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IBERO TRANSFORMA

ENTRE LA BURLA Y EL CLASISMO

CLAUDIA RIVERA MARÍN

"Nuevas generaciones crecerán con el veneno que los adultos no tienen el valor de eliminar". Esta frase de la abogada y activista estadounidense Marian W. Edelman refleja la enorme responsabilidad que tenemos los habitantes de este planeta de erradicar las distintas formas de discriminación, racismo y condena a una o más personas con base en alguna de sus características. Quizás podemos identificar que la discriminación más común se relaciona con el color de tez, pero en realidad lo hacemos por diversas razones: sexo, edad, estado civil, salud y otras tantas más. México es -aunque muchas veces no se quiera reconocer- un país en el que se discrimina diariamente.

En el portal del INEGI podemos encontrar los resultados de la encuesta nacional sobre discriminación 2017, en la que se muestra que un 20% de la población mayor de 18 años se ha sentido segregada y los principales motivos fueron la vestimenta, el peso, la estatura, la edad y las creencias religiosas. Esto nos demuestra el amplio espectro de los prejuicios del ser humano, que al paso del tiempo se han incrementado en lugar de disminuir. Por otro lado, el racismo nos lleva a comportarnos de forma agresiva con otras personas que a nuestro juicio no son iguales a nosotros, y somos capaces de ser violentos en distintas formas, ya sea verbal o físicamente, en persona o a través de redes sociales, de forma directa o escondidos en el anonimato.

Uno de los motes despectivos con tintes racistas recientemente agregados a la larga lista que ya existe (aunque ya se puede encontrar bastante información sobre el concepto) es el denominado whitexican, expresión que une las palabras en inglés white (blanco) y mexican para referirse no sólo a personas de "tez blanca", sino a las que tienen características socioeconómicas y educativas que las colocan como una minoría privilegiada, en otras palabras, un subgrupo de la clase alta de este país. Este término empezó a ser popular en 2018 a partir de la cuenta en twitter del mismo nombre, en la que se leen distintas publicaciones que describen dichos, situaciones u opiniones sobre los whitexicans, cargadas de sarcasmo y humor negro. Como otras palabrejas que surgen del ingenio de alguna persona que empieza a difundir su uso, whitexicans ha ido cobrando mayor énfasis en las redes sociales a pesar de que no hay propiamente una definición que aclare a qué se refiere y cada persona le ha dado su propia interpretación.

La humanidad sigue cimbrándose ante las diferentes manifestaciones, en todos los grados de violencia, del racismo en el mundo. Pero quizás pocas personas se preguntan ¿que estoy haciendo para erradicar estas conductas? ¿Cuáles son mis propios prejuicios y de qué manera me dejo llevar por ellos? Seguramente esta reflexión nos ayudaría a concluir que, de alguna manera, todos somos parte del problema; la cuestión es reconocerlo y no dejarnos llevar por excusas que generalizan o normalizan esta conducta. Es parte de nuestra historia, de nuestra ideología, de nuestra cultura y también de nuestra política; hemos permitido que el odio y la discriminación se filtre en nuestro diario vivir. Las expresiones de aversión por distintos sectores de la población se escuchan en todos los idiomas y en todas las clases sociales. En resumen: dejemos de denostar y segregar a los de aquí y los de allá; la única raza que existe es la humana.

Esta frase de la abogada y activista estadounidense Edelman refleja la enorme responsabilidad que tenemos todos y cada uno de los habitantes de este planeta, de erradicar las distintas formas de discriminación, racismo y condena a una o más personas con base en alguna de sus características. Quizás podemos identificar que la discriminación más común se relaciona con el color de tez, pero en realidad lo hacemos por diversas razones: sexo, edad, estado civil, salud y otras tantas más. México es -aunque muchas veces no se quiera reconocer-, un país en el que se discrimina diariamente.

En el portal del INEGI podemos encontrar los resultados de la encuesta nacional sobre discriminación 2017, en la que se muestra que un 20% de la población mayor de 18 años se ha sentido segregada y los principales motivos fueron la vestimenta, el peso o estatura, la edad y las creencias religiosas. Esto nos demuestra el amplio espectro de los prejuicios del ser humano, que al paso del tiempo han ido incrementándose en lugar de disminuir. Por otro lado, el racismo nos lleva a comportarnos de forma agresiva con otras personas que a nuestro juicio no son iguales a nosotros, y somos capaces de ser violentos en distintas formas, ya sea verbal o física, en persona o a través de redes sociales, de forma directa o escondido en el anonimato.

Uno de los motes con tintes racistas recientemente agregados a la larga lista que ya existe (aunque ya se puede encontrar bastante información sobre el concepto) es el denominado whitexican, expresión que une las palabras en inglés white (blanco) y mexican para referirse no sólo a personas de "tez blanca" sino a las que poseen características socioeconómicas y educativas que las colocan como una minoría privilegiada, en otras palabras, un subgrupo de la clase alta de este país. Este término empezó a ser popular en 2018 a partir de la cuenta en twitter del mismo nombre, en la que se puede leer distintas publicaciones que describen dichos, situaciones u opiniones sobre los whitexican, cargadas de sarcasmo y humor negro. Como otras palabrejas que surgen del ingenio de alguna persona que empieza a difundir su uso, whitexicans ha ido cobrando mayor énfasis en las redes sociales a pesar de que no hay propiamente una definición que aclare a qué se refiere y cada persona le ha ido poniendo de su cosecha.

La humanidad se sigue cimbrando ante las diferentes manifestaciones, en todos grados de violencia, del racismo en el mundo. Pero quizás pocas personas se preguntan ¿que estoy haciendo para erradicar estas conductas? ¿Cuáles son mis propios prejuicios y de qué manera me dejo llevar por ellos? Seguramente esta reflexión nos ayudaría a concluir que, de alguna manera, todos somos parte del problema; la cuestión es poderlo reconocer y no dejarnos llevar por excusas que generalizan o normalizan esta conducta. Es parte de nuestra historia, de nuestra ideología, de nuestra cultura y también de nuestra política; hemos permitido que el odio y la discriminación se filtre en nuestro diario vivir. Las expresiones de aversión por distintos sectores de la población se escuchan en todos los idiomas y en todas las clases sociales. En resumen: dejemos de denostar y segregar a los de aquí y los de allá; la única raza que existe es la humana.

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