La máxima que sor Juana pone en boca de Hernando, quien dialoga con don Rodrigo en la comedia Los empeños de una
casa, puede parecer incompleta, pero la idea es sencilla: que los enamorados tienen miedo de no ser los agraciados a quienes corresponda la amada; no se pueden concebir como los dichosos beneficiados por la fortuna del amor materializada en la mujer a que aspiran.
El contexto para esa idea lo expresa Hernando, amigo de don Rodrigo, padre de doña Ana, con los siguientes versos: “Señor, como eran tantos los que amaban / a Leonor y su mano deseaban / y a ti te la han pedido / temería no ser el elegido/ que todo enamorado es temeroso / y nunca juzga que será el dichoso”.
En la comedia escrita por la Décima Musa, como muchas veces en los intercambios coloquiales de la realidad, se usan muchos términos absolutos, como en este caso el “todo enamorado”.
La exageración del todo absoluto es obvia. No sufre igual un enamorado tímido que uno arrojado; uno considerado que uno
dedicado a la seducción como a un juego; uno que ve en la amada a la mujer de toda su vida que un acosador pertinaz que busca satisfacer su capricho.
Así pues, la afirmación de Hernando no siempre se corresponderá con la verdad. No a todos los enamorados los hace inseguros el amor. Pero ha de tenerse en cuenta que es como muchos enunciados ligeros que se sueltan en los parlamentos de una obra de teatro, tantos como se dispensan en la realidad cotidiana.
Y muchas de las palabras de los coloquios de pronto se vuelven descripción de hechos. La magia de la palabra de La Fénix Americana reviste su idea con el tintinear de la verosimilitud. Y sor Juana dice: “todo enamorado es temeroso / y nunca juzga que será el dichoso”.