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VIBREMOSPOSITIVO

CLAUDIO PENSO

El azúcar, cuando llegó a Europa traído desde América, como a todos los nuevos productos, se le atribuyó una serie de propiedades que poco o nada tenía que ver con las que realmente poseía.

A finales del siglo XVIII, además de su propiedad alimenticia, el médico inglés Frederic Slare, pretendió ver en el azúcar un buen dentífrico y así lo recetaba.

Todavía hoy, muchos ancianos que atravesaron las hambrunas de las guerras, guardan azúcar y fósforos como bienes preciados, a los que les atribuyen inmenso valor.

En general, al tomar contacto con algo nuevo, aumenta nuestro nivel de expectativas. Pasa conun producto, una idea y también con las personas.

En la fase de enamoramiento, los científicos han comprobado que se anula la glándula del juicio crítico, tiene vinculación con la necesidad de preservar la especie. Por lo tanto, los enamorados difícilmente pueden ver algo negativo en la persona que les gusta. Esto sucede sobre todo al comienzo.

Los productos innovadores suelen recibir interesantes comentarios, a veces son solo proyecciones de quienes los emiten.

Esta onda expansiva suele sobredimensionar las propiedades y efectos. Sobre todo al comienzo, el efecto parece el del pensamiento mágico.

En muchas empresas se contratan personas que solo reciben el estigma de la enorme expectativa que hay sobre ellos. Luego del efecto inicial y al comprobar que solo son seres normales con habilidades y defectos, sobreviene la frustración y el desencanto.

La dimensión de lo que esperamos será proporcional a cómo vamos a sentirnos con el resultado. Alguien dijo que la felicidad tiene más que ver con lo que percibimos como necesidad.

Una antigua historia relata que dos jóvenes monjes partieron del monasterio en dirección al pueblo. Llevaban unas pocas provisiones y algo de dinero. Antes que transcurriera el primer día, se les acercó un desconocido que les preguntó a dónde iban y qué llevaban. Como no tenían ninguna maldad mostraron todo abiertamente. El desconocido los robó.

Al regresar al monasterio, el sacerdote les preguntó qué habían aprendido de esa experiencia. Uno de los monjes dijo que le había servido para nunca más confiar en un hombre desconocido. El otro en cambio dijo: Aprendí a esperar lo inesperado.

De eso se trata lo nuevo, todo puede pasar. Quizá colme y satisfaga las expectativas o necesidades, tal vez no.

Es un ejercicio interesante, aprender a desactivar la expectativa propia, sobre todo cuando se enciende con la ansiedad de un resultado.

La mayoría de las veces podremos comprobar que el azúcar es solo eso, y que los fósforos pueden ser útiles e incluso entrar en desuso.

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