Después de estudiar toda su vida John Dee supo que jamás hallaría la respuesta a las dos preguntas fundamentales de lo humano, una de la ciencia: de dónde venimos, y otra de la filosofía: a dónde vamos.
Vendió entonces todos sus libros, y con el producto de la venta se compró una pequeña granja alejada muchas leguas de la ciudad. Ahí se dedicó a criar gallinas.
Un día fue a la aldea a vender los huevos y ahí conoció a una campesina robusta y coloradota. En la taberna hizo discretas averiguaciones y se enteró de que la muchacha no se había casado. La cortejó, pues, y se casó con ella.
Tuvieron siete hijos que les dieron tantos nietos que el filósofo acabó por no saber cuántos eran.
En su casa encontró Dee la respuesta a sus preguntas.
Del amor venimos.
Vamos al amor.