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Orígenes del Partido Comunista Mexicano

HÉCTOR CÁRDENAS

Las noticias de la revolución bolchevique despertaron en México un interés toda vez que el derrocamiento del sistema autocrático en Rusia alentaba las aspiraciones sociales de un país en efervescencia, debido a la fragmentación política, la guerra civil y las dificultades con EUA. Sin embargo, el conocimiento que se tenía del movimiento bolchevique a través de los medios de comunicación y de la propaganda no reflejaba aún la realidad.

Cuando los EUA decidieron participar en la Primera Guerra Mundial, cientos de norteamericanos pacifistas, anarco-sindicalistas y socialistas de todas las tendencias, escaparon a México para evitar ser reclutados en el ejército; se les llamaba slackers. Algunos querían unirse a las fuerzas de Zapata o participar en el experimento comunista del general Salvador Alvarado en Yucatán, pero la mayoría de los radicales se congregaron en la Ciudad de México.

En 1917 llegó a México un indio nacionalista, Manabendra Nath Roy, huyendo de la policía norteamericana que lo acusaba de actividades subversivas. Roy no era socialista en aquel entonces y su involucramiento en el movimiento socialista mundial impulsado por el Comitern se inició en México.

A pesar de que Venustiano Carranza no abrigaba simpatías por el movimiento comunista, auspició la celebración de la Primera Conferencia del Partido Socialista, que tuvo lugar en diciembre de 1918, en violación de los principios constitucionales, ya que permitió que extranjeros intervinieran en asuntos de política interior. Es más, el secretario general del Partido Socialista (PS) escogido por el Congreso de "patriotas mexicanos de izquierda" con la bendición de Carranza, era el aventurero extranjero Roy, quien propiciaría, en septiembre de 1919, la creación del Partido Comunista Mexicano, con el apoyo del Comitern.

La misional confidencial de Borodin se mantuvo secreta por muchos años. Esta tenía tres objetivos: vender, entre sus contactos en la comunidad judía de los EUA, un cargamento de joyas de la corona zarista con el fin de financiar la representación comercial soviética en ese país; establecerse en México y penetrar en los círculos políticos y sociales con el fin de lograr el reconocimiento del gobierno soviético por parte de México y eventualmente establecer relaciones diplomáticas, lo que solo tendría lugar en 1924; propiciar la fundación del Partido Comunista Mexicano y anunciar la fundación de la Tercera Internacional Comunista, cuyo congreso inaugural se había celebrado en Moscú, en marzo de 1919, con la asistencia de representantes de partidos social-demócratas de izquierda.

Roy hizo notar que hasta mediados de 1919 no se había fundado ni un solo partido comunista fuera de Rusia y se preguntaba por qué México, con su tradición revolucionaria, no tomaba la iniciativa. La respuesta fue de un entusiasmo delirante. Según Roy, se acordó la celebración de una conferencia especial del PS y las organizaciones asociadas (anarquistas y sindicalistas simpatizantes de la revolución bolchevique) para fundar el primer partido comunista fuera de Rusia. Borodin logró entrevistarse con el presidente Carranza, quien aparentemente había expresado su interés en la posibilidad de establecer relaciones con la Rusia soviética.

Borodin anunció que el nuevo régimen de Rusia "simpatizaba con la lucha de los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo y que estaba dispuesto a ayudar". Añadió que debería establecerse en México una oficina del Comitern para América Latina, con el conocimiento del presidente de la República.

En cumplimiento de sus instrucciones, el enviado del Comitern logró establecer en México, particularmente con el secretario de Relaciones Exteriores, Cándido Aguilar, quien le facilitó las comunicaciones con Rusia.

Ambos agentes extranjeros lograron finalmente que Carranza aceptara la transformación propuesta y que el Partido Comunista se afiliara a la recién fundada Tercera Internacional.

Tanto Roy como Borodin fueron utilizados por Carranza para su estrategia política hacia los EUA. Esos acontecimientos pudieron haber tenido consecuencias muy graves para el futuro de México de no haber aparecido a tiempo el anticomunismo militante, pues el Partido Comunista de México era considerado por las grandes potencias.

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