Esta casona antigua del Potrero guarda secretos misteriosos que sólo sus habitantes conocemos.
A nadie los decimos, pues pasaríamos por fantasiosos. Pero un secreto que se guarda es como un preso que quiere ver la luz. Daré hoy la libertad a uno de ellos.
Frente por frente, en paredes opuestas de la sala, estaban los retratos de Lucita Peña y de su esposo Godofredo Dávila. Tenían menos de un año de casados cuando los dos murieron en el mismo día. Iban al Saltillo; una súbita crecida del arroyo los arrastró y se ahogaron.
En sus retratos parecían estarse viendo el uno al otro. Mi señora comentaba: "Murieron hace un siglo y aún siguen mirándose". Yo le decía que eso era ilusión suya.
Ayer llevamos otros cuadros a la casa, y en el nuevo arreglo que se hizo los retratos de los esposos quedaron lado a lado. Ahora él tiene la vista hacia ella, y ella hacia él.
Y eso no es ilusión mía.
¡Hasta mañana!...