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OPERACIÓN RUBATO

LA IMPORTANCIA DE CORRER UN MARATÓN/ BERNARDO FIERROS

BERNARDO FIERROS

A finales del año 490 a. C. los ciudadanos de Atenas recibieron una noticia devastadora: la inmensa flota persa se encontraba desembarcando a un poco más de 40 kilómetros al norte en las planicies costeras de Maratón, era un asunto de vida o muerte para su joven democracia, ya que el rey Darío quería instaurar el antiguo trono del tirano Hipias, disolver las reformas Clístenes y con ello vender como esclavos a muchos de los ciudadanos. Darío quería además castigar a la ciudad que encabezó años antes la Liga de Delfos, alianza de ciudades griegas que apoyaron a sus hermanas de Asia menor en un levantamiento contra el imperio persa, estos acontecimientos sumieron a la población en un ambiente de desastre y fatalidad. Un mensajero había sido enviado a Esparta, pero debido a las festividades Lunares sagradas para todo espartano los refuerzos llegarían en un lapso de 5 a 7 días, los cuales podrían significar el asedio y sumisión total de Atenas.

El ejército ateniense contaba con alrededor de 10 mil infantes, con disciplina, entrenamiento y espíritu, sin embargo, derrotar a 87 mil persas era más que una proeza una fantasía. Milciades, quien era el soldado más experimentado, habiendo combatido a los persas en las batallas de Asia menor, propuso mover al ejercito ateniense de manera inmediata a un camino estrecho cerca de las costas de Maratón, cuando los infantes atenienses llegaron y contemplaron la inmensidad del ejército persa quedaron consternados al ver la fuerza numéricamente superior que estaban por combatir. Después de un par de días recibieron la noticia de que el grueso de la caballería e infantería persa había zarpado rumbo a la bahía de Falera buscando un ataque inminente a Atenas, dejando apenas a unos 16 mil persas cuidando la posición. Era la gran oportunidad que los griegos estaban esperando; Milciades con complicaciones logró convencer a los demás dirigentes de un ataque inmediato antes del amanecer a los persas asentados en Maratón, confiaba en que con ejércitos de cantidades similares y a sabiendas de que los atenienses eran muy superiores en la lucha cuerpo a cuerpo, podrían vencerlos; sin embargo, esta victoria debería ser rápida, puesto que la segunda parte del plan consistía en que tan pronto ganaran esa batalla el ejército debería correr de nuevo hacia Atenas para evitar el desembarco persa en la bahía, sabía que aún con excelente viento los barcos persas tardarían entre 10 a 12 horas para llegar.

Alrededor de las 6 de la mañana de ese día el ejército ateniense atacó con una fiereza tal que en pocas horas logró hacer retroceder al enemigo provocando que miles de persas se ahogaran en los pantanos de las llanuras; a las 9 de la mañana habían tomado los llanos de Maratón, lo lograron con bajas de menos de 200 hombres, sin embargo, no había tiempo de celebrar, tenían 7 horas para recorrer poco más de 40 kilómetros de regreso a Atenas y evitar el desembarco persa. Corrieron tan rápido como pudieron, pensando en el futuro de sus familias y su ciudad. Con una pesada armadura y la fatiga de una batalla librada, corrieron. Alrededor de las 4 de la tarde los más veloces habían llegado, seguidos del grueso de toda la infantería; minutos después de su llegada la flota persa comenzó a arribar a la bahía, donde para sorpresa de todos se toparon con una muralla de soldados recios y enrojecidos por la sangre de la batalla anterior, listos para librar una nueva por defender su ciudad.

Después de fondear durante algunas horas, la flota persa viró hacia el mar para regresar a casa evitando el desembarco, y con ello la salvación de Atenas.

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