Aquella tarde lucía grisácea, pardusca, opaca; comenzaba a soplar un viento ligeramente frío, que invitaba a disfrutar de un aromático y estimulante café; los últimos rayos de sol se debilitaban lentamente, propiciando que hicieran su aparición en el firmamento, los tímidos luceros que anunciaban la llegada inminente de la noche.
Laura, maestra de canto y música en el Colegio de Niñas, exclusivo para hijas de industriales, comerciantes y agricultores prominentes, apresuraba el paso para llegar a casa, después de una jornada laboral agotadora y estresante. Estudiante de música en el centro cultural que funcionaba en la ciudad, alternaba esta actividad con la impartición de clases para poder pagar las colegiaturas y comprar el material didáctico que requería su preparación. Su padre podía pagarle los estudios, pero ella quería valerse por sí misma. Tocaba varios instrumentos: guitarra, piano y violín, pero su preferido era el saxofón. Estaba decidida a ser una excelente saxofonista y nadie, pensaba, la apartaría de este propósito.
Se inició a los 9 años en el estudio y conocimiento de la música. Alumna aventajada, tenía el aprecio y reconocimiento de sus maestros y compañeros. Aunque contaba con el apoyo de su padre, don Conrado, próspero comerciante en partes automotrices, éste le insistía sutilmente en que cursara otra cosa, una carrera más productiva como gestión de negocios, pues con el tiempo ella asumiría las obligaciones de la empresa paterna. Su madre, doña Florencia atendía una sala de belleza y no intervenía en los asuntos del marido, por eso nada opinó sobre el asunto que se comenta.
Laura ponía oídos sordos a la insistencia de su padre, y para ganar su comprensión, los fines de semana, le ayudaba en el negocio como cajera y llevando los libros de contabilidad.
Había tenido un mal momento con tres de las alumnas más conflictivas de uno de sus grupos, , que asistían a su clase sólo porque lo ordenaba el plan de estudio, pero definitivamente no estaban conformes en que se les obligara a asistir a la clase de Laura.
Además de no ser aficionadas al canto, pues su objetivo era ser empresarias como sus padres, les disgustaba el método empleado por la maestra, quien les pedía interpretaran algunos trozos de temas que según ellas eran canciones antiguas, y a las alumnas les atraía temas de actualidad. Laura era relativamente joven; 29 años tenía; y en el tiempo de esta historia, atendía tres grupos de quince muchachitas cada uno, entre los 10 y los 12 años de edad.
Sonia, Erika y Úrsula se habían propuesto fastidiar a la maestra de canto, haciéndole la vida imposible para que renunciara a su clase y abandonara el Colegio Pero no contaban con que Laura tenía una vocación innata, y nada le haría desistir de su propuesta musical y su proyecto docente. Estaba segura que lograría su propósito, y al final, esas tres jovencitas consentidas y “apapachadas”, seguramente por sus padres, aceptarían la metodología de Laura, inclusive terminarían siendo amigas.
De una cosa estaba segura la maestra de música: de su vocación. Desde pequeña sintió que el “espectáculo le atraía”. Se esforzó para poder ingresar en la escuela musical de su ciudad. Cursaba el quinto semestre de seis que contemplaba la carrera. El destino vino en su ayuda: el padre de Úrsula, la más difícil de las tres, por razón de sus negocios, mudó su residencia a otra ciudad, y al emigrar tuvo que llevarse a la familia completa.
Al ya no estar la amiga, las otras dos se afectaron por su ausencia, y el grupo conflictivo se desintegró; el problema de Laura quedó eliminado. Por su aprovechamiento, constancia y vocación, Laura fue sorprendida con la noticia de que el club de servicio social, “Expectativas Culturales” la propondría para que ingresara como becaria a una de las instituciones culturales más prestigiadas de Europa. Laura realizaría su sueño gracias a su vocación. Así fue.
Terminó sus estudios y partió a Europa, solicitando el Ingreso al Instituto de Altos Estudios de Milán, Italia, que tenía como requisito para aceptar al solicitante, que éste diera un concierto. Laura se preparó para satisfacer este requisito, siendo aceptada en el mes de abril del año 2019, dando un concierto de saxofón con el tema “De Torreón a Lerdo”, ante un público europeo que le aplaudió pletóricamente.
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