En 1621, se publicó el primer libro del género literario conocido como "de apariciones"; trataba sobre la "Historia de la virgen de los remedios", escrito por el mercenario Fray Luis de Cisneros, fallecido años atrás, en 1619.
Remedios, es una virgen que fue traída de España por los iberos y que tiene una historia peculiar: fue ocultada tras la derrota y huida de los conquistadores de la Gran Tenochtitlán, evento que luego se recordará como "La noche triste" y que más tarde apareció bajo un maguey en el cerro de Totoltepec, descubierta por el indio otomí Juan Ce Cuauhtli.
Representa a la virgen María, cargando a un niño Jesús, venerada por los españoles a quien acudían fervorosos a pedir merced, particularmente ante las sequías y las epidemias que azotaron a la Nueva España durante el siglo XVIII.
Es interesante saber que en sus más antiguas representaciones se le mostraba cargando un niño Jesús, quien portaba una pequeña espada, reminiscencia de la belicosidad de la conquista y conquistadores, que era una verdadera contradicción del mensaje de Dios entregado al mundo por el cristianismo.
Sin embargo, fue la imagen de la virgen de Guadalupe, la que recibió la mayor atención a partir de 1640, y… empezó "la grilla''.
Los clérigos Luis Lasso de la Vega y Manuel Sánchez, con apoyo del arzobispo Juan de Mañozca, se dedicaron a propagar la devoción con el soporte del códice "Nican Mopohua", -existe un texto referente en la hemeroteca del Siglo de Torreón- que se traduce del náhuatl como "Aquí se relata", atribuido a la autoría del indio Antonio Valeriano, luego fue copiado por Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y el propio Lasso de la Vega.
Traducido en 1648 al castellano por Miguel Sánchez, tuvo un gran impacto entre los habitantes de la Nueva España, atribuyéndole a la virgen Guadalupe, el milagro de acabar con una epidemia en 1737, fortaleciendo la fe y el incremento de los devotos que, con los años, se incrementaron en toda América.
Resulta que la fe no queda exenta de controversia; así aparecieron detractores del fenómeno, llegando a asegurar que todo fue un cuento armado por Fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México, quien ordenó al indio Valeriano, escribiera la historia y a otro indígena llamado Marcos, que la pintara en un ayate para convencer a la indiada de sumarse al cristianismo y facilitar el proceso de evangelización.
El Jesuita Francisco de Florencia, se dedicó a recopilar material sobre la virgen adquiriendo gran conocimiento sobre el tema, lo que le permitió escribir el "Zodiaco Mariano", obra enciclopédica que reúne la información y datos sobre las apariciones de Guadalupe, dejándolo inconcluso al fallecer. Otro sacerdote, Juan Antonio de Oviedo, concluyó el trabajo, publicándolo en 1755.
Las preferencias en la devoción, -por una ú otra virgen- fueron marcadas y se llegó a los extremos de esperar que la de los Remedios, -de los devotos españoles- no respondiera a los llamados de petición de la lluvia implorada y que terminara así la sequía, para que los mexicanos pidieran a su vez a la Guadalupana, que actuara mostrando "eficiencia y eficacia" y su preferencia y especial cariño hacia indígenas y criollos.
Con el paso del tiempo la Virgen de Guadalupe, se ha transformado en un pilar religioso importante de la idiosincrasia de los mexicanos en particular y los latinos en general, incluidos españoles, italianos y otros europeos. Un dato interesante: existe una capilla en el mismísimo Vaticano, dedicada a ella.
Con el del paso tiempo han aparecido opositores y defensores del llamado "Milagro Guadalupano"; algunos, como el doctor Miguel León Portilla y el sacerdote Ángel María Garibay, historiadores, describen el manuscrito Nican Mopohua como "una muestra extraordinaria de la literatura Náhuatl", que fuera escrito hacia 1560.
Otros, como don Joaquín García de Icazbalceta, también historiador, insistieron en desprestigiar al códice, asegurando que era obra intelectual de aquel segundo arzobispo de México, quien urdió la historia y ordenó la pintura de la imagen que ahora veneramos.
Y a partir de ellos se suman otros, siendo gran mayoría los creyentes, quienes dejan testimonios que pudieran considerarse inverosímiles, caso del movimiento de retracción y dilatación de la pupila ocular ante los estímulos luminosos o el simple hecho de la persistencia en buenas condiciones del ayate, tilma de material vegetal que, en el mejor de los casos, se le asigna una vida útil de 30 años.
Esas y otras atribuciones han sido discutidas por expertos -de nuevo a favor y en contra- y han participado equipos multidisciplinarios de instituciones tan serias como la UNAM o la NASA.
Creer o no es su legítimo derecho, solamente limitado por el análisis responsable; yo declaro mi fe y devoción.
ydarwich@ual.mx
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