Si hay alguien que conocer la vocación son los paramédicos, quienes sin importar de quien o quienes son, ellos acuden a auxiliar ya sea a una simple accidente casero o incluso a una guerra, porque la sed ayudar acaba con todo, incluso con el miedo de perder la vida al acudir a un servicio. (ISABEL AMPUDIA)
Si hay alguien que conocer la vocación son los paramédicos, quienes sin importar de quien o quienes son, ellos acuden a auxiliar ya sea a una simple accidente casero o incluso a una guerra, porque la sed ayudar acaba con todo, incluso con el miedo de perder la vida al acudir a un servicio.
Y si hay alguien que conoce la vocación, es José Alfredo Ibarra Saucedo, quien desde hace 26 años labora como paramédico en Cruz Roja Delegación Saltillo, y desde el primer que se enteró de la convocatoria, no dudo ni un segundo en acudir, pues el salvar vidas y ayudar al prójimo, siempre será su mejor recompensa.
Su inicio.
Las casualidades no existen, pues desde muy joven la “espinita” por ayudar a los demás era latente, y desde la primera vez que escuchó sobre la formación de paramédicos en la humanitaria institución, jamás dudo en formar parte de esta.
Todo empezó hace 26 años, mientras laboraba en una empresa donde manejaban cursos de primeros auxilios y brigadas, cuando junto con el grupo de amigos con los que formaba parte de la brigada, escucharon la invitación de Cruz Roja para formar parte del grupo de socorristas.
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