Hace un poco más de dos milenios el orden social empezó a revolucionar, pasando de la barbarie entre dominantes y dominados a un periodo de reflexión que, finalmente, desencadenaría el replanteamiento del ser y la razón de su existir.
Pasaron muchos siglos para que los humanos entendiéramos la responsabilidad que tenemos hacia el prójimo; nacía el humanismo cristiano, como nueva experiencia, comprensión y trato de vida social.
En el mundo occidental se expandió y fraccionó el cristianismo y sus administradores lograron monopolizar la orientación del pensamiento trascendente; tenían el mejor y contundente argumento: las enseñanzas del hombre/Dios, Jesús, quien rectificó muchas tradiciones judías, buscando orientar a ricos y pobres hacia una mejor relación. Y empezó el "teléfono descompuesto".
La Iglesia Cristiana se propagó llevando su mensaje a continentes lejanos, incluyendo América. Desafortunadamente, por deficiencias de humanos, inició una lenta retracción y pérdida de seguidores en la parte occidental del mundo, debido al manejo inadecuado del poder eclesial y la aparición de un humanismo materialista que buscaba respuestas en algo más que el sacrificio y el sufrimiento del ser como medio de salvación.
Ese desarrollo humano profundizó con la reflexión filosófica y la revolución de la ciencia, que generó la tecnología para el mejor vivir -desafortunadamente también para destruir- y abrió la oportunidad al fortalecimiento de la soberbia humana, al grado de exclamar "Dios ha muerto" -Hegel-
El razonamiento científico/tecnológico dio explicaciones a muchas de las inquietudes del humano; la naturaleza empezaba a ser comprendida como un proceso lógico, contraviniendo a las ideas mágicas que anteriormente explicaran el origen del universo.
Y NOS ENSOBERBECIMOS AÚN MÁS.
Desafortunadamente vivimos la desproporción entre el acelerado desarrollo científico/tecnológico, -cambios vertiginosos- en tanto, la filosofía y el humanismo van con pasos lentos y cortos.
La Iglesia Cristiana, es aún más lenta y en el camino continúa sufriendo estragos por sus "pecados" humanos.
En la actualidad, vivimos otra revolución del pensamiento y aquello que la propia ciencia enunciara enfáticamente empieza dudarse, repensando lo aceptado como verdad; la vanagloria del humano está siendo sacudida por los nuevos descubrimientos y, curiosamente, cada vez más pensadores e investigadores científicos aceptan la existencia de un orden universal conferido por un principio intencionado, dejando atrás aquella "Teoría del Caos". ¿Será Dios?
Einstein dijo "cada día sabemos más y entendemos menos" y tenía razón; revisemos ejemplos:
¿Alguna vez has pensado en lo que es verdaderamente real?; bueno, los últimos descubrimientos en física cuántica muestran que nada es lo que parece. De hecho, se ha demostrado que todo lo que nos rodea, incluidos nosotros, está hecho de energía pura.
Los físicos han tratado de entender cómo estos "bloques constructivos" crean el mundo físico en el que vivimos.
Lo que es marcadamente fascinante: los científicos han encontrado que ¡los electrones funcionan como ondas y partículas al mismo tiempo!, dependiendo de las circunstancias se comportan de forma distinta. Golpe a la física tradicional.
Aún más: se demostró que la interacción y la observación afectaban el comportamiento de los electrones; cuando la observación consciente estaba presente, las partículas -que cuando no son supervisadas actúan como ondas- se comportan como unidades físicas. Desconcierto de los científicos.
En otras palabras: tal vez el mundo que nos rodea existe simplemente porque una especie de conciencia lo mantiene unido ordenadamente. A esta conciencia se le ha llamado "conciencia colectiva", "Dios", "logos".
Otras reflexiones científicas plantean la teoría de que "toda existencia está en ella debido a algún tipo de conciencia que la mantiene unida".
Pregunta: ¿qué crea la realidad mutua que percibimos todos los humanos?
Los descubrimientos científicos han demostrado que todo en el universo está extrañamente conectado en algún nivel, en lo que se llama un "enredo cuántico", algo que ya había reflexionado y concluido el filósofo Leibniz, en su Teoría de las Mónadas: "Cada pedazo de materia no es sólo divisible infinitamente, sino que está dividido sin fin en más partes, cada una de las cuales posee un movimiento propio".
Sabiendo que todos formamos parte de la esencia compuesta por los mismos elementos que estuvieron presentes durante el Big Bang, pareciera que el universo y lo que nos rodea, el mundo con el que nos relacionamos -incluyéndonos nosotros- está interconectado.
Así que en pleno siglo XXI, los mundanos buscamos respondernos las preguntas de siempre: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y ¿a dónde vamos?; ante todo: ¿quién, qué y/o cómo nos creó?
Buen tema para reflexionar en estos días de fiestas navideñas, aprovechándolas para invitar a nuestros queridos y cercanos a la reflexión sobre los porqués estamos aquí y cuál es el fin último de nuestras existencias.
Yo me quedé con mis convicciones, ahora apoyadas en la astrofísica; en algo que parecía imposible: reunir ciencia y fe. Feliz navidad.
ydarwich@ual.mx
Para revisar: “Biocentrismo”.
Robert Lanza y “La biología de la creencia”. Lipton