Un científico de gran prestigio decidió visitar una isla muy humilde. Le pidió a un balsero que lo llevara.
Cuando empezó a remar, una bandada de aves pasó por sobre sus cabezas.
-¿Conoce el nombre de estas aves?
-No, señor -repuso el barquero.
La corriente arrastraba unas plantas que flotaban en la superficie. El científico volvió a preguntar:
-¿En la escuela no le enseñaron Botánica?
-No, señor.
El barquero seguía remando pacientemente.
Súbitamente, la barca chocó contra una piedra, se partió el fondo como una cáscara seca y comenzó a hundirse. El barquero le preguntó al hombre casi en un solo grito:
-Señor, ¿sabe nadar?
-No - repuso el científico con gran pánico.
Luego de cruzar el río, con el científico a salvo en la orilla, el humilde balsero escuchó:
- Si usted no hubiera estado allí yo ahora estaría muerto.
Existe una exacerbación del conocimiento. Para muchos es una forma de configurar status frente a los otros.
Pero ¿tiene valor el mero hecho de su acumulación?
Algunas personas certifican el desconocimiento de quienes están a su lado y establecen en forma sutil su asimetría.
El conocimiento es como una valija, llena de equipaje, tiene una gran utilidad dependiendo de las circunstancias. En ocasiones es insuficiente, sobre todo si está unido a la arrogancia.
Te invitamos a inscribirte en nuestra página www.vibremospositivo.com para darte más información de nuestro movimiento y seguirnos en Facebook como Vibremospositivo, en Instagram como @jorge_lpz, @vibremos_positivo2020 y @claudiopenso, también todos los viernes estrenamos podcast por Spotify.