Contento. Ya con el Premio Donostia en sus manos, Sutherland cierra su paso por el Zinemaldia, a donde llegó desde el lunes. (EFE)
Donald Sutherland ha hecho de todo como actor en su más de medio siglo de carrera. Por su extraordinario trabajo para el cine ayer recibió el Premio Donostia del Festival de San Sebastián, como "la leyenda que se ha atrevido con todos los géneros". Apoyado en su bastón, el intérprete canadiense salió al escenario del auditorio del Kursaal para recoger "encantado" el galardón de manos del director del certamen, José Luis Rebordinos.
Con un "buenas noches a todos, miles de gracias", pronunciado en euskera (la lengua local), el actor agradeció el premio y mostró su respeto a la gente que le ha recibido en el Festival, tras lo cual ha dado las gracias a "Euskal Herria" golpeándose con el puño el corazón. "Mila esker Euskal Herria", repitió con énfasis.
Un video proyectado en el auditorio del Kursaal ha recordado algunos de sus mejores papeles para la gran pantalla, aunque es imposible resumir en unos pocos minutos una trayectoria que suma casi 200 títulos y, por lo que dijo ayer en su encuentro con los medios de comunicación, piensa seguir añadiendo más. Donald McNichol Sutherland, nacido en Canadá hace 84 años, tras trabajar en el teatro y la televisión, debutó en el cine en 1964 con el filme de terror Il castello dei morti vivi, de Warren Kiefer.
El primer éxito le llegó tres años después con Doce del patíbulo, el clásico bélico de Robert Aldrich, y desde entonces no ha dejado de mostrar su versatilidad tanto como protagonista como actor de reparto.
Sus roles de libertino seductor en Casanova, de Fellini, y su personificación de la maldad como el fascista Attila de Novecento, de Bertolucci, son dos de las muchas grandes interpretaciones de este veterano actor, que sin embargo nunca ha sido nominado al Oscar, aunque le otorgaron uno honorífico.