La gran mayoría de los accidentes en menores de 10 años se pueden evitar, de acuerdo a las estadísticas de Salud.
Nueve de cada 10 accidentes en los menores de 10 años se deben a un error humano, es decir, el 90 por ciento se pudieron haber evitado. Y lo más grave es que, por cada 100 accidentes que ocurren en estos niños, se presenta una muerte, mientras que al menos cuatro terminarán con algún tipo de alteración permanente.
Esto de acuerdo a datos del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y la Secretaría de Salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define un accidente como un evento fortuito, generalmente dañino, independiente de la voluntad humana, provocado por una fuerza exterior que actúa rápidamente y que se manifiesta por la aparición de lesiones orgánicas.
Los accidentes en niños ocasionan lesiones, invalidez, hospitalizaciones, ausentismo escolar, así como gastos imprevistos en las familias. Su frecuencia ha aumentado en los últimos años, al grado de convertirlos en la primera causa de muerte infantil.
El área de Guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) señala que cada etapa de la infancia involucra diferentes factores de riesgo; en general, la curiosidad natural por explorar el ambiente, el deseo de desafiar nuevas reglas y la aprobación o aceptación por compañeros de grupo son factores que contribuyen al desarrollo de lesiones no intencionales en la infancia.
Los golpes, heridas y fracturas son las lesiones más frecuentemente causadas por caídas. Por otra parte, los accidentes también se pueden presentar en el hogar, tales como lesiones por el uso de objetos cortantes sin la supervisión de un adulto o por introducción de diversos objetos pequeños en ojos, oídos y nariz; quemaduras por contacto con líquidos calientes, fuego directo, ingestión de sosa o caústicos, por exposición a los rayos del sol o electrocuciones por mal estado o mal uso de las instalaciones eléctricas.
También suele ser común que un menor se intoxique al ingerir sustancias venenosas, medicamentos o alimentos en mal estado, por lo que hay que supervisarle siempre.