EDITORIAL Columnas Editorial Caricatura editorial

Alta tensión entre Washington y Moscú

JORGE ALVAREZ FUENTES

El grave desencuentro entre el Secretario de Estado Blinken y el Canciller Lavrov, la semana pasada, no debiera sorprendernos. Más bien debiera suscitar fundados temores, tanto entre sus aliados y vecinos, como entre sus antagonistas. En medio de un clima de desconfianza mutua y tensiones, hubo gritos en una reunión concertada. Muy cerca estuvieron de las mentadas de madre, a pesar de las reconocidas capacidades y habilidades diplomáticas de ambos y sus equipos profesionales. Parecen haberse calmado los ánimos y generado las condiciones para celebrar la cumbre virtual Biden - Putin ayer, en medio de la andanada de amenazas mutuas. Van en aumento las preocupaciones, de continuar la pendiente de discrepancias, decisiones sin aviso previo, suspicacias, acciones o hechos que pudieran ser considerados por ambos como agresiones de facto o actos contrarios a sus intereses globales. Washington ha declarado, haciendo uso de un lenguaje particularmente asertivo y afirmaciones explícitamente duras e inquietantes, que Rusia continúa barajando la opción de atacar y ocupar partes de Ucrania. Arguye tener pruebas contundentes. Si bien Rusia continúa concentrando tropas con decenas de miles de efectivos en la frontera con Ucrania (algunos analistas señalan una fuerza de alrededor de 175 mil soldados), al igual que armamentos y equipos de transporte, sigue negado tener las intenciones que le atribuyen y afirma que son sólo medidas preventivas, en caso de que ocurra una crisis migratoria que desestabilice el conjunto de la región, acusando a Kiev y a sus patrocinadores de fabricar denuncias para encubrir sus propios planes belicistas.

La posibilidad de que ocurra una invasión terrestre, apoyada con ataques aéreos, navales y de artillería es bastante real y concreta. En 2014 Rusia llevó a cabo la anexión de Crimea y en 2008 realizó, con éxito, la ocupación de Osetia y Abjasia en Georgia, a pesar de objeciones, protestas y sanciones. La OTAN conoce demasiado bien el precio que debió pagar por la inacción; por eso lleva meses elevado el tono y alertando en contra del expansionismo ruso. Putin y Lavrov, por su parte, insisten en negociaciones sustanciales (incluso directas, aceptadas por Kiev), con el fin de obtener "garantías vinculantes" de que la OTAN no continuará con su ampliación hacia el este, luego de acusarla de haber incumplido sus promesas verbales y hacer exactamente lo contrario. Estados Unidos y la Unión Europea (sin Angela Merkel) están discutiendo la imposición de nuevas sanciones económicas a Moscú de producirse la invasión, la cual podría suceder pronto, quizás en enero. La administración estadounidense alista aceleradamente, junto con algunos de los 30 miembros de la alianza noratlántica (entre quienes hay notorias diferencias y dificultades, como es el caso de Francia y Reino Unido), un conjunto de iniciativas y medidas para disuadir e impedir que prosigan los planes rusos, haciéndolos en extremo difíciles y costosos.

Hoy no se vislumbra una salida al conflicto (el cual ha dejado 13 mil muertos y 1.5 millones de desplazados internos, con choques del ejército ucraniano con milicias separatistas prorrusas en las regiones de Donestk y Lugansk). Las estratagemas y las estrategias de desinformación están a la orden del día. Rusia bien podría estar forzando una negociación política pendiente, para responder a las aspiraciones de sus dirigentes empeñados en jugar todas las cartas a su alcance para ser considerada una gran potencia, sin dejar de manejarse como un "adalid del derecho internacional".

Además, una nueva y compleja crisis migratoria ha estallado entre Polonia y Bielorrusia y escalado con el paso de los días, por lo que los escenarios se han complicado más. Los suministros de gas natural ruso a Europa, a través de gasoductos ya tendidos, podrían estar en riesgo de clausurarse las fronteras en crisis. Cabe precisar que Ucrania, que aspira a integrarse a la OTAN, no está aún cubierta por el pacto de defensa colectivo, si bien ha estado recibiendo entrenamiento y equipos. Están en curso la entrega de misiles estadounidenses avanzados, helicópteros, un par de patrulleras y otras embarcaciones de alta velocidad y maniobrabilidad. Los países bálticos están particularmente nerviosos, puesto que no puede descartarse un "chispazo" accidental que haga estallar un enfrentamiento armado. Algunos observadores hacen referencia a que Rusia está haciendo un enorme cálculo de cómo obtener un posible corredor terrestre hacia Crimea, lo que le permitiría ampliar su territorio y zona de influencia más allá de las autodenominadas "republicas separatistas", asegurar el suministro del agua del rio Dnieper a Crimea y conseguir aislar a Ucrania, el país más pobre de Europa, del mar Negro. La alta tensión subyacente corre paralela, durante este invierno, a la crisis de precios de la energía en Europa en los últimos meses.

Las discrepancias entre Washington y Moscú involucran, asimismo, denuncias mutuas por incidentes en el espacio aéreo, en particular por situaciones de riesgo para aviones comerciales rusos ante la presencia agresiva o la interferencia peligrosa de aviones espía de la OTAN; y en el espacio exterior, por los escombros generados por una reciente prueba rusa de misiles antisatélite. Hay el temor de que se atente contra los acuerdos de estabilidad en el espacio y se exacerbe su militarización.

Como miembro electo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, confiemos en que el secretario Ebrard y las respectivas embajadas mexicanas traigan en su radar éste y otros escenarios geopolíticos candentes. No sólo que los tenga presentes el embajador De la Fuente y los funcionarios de la Misión de México en Nueva York.

@JAlvarezFuentes

Leer más de EDITORIAL

Escrito en: Editorial Jorge Álvarez Fuentes

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2037541

elsiglo.mx