El niño perdió su rehilete de colores.
Se afligió, pues en esos días era su juguete favorito.
Lo buscó en su cuarto sin hallarlo.
Por toda la casa lo buscó y no dio con él.
Fue a buscarlo en el jardín. Su búsqueda fue inútil.
Lleno de lágrimas fue con su padre y le contó lo que le sucedía: no hallaba su rehilete.
El padre lo reprendió, severo. Le dijo:
-Debes llorar solamente por cosas importantes.
Avergonzado el pequeño se enjugó el llanto y continuó buscando.
Ese mismo día, en cierto remoto país, un rey perdió su trono.
Llorando se puso de rodillas y le pidió a Dios que le ayudara a recobrarlo.
Le dijo el Señor:
-Ahora no puedo. Tengo un asunto más importante que atender. Debo ayudar a un niño a encontrar su rehilete.
¡Hasta mañana!...