Finalmente, la presidente municipal de Gómez Palacio, la alcaldesa Marina Vitela, solicitó ayer ante el cabildo que preside licencia para separarse del cargo en pos de buscar la candidatura a la gubernatura de Durango, que habrá de renovarse el próximo mes de septiembre.
Extraordinarias condiciones rodean la pretensión de la hoy presidente con licencia de Gómez Palacio en su aspiración de ocupar la máxima magistratura de la tierra del primer presidente de México, Guadalupe Victoria, y del caudillo Pancho Villa, por mencionar solo algunos.
Lo primero de su particular precandidatura es su condición de mujer y de lagunera. Hace muchos lustros que nadie oriundo de la Comarca Lagunera de Durango tiene posibilidades reales de ocupar el Palacio de Zambrano (antigua sede del poder ejecutivo estatal y hoy convertido precisamente en museo en honor a Doroteo Arango, oriundo de la comunidad de La Coyotada, mejor conocido como el mismísimo general Francisco Villa).
Lo secundario es que la trayectoria de Vitela está ligada al PRI, y también al herrerismo gomezpalatino, particularmente al de la exalcaldesa (dos veces) Juana Leticia Herrera Ale. Luego, cuando las condiciones se lo permitieron, abandonó el cobijo que había encontrado cuando el destino le otorgó otro apoyo generoso.
Marina Vitela ha tenido la astucia de saber transitar de un segundo plano, al que siempre la destinó la causa de la propia doña Leticia, a dar el salto preciso al Movimiento de Regeneración Nacional -Morena, pues-, partido político creado por el hoy presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en sus afanes para convertirse en el primer mandatario de la nación, y que hoy goza de inmensa aceptación entre las masas motivada por la popularidad del actual presidente de México.
Podría, pues, de alguna manera celebrarse que Marina tiene probabilidades. Por la sencilla equidad territorial es hora de que Durango lo gobierne por simple participación poblacional alguna persona oriunda de los municipios vecinos a la rivera final del Nazas duranguense. A la buena o a la mala, esta oportunidad se la negaron a don Carlos Herrera Araluce (q.e.p.d), a Ricardo Rebollo y a la propia Leticia Herrera. Los tres tuvieron el impedimento, entre otras cosas, de haber cometido simplemente el pecado de nacer o vivir precisamente en Gómez Palacio, el municipio de mayor calado tanto en lo población como en lo económico de la región duranguense a la que pertenece.
Maximiliano Silerio Esparza, originario de Santa María del Oro, pero con vida en la ciudad de Durango, fue el último gobernador de origen no capitalino. A este lo sucedió don Ángel Sergio Guerrero Mier (q.e.p.d), quien junto a Ismael Hernández Deras, Jorge Herrera Caldera y el actual José Rosas Aispuro Torres (los tres últimos recientes exalcaldes de la propia Perla del Guadiana).
Hoy está la posibilidad clara de que sea alguien de La Laguna, en este caso Marina Vitela, que, en caso de darse, presentará su candidatura por una institución política ajena al rancio régimen político del Estado. Para ello, tendrá que contender con el senador y exalcalde de Durango, el doctor José Ramón Enríquez Herrera, y hasta con el propio Gonzalo Yáñez, un viejo político que ha fraguado su vida pública en el Partido del Trabajo, ente satélite hoy de Morena, pero que tuvo sus orígenes en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari -se dice que la creación de ese partido tuvo el auspicio del tenebroso Raúl Salinas de Gortari, y que en ese tiempo encontró tierra fértil precisamente en Durango capital, donde el hoy senador Yáñez aspira a gobernar su entidad federativa-.
Por un lado debe celebrarse que cabe la posibilidad de que un(a) lagunero(a) llegue a la titularidad del Gobierno del Estado de Durango; en verdad que ya toca. Es claro que la Comarca Lagunera de Durango ha recibido poco menos que migajas de su Gobierno local. Lo penoso es que no es claro que la presidente Vitela tenga las capacidades para gobernar al estado norteño más atrasado. Urge una renovación y una persona política con capacidad que le ayude al bellísimo Durango a dar el salto cuantitativo por el que tanto tiempo ha aguardado, aunque en eso tuviese que ir esperar más que la silla que hoy ocupa el gobernador Aispuro.