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IBERO TRANSFORMA

LOS VIEJOS NUEVOS PATRONES DE CONSUMO

FLOR A. VARGAS CORTÉS

En la adaptación a la nueva normalidad, que poco a poco se va instaurando, es necesario que los negocios consideren los ajustes pertinentes para los mercados, actuales o potenciales, pues algunas cosas cambiaron de tal forma que inevitablemente no se les puede dar el mismo tratamiento que antes.

Una primera observación es trabajar la segmentación más precisa, no sólo en la descripción sino en la ejecución y para ello, la investigación de las modificaciones en los patrones de consumo traerá posibles precisiones.

En antaño las estrategias estaban más centradas en el producto para orientarse más en el cliente. Sin embargo, a pesar de que esto no han perdido vigencia; lo que se modificó es que los clientes se ven influenciados por múltiples estímulos de nuestra marca y de la competencia, incluso de otros que, aparentemente, no son competencia, pero distraen la atención del cliente.

Así pues, cobra especial relevancia estar atento al comportamiento del consumidor y no asumir que "así siempre se ha hecho", porque desde el 2020 la palabra siempre aplica en una connotación de menor plazo. Quien lo interprete de manera literal correrá el riesgo de quedar, más pronto que tarde, fuera de competencia.

Y es que existen muchas tendencias que, en la práctica, no se aplican fielmente. Así, ahora estamos más preocupados por el medio ambiente, pero el comportamiento de consumo no se modifica con esa misma urgencia, por citar un ejemplo. Algo relevante falta, o tal vez alguien, que ponga la muestra.

Desde hace décadas sabemos la importancia de una buena dieta y el ejercicio, en teoría. Pero bastó con que Cristiano Ronaldo retirara de la mesa un refresco y la sustituyera por agua para que millones de personas en el mundo hicieran lo mismo.

¿Cómo saber que las tendencias no son sólo teóricas? Como mercadólogos hay que estar muy atentos para apreciar lo que realmente provoca cambios reales y no sólo en la teoría.

Existe un movimiento que busca disminuir la moda desechable, por las implicaciones económicas y ecológicas. Los más enterados de eso son los jóvenes, pero también son los que más compran ropa de corta vida.

Lo que ahora está bien visto y aceptado es lo que nuestros abuelos, incluso nuestros padres, practicaron por muchos años: usar bolsa reusable para el mandado, comprar en tiendas locales y cercanas, tener pocas prendas de ropa y zapatos, reutilizar envases, comprar a granel, incluso cuidar el agua. Ellos estuvieron a la vanguardia no por moda, sino por conciencia auténtica y porque la escasez era reconocida.

Observemos claramente lo que es mera tendencia de moda, principalmente para cobrar relevancia social y lo que es una convicción real en el consumo para trazar estrategias adecuadas.

Lo que realmente ha cambiado es que después de periodos de derroche de recursos, la vida nos trajo al punto de partida, pero en la era digital.

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Escrito en: Ibero transforma

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