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IBERO TRANSFORMA

PARADIPLOMACIA UNIVERSITARIA

ZAIDE P. SEÁÑEZ MTZ.

La globalización ha traído cambios sustanciales en las formas de vivir, producir o comunicarse. Nuevos vocablos han surgido para denotar procesos y relaciones como resultado de la interculturalidad. No sólo hay anglicismos adaptados a nuestro idioma; también se han adoptado palabras de lenguas orientales, como taichí, kung fu, sushi. El español, como otros idiomas, es un organismo vivo. Se agregan palabras por el intercambio social, económico, tecnológico o político. Tal es el caso de la palabra paradiplomacia, definida por el Diccionario panhispánico del español jurídico como la "acción exterior desarrollada tanto por entes públicos subestatales como por particulares, sean personas físicas o jurídicas".

El ambiente competitivo no es exclusivo de las organizaciones comerciales, pues las universidades también se encuentran inmersas en él. Si ya son muchos los retos y desafíos de las instituciones de educación superior para responder a las demandas locales, regionales o nacionales, se complejiza su actuar cuando se reconocen dentro de una dinámica internacional que exige adaptaciones diversas, ya sea en sus modelos educativos, prácticas administrativas, niveles de calidad o grados y efectividad de su vinculación nacional e internacional, por mencionar solo algunos. En los últimos años se empieza a examinar la paradiplomacia como concepto aplicado a la estrategia de respuesta de las instituciones de educación superior a los retos que presenta el entorno internacional. Pero hay quienes objetan esto, pues opinan que es exclusiva de los Estados. Quienes afirman que puede ser un concepto que se adapte al quehacer universitario identifican varias formas para llevarla a cabo, entre ellas, los intercambios internacionales de estudiantes y docentes, los procesos de acreditación o certificación por organismos internacionales o los convenios con otras instituciones para ofrecer doble titulación a su alumnado o investigaciones interinstitucionales. Ahora, en tiempos de pandemia, se ha incrementado la competencia por atraer estudiantes extranjeros, gracias a las ventajas que ofrecen la educación a distancia y las tecnologías de información.

No es propósito de este texto defender la validez de la aplicación de la paradiplomacia en el ámbito universitario, sino resaltar que, gracias a las prácticas de internacionalización de las universidades, los beneficios son múltiples y variados para docentes, alumnado, investigadores y gestores de lo académico-administrativo. La eficacia de esta práctica radicará en buena medida en la capacidad institucional de comunicar e involucrar a su comunidad educativa en los esfuerzos para lograr una excelente proyección internacional. Implica cambios radicales en los paradigmas y modelos de gestión institucionales. De acuerdo o no, debemos asumir el reto de optimizar las ventajas que la globalización trajo a la escuela en general, y educar para contrarrestar los efectos negativos.

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Escrito en: Ibero transforma

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