Nuevamente festejamos el nacimiento del Dios hecho hombre, de estudio a lo largo de la historia. El tema da para álgidos diálogos entre católicos y de iglesias separadas, además de seguidores del islam y judíos practicantes.
Los cristianos aceptamos a Jesús como Dios encarnado en María, por obra del Espíritu Santo; misterio incomprensible, aceptado únicamente con fe.
María, madre del redentor, es causa de diferencias entre las iglesias cristianas: unos la reconocen como Virgen y otros sólo aceptan su nubilidad hasta el nacimiento de Jesús.
Historiadores y arqueólogos bíblicos, describen las formas de convivencia entre nazarenos, pobres que utilizaban cuevas como "pie de casa", agregando cuartos construidos con argamasa y piedras, compartiendo un patio central que unía las moradas de otros familiares, que compartían la misma genética, cultura y carencias materiales.
Se consideraban parte de una gran familia de hermanos y hermanas; de ahí puede venir la confusión. Otros expertos combaten tal argumento, provocando discusiones estériles.
El islam reconoce a Jesús como un gran profeta, al mismo nivel que Abraham, padre de los Israelitas, otra diferencia que separan a los monoteístas, cada cual, defendiendo sus ideas, todos olvidando la enseñanza central de "ama a tu prójimo como a ti mismo". Somos curiosos… ¿verdad?
Ese Dios y profeta hacía prodigios inexplicables: curaba ciegos, sordos o inválidos; expulsaba demonios y resucitaba difuntos, provocando admiración y fe.
La Biblia contiene datos históricos sobre su vida; otros, llamados evangelios apócrifos, sirven como fuente de información, aunque ni en las fechas estén de acuerdo.
Contamos su nacimiento desde el I d.C., según cálculos del siglo VI, que pudieron estar errados por 4 años. Mateo y Lucas dicen que Jesús tenía 2 a 3 años, cuando murió Herodes el Grande -IV a.C.- y una conjunción de Júpiter y Saturno -posible estrella de Belén- se dio en el siglo VII.
Sobre su ministerio, Lucas señala que el bautista empezó a predicar en el 28 d.C. y posteriormente bautizó a Jesús, quien probablemente, al iniciar su prédica tenía alrededor de 30 años y 33 a 35 años al ser crucificado.
El Gobernador Publius Lentulus, antecesor de Poncio Pilatos, como gobernador de Judea, en una carta a Tiberius César, lo describe:
"Un hombre de majestuosa estatura y de rostro muy lindo, en quien hay tal poder que aquellos que lo miran se ven forzados a admirarlo".
"Su cabello es del color del vino nuevo hasta las orejas y de ahí hasta los hombros es del color de la tierra, pero con mucho más brillo. Él lo usa separado al medio como lo usan los nazarenos".
"No se encuentran defectos en la nariz ni en la boca. La barba es abundante como el cabello, no muy larga y dividida al medio".
"Hay una mirada de autoridad en sus ojos firmes".
"Los ojos parecen como los rayos del sol, e es imposible mirarlo firmemente debido al brillo de sus ojos".
"Cuando condena algo, da miedo su expresión; pero cuando habla de Dios él llora emocionado".
"Él se hace amar y es muy alegre a pesar de que dicen que nunca lo vieron reírse, pero que ya lo vieron llorar".
"Sus manos y brazos son muy lindos".
"Él es encantador cuando conversa con las personas, pero raramente Él para, para hablar con alguien y cuando lo hace Él, lo hace con humildad".
"En el presente, Él es el hombre más lindo que podría verse o imaginarse; al igual que su madre que es la joven más linda que alguna vez se vio por estos lados".
"La figura de este Jesús es objeto de alegría para toda la ciudad de Jerusalén. Él nunca estudió, pero mismo así conoce todas las ciencias".
"Él usa sandalias y anda con la cabeza descubierta. Muchos se ríen de Él, pero en su presencia y al hablar con Él, se asustan y tiemblan".
"Se dice que nunca se escuchó hablar de otro hombre como Él por estos lugares. En verdad, como me es contado por los hebreos, nunca habían escuchado tales consejos, tan sublime doctrina como la que este Cristo enseña y muchos de los judíos lo reconocen como Divino, y creen en Él, en cuanto que otros lo acusan delante mío como si no aceptasen su grandiosidad".
"Se reconoce que nunca le hizo mal a nadie, solamente el bien. Todos los que lo conocen y estuvieron con Él, cuentan que recibieron beneficios en la salud y en la vida".
Así, en Jesús Dios, los misterios quedan plasmados para nuestra admiración ya que nuestra ciencia no alcanza a descifrarlos o explicarlos; algunos prefieren rechazarlos.
En lo que estamos de acuerdo es que representa ejemplos de amor, bondad, misericordia, perdón, felicidad, esperanza y libertad; tanto así que, después de más de dos mil años, continuamos festejándolo.
Le deseo feliz Navidad.
ydarwich@ual.mx