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IBERO TRANSFORMA

LA FERIA DE 1925

CLAUDIA GUERRERO S.

En 1925, siendo presidente el general Plutarco Elías Calles, se organizó en México la Feria Internacional de la Ciudad de México con motivo de la conmemoración del sexto centenario de la fundación de Tenochtitlán, fechada por los historiadores en 1325, cuando los sacerdotes de Huitzilopochtli, Cuahtlequézqui, Axolóhua, Tlamacázqui y Aococalzin determinaron el lugar -descrito como una isleta en el que había nacido del corazón de Cópil, el tenochtli o nopal en el que se posaría una hermosa águila real con sus alas abiertas y su cabeza vuelta al sol- en donde se asentarían los mexicas.

El evento lo organizaron personalidades de la vida nacional que constituyeron una sociedad anónima en la que participaron como presidente del consejo de administración el ingeniero León Salinas, que era Senador y presidente de Ferrocarriles Nacionales, y como vicepresidente el Secretario de Relaciones Exteriores, licenciado y general Aarón Saénz; la idea que tuvieron era la de promocionar lugares y productos que ayudaran a resolver la crítica situación económica que prevalecía en el país, y para el caso instalarían la feria en los cien mil metros cuadrados de la Alameda Central en 300 pabellones para participantes nacionales y extranjeros.

Lanzaron un concurso de carteles en los que resultó ganador Ernesto García Cabral con la obra titulada Cincelé el escudo de mi raza que representó la figura de un indio en actitud de labrar el águila sobre una piedra. Distribuyeron panfletos para promocionarla que incluyeron imágenes, para la sección de México Precortesiano, de la pirámide del Sol y de la Luna en Teotihuacán, la piedra votiva del Rey Tizoc; para el México Colonial, de la Iglesia de Tepotzotlán, el Convento de la Merced y la Fuente del Salto del Agua, y para la del México Moderno, la entrada al Paseo de la Reforma, el Ángel de la Independencia y el Instituto Geológico.

Entre las actividades agrícolas promocionaron el zacatón de los climas fríos, la vainilla, el café, el tabaco, y el cacao de los climas cálidos, el finísimo algodón de La Laguna, el famoso henequén de Yucatán, los ricos plátanos de Tabasco, los cocoteros de Tehuantepec; del sur la riqueza de las preciosas maderas y la abundancia de perlas, esponja y guano de las costas, y entre las mineras la plata, el petróleo y otros minerales como oro, cobre, zinc, cobalto, hierro, plomo y carbón, e incluyeron fotografías del Mineral de El Rosario en Pachuca y del de "La Ojuela" en Durango.

La feria sería inaugurada el 30 de octubre de 1925 y clausurada el 30 de noviembre, pero de acuerdo a una nota publicada en El Siglo de Torreón se aplazó por las recomendaciones que les hicieron las misiones diplomáticas para presentar convenientemente los contingentes extranjeros que participarían en la exhibición, y finalmente nunca se realizó.

México cumplió setecientos años según las celebraciones realizadas en la Ciudad de México o los cumplirá de acuerdo a las fuentes históricas de la conmemoración de 1925; las realidades que entonces se exhibían nos revelan el contraste con lo que ahora somos y aportamos al mundo globalizado.

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Escrito en: Ibero transforma

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