La palabra “nobleza” ha cambiado su significado desde su uso en el periodo esclavista y en el feudal.
En su paso por la transición del feudalismo al mundo burgués adquirió el sentido bifronte con que ahora se entiende: como aristocracia de la realeza y como gente de buenos sentimientos. El origen latino de noble y nobleza lleva a diversas formas hasta llegar a noscere, conocer; y en el siglo XII alcanzó en español el significado de esclarecido, magnánimo.
Los usufructuarios de la riqueza y del poder gubernamental (reyes, príncipes, etcétera) se arrogaron la palabra. Se erigieron en la nobleza. Como supuestos prototipos de la magnanimidad impusieron el segundo uso, el que registran los diccionarios, es decir, noble, igual a preclaro, ilustre, generoso.
Se le da a la palabra otros significados pero lo anotado antes es lo conveniente para este caso.
En la sentencia creada por Sor Juana y que aparece en la comedia Amor es más laberinto, la palabra nobleza alude con el doble
significado, ya que la usa la princesa Ariadna al referirse a la situación del príncipe Teseo, cuyo destino es ser devorado por el minotauro, monstruo de cuerpo de hombre y cabeza de toro.
En una acción “noble”, Ariadna tratará de salvarlo. Entre tanto, conmovida por el futuro de Teseo dice: “le falta la nobleza / a
quien la piedad le falta”.
Como ya se sugirió, ella, a más de princesa, es noble, porque se compadece del príncipe y magnánimamente tratará de salvarlo.
La historia creó el legado de las palabras noble y nobleza para quienes ejecutan buenas acciones, para quienes “tienen buen corazón”.
Por eso la sentencia de La Americana Fénix puede ser advertencia y reproche. Conviene recordar que Sor Juana dice: “le falta la nobleza / a quien la piedad le falta”.