus iglesias vacías mientras que las católicas se poblaron de imágenes que llamaban a la sensibilidad del creyente. Eran un gran golpe emocional que invitaba a reforzar la fe.
Fuera del campo civil y del religioso que siempre han necesitado de sus mitologías y los íconos que son sus bases, hay autores que tienen sus propias interpretaciones del mundo y se imponen desde el primer momento que las ves. En los tiempos modernos, podemos mencionar a Botero o a Salvador Dalí como uno de los principales exponentes del surrealismo, o a Gaudí, su iglesia de la sagrada familia como versión moderna de un gótico muy sui géneris donde se juega con la luz, o a Rodín.
La visión del artista es una visión del mundo, se manejan los elementos cotidianos para representar lo que otros ojos no ven, o sólo se conforman con ver el mundo de las apariencias y no van más allá.
En el arte civil, fuera del muralismo, nos hemos conformado con reproducir la figura de los héroes. Hay muchos Juárez, pero sólo uno tan imponente como el de la Alameda Central en la Ciudad de México. El Cuauhtémoc que se nos repite, es el de la Reforma, que según tengo entendido, lo promovió Riva Palacio. La cabezota de nuestro Morelos anduvo rodando por la ciudad hasta que lo pusieron en el bosque.
Algunas veces, la escultura supera al modelo; eso pasó, por ejemplo, con el llamado "Caballito" que modeló Tolsá e intenta representar a Carlos IV, uno de los reyes más ineptos que tuvo España, padre de Fernando VII, quien resultó aún peor y le tocó perder la América.
Otras esculturas ecuestres se hacen famosas por la polémica de si las bridas se tomaban con la mano izquierda o derecha o de si la fotografía de donde se copió estaba al revés o al derecho, como es el caso de la de Raúl Madero.
¿A que vienen estos comentarios? A que el fin de semana pasado, dando una vuelta, me topé con una escultura en la gran plaza, que representaba al padre. A mí me dio mucho gusto descubrir una nueva escultura para la ciudad, después de todas las que hemos perdido y que no se han restituido, como las de la Alameda Zaragoza. Cuando se carece de imaginación, podemos conformarnos con los bustos.
La escultura es muy sencilla, es una mano. En el dedo meñique cuelga lo que parece ser la representación de un niño. No es muy grande, y como está muy orillada, apenas y se nota.
Frente a ella, me quedé pensando un momento: ¿dónde la he visto? No sé la causa por la que me sonrojé. Soy muy mal pensado o tengo la mala costumbre de criticar lo que se me aparece enfrente. Me dije: ¡Dedos!
El mundo icónico tiene irremediablemente sus referencias. La cruz significa a Cristo, el águila y la serpiente a la patria. No pueden significar otra cosa para los mexicanos. ¡Dedos! Para mi generación, es un personaje de televisión que se llamaba Los locos Adams. Era una mano que contestaba el teléfono o andaba de un lado para otro trotando sobre sus dedos, de la misma manera como aparece en la escultura, nada más sin la incrustación del dedo meñique.
Y yo no sigo que no se puede utilizar una mano para representar al padre. Son famosos los relojes aplanados de Dalí, pero esos relojes son únicos. El estilo del autor es lo que establece la diferencia. Hay muchas esculturas reproduciendo la figura humana, pero ninguna como las gordas y los gordos de Botero.
Lo malo es que en las escuelas ha perdido importancia las clases de estética y de arte. Estamos perdiendo la creatividad. Reproducir no es hacer arte; el estilo es parte de la interpretación única e insustituible del autor. Bueno, por lo menos, hay una escultura. A caballo dado, no se le mira el diente.