Ya hice mi propósito de Año Nuevo.
Ese propósito es no hacer ningún propósito.
Sucede que ninguno de los que hecho en los pasados años he cumplido.
Soy débil de voluntad, lo reconozco, y todas mis promesas han naufragado en el mar de las buenas intenciones.
En lo profundo de ese abismo se hallan dietas, ejercicios, promesas de cambio, juramentos firmísimos de enmienda.
Así pues este año no haré propósitos para todo el año.
Haré sólo propósitos para todo el día.
Las promesas de 365 días son demasiado largas para mí.
Haré entonces promesas de solamente un día. Con ellas sí creo poder.
Me diré: “Por sólo este día haré tal cosa”. “Por este solo día no haré tal otra”.
Espero cumplir esos propósitos. Pero que quede claro: empezaré a cumplirlos hasta el próximo año.
¡Hasta mañana!...